Sesión a cargo de Raimon Arola. Jorge R. Ariza, ha transcrito la tercera conferencia del ciclo “El Mensaje Reencontrado y las fuentes tradicionales” realizada en la Biblioteca Pública Arús. Al final de la transcripción está la información del ciclo.

El Mensaje Reencontrado es un libro único y de difícil clasificación. En esta conferencia, el Dr. Raimon Arola ha expuesto las razones por las cuales el término “hermetismo” se ajusta bien al fondo de esta obra. De hecho, el mismo Cattiaux y los hermanos d’Hooghvorst aceptaron el término “hermetismo” como el que mejor define El Mensaje Reencontrado. Sin embargo, hoy día este término resulta ambiguo, como la propia alquimia. Es por ello que los contenidos de esta conferencia son verdaderamente nucleares, como también las preguntas que surgen de la reflexión de los mismos y que nos ayudan a un acercamiento más íntimo al Mensaje Reencontrado.

Es importante situar la escritura de El Mensaje Reencontrado en su contexto, que es el París de los años cuarenta y cincuenta, época en la que se da un auge de la literatura alquímica y donde nombres como Fulcanelli resultan muy familiares. Es cierto que Cattiaux no cita textos alquímicos en El Mensaje Reencontrado, sabemos sin embargo que dedicó muchas horas a transcribir fragmentos de los libros alquímicos conservados en la Biblioteca del Arsenal de París. No obstante, en tres de los hipógrafes de El Mensaje Reencontrado, el autor cita directamente a Hermes Trismegisto:

Hipo. XI: Lo que está abajo es como lo que está arriba y lo que está arriba es como lo que está abajo, para hacer el milagro de una sola cosa.
Hipo. XVI: La división no es la muerte, es la separación de la mezcla. Los cuerpos son divididos, no para ser abolidos, sino para ser renovados.
Hipo. XXXIII: ¡Oh, hombres nacidos de la tierra!, ¿por qué os habéis entregado a la muerte, cuando tenéis el poder de participar en la inmortalidad?

En tres de los hipógrafes de El Mensaje Reencontrado, el autor cita directamente a Hermes Trismegisto

Los epígrafes e hipógrafes que emplea Cattiaux están tomados siempre de los textos sagrados de todas las tradiciones. Escoger estos fragmentos de Tabla Esmeralda (el primero) y del Poimandrés (los dos segundos) implica concederles un valor equivalente a la Torah, el Corán o los Evangelios. Entonces, ¿cuál es en realidad el lugar de hermetismo dentro de la tradición espiritual? ¿Es el esoterismo cristiano? El mismo René Guénon, quien realizó una crítica positiva y elogiosa de El Mensaje Reencontrado, (que en aquel entonces contaba solo con los doce primeros libros) escribió, refiriéndose al libro de Cattiaux, que:

Sea lo que fuere, la importancia primordial que el autor otorga al sentido alquímico define bien la perspectiva del conjunto y marca también los límites de éste, que no son otra cosa que los del punto de visto hermético en sí. […].
Ignoramos lo que los «especialistas» del hermetismo, si realmente todavía existe alguno que sea competente, podrán pensar de este libro y como lo juzgarán; pero lo cierto es que, lejos de ser indiferente, merece ser leído y estudiado cuidadosamente por todos aquellos que están interesados en este aspecto particular de la tradición.

Así pues, comprobamos que para Guénon el término “hermetismo” es el marco en el que debe ubicarse el contenido de El Mensaje Reencontrado. No obstante, aunque la buena crítica de Guénon favoreció el inicio de la andadura pública El Mensaje Reencontrado —ninguna editorial de la época parecía tener interés en publicarlo— lo cierto es que el metafísico franco-egipcio tenía una idea distinta a la de Cattiaux a la hora de concebir el hermetismo. Para Guénon, la alquimia es una parte del hermetismo, sin embargo, éste no sería una metafísica, sino solamente un soporte para la Tradición primordial o verdad metafísica. Según este autor, la Tradición primordial sólo estaría presente en los grandes libros de la tradición espiritual de la humanidad, pero no en los textos herméticos, lo cual equivaldría a decir que éstos últimos no deberían considerarse como una ciencia revelada para la salvación, como sí ocurre por ejemplo con los textos proféticos de la tradición bíblica.
Esta forma de ver es muy propia del cristianismo desde sus orígenes, es decir, diferenciarse muy bien del paganismo. Éste, sin quedar anulado, debía mantenerse solo como un soporte, pero nunca como una parte equiparable en valor a la religión revelada.

Sobra decir que para Cattiaux y para los hermanos d’Hooghvorst esa no es ésta la realidad del hermetismo, sino que puede ser no solamente una física (no vulgar, obviamente) sino también una metafísica. Ambas son igual de importantes y necesarias. Sobre esta cuestión giran varias de las discusiones que mantienen por carta Cattiaux y Guénon y cuya lectura resulta siempre interesante.

Un tiempo nuevo requiere modos de nuevos de explicar la única verdad, por eso El Mensaje Reencontrado ha sido llamado por Charles d’Hooghvorst: “el mensaje hermético reencontrado”. Sobra decir que la palabra “hermético” no se emplea a la manera de Guénon, sino del modo en el que Cattiaux la concibió, entendiendo que el hermetismo tiene una posibilidad de ser una física y una metafísica, tal y como ya se ha dicho.

El hermetismo, según Cattiaux comprende una física y una metafísica.

Ante esta visión, la figura de Hermes aparece entonces divinizada y adquiere un valor metafísico. Tal y como apunta Eliade en su ensayo Herreros y alquimistas, este Hermes aparece como un héroe civilizador y un profeta: “Hermes conocía los secretos del fuego y, con ellos, los de la creación, por lo cual su aportación a la humanidad no solo se redujo a una organización del mundo o una cosmogonía, sino que su influencia fue también de orden espiritual”

No en vano a Hermes se le llama por ser, justamente, tres veces grande en sus roles de rey (ámbito del mundo), sacerdote (ámbito de la psique) y profeta (ámbito de lo divino). Algo semejante aparece en la Concordance Mytho-Physico-Cabalo-Hermétique, una obra atribuida a Fabre du Bosquet y publicada en 1769:

“[Un descendiente de Cam, hijo de Noé]… vio surgir de su seno un hombre de una sabiduría consumada, llamado Adres o Hermes; fue el primero que instituyó escuelas, inventó las letras, las ciencias y las artes, y, entre las ciencias había una que no comunicó más que a sus sacerdotes, con la condición de que la guardaran para sí como un secreto inviolable”.

Este es el Hermes que se vislumbra también en el poema escrito por Emmanuel d’Hooghvorst que dice así:

“La Edad nueva me ha bendecido, exclamó este elegido encerrado en silencio, y mi libro ligado por Hermes se leerá en el Arte asido. Tal es el secreto de este libro que habla púdicamente del Arte que calla a la avaricia…”

Esta avaricia a la que se alude en el texto es la química vulgar, la de aquellos que quieren hacer oro para poseer riquezas y que no tiene nada que ver con la salvación, ni con la revelación, ni con el modo por el cual los hombres pueden tener acceso al Otro Mundo, cosas que son, justamente, el núcleo de El Mensaje Reencontrado, el cual ha sido calificado por Emmanuel d’Hooghvorst como “El Mensaje profético de Louis Cattiaux”, dotando así de una mayor profundidad y trascendencia al texto de Cattiaux.

El hermetismo o la alquimia tienen que ver con la salvación y el acceso al otro mundo, según El Mensaje Reencontrado

Ese Hermes Trismegisto, manipulador de los metales y que por lo tanto conoce el fuego físico y el fuego espiritual (que es el Alma del Mundo), transmite sus conocimientos y ciencias a la humanidad, asentando así los fundamentos de la civilización. Pero una de estas ciencias, la más importante, la comunica de forma oral a sus sacerdotes. Y esta es una de las grandes preocupaciones de los filósofos neoplatónicos del Renacimiento, Estos sabios investigaron con pasión la alquímica hermética o el hermetismo alquímico, la ciencia en la que Guénon no quiso entrar del todo pero que es, realmente, el fundamento de El Mensaje Reencontrado. A este respecto, el mismo Cattiaux escribió lo siguiente:

“Siempre he pensado que los libros de Hermes eran muy antiguos. La revelación de Jesucristo no es más que la renovación del secreto olvidado de Dios. De esta forma cada profeta mantiene la revelación y cada adepto revelado la renueva para la salvaguarda de los pueblos, pero siempre es el mismo secreto, aunque los símbolos y los ritos puedan cambiar” (Florilegio Epistolar § 29).

Hermes Trismegisto es el dios Mercurio, o Thot, etc., pero también es el sabio al que acabamos de referirnos y también es la materia de los alquimistas. Así lo escribe Cattiaux en una carta:

“De lo que habla Hermes Trismegisto es del mercurio crudo y libre. Este es el que se ha de concentrar y corporificar a fin de obtener de él la piedra de los sabios. El mercurio crudo y libre es, en efecto, todo lo que se quiera, como el maná” (Florilegio Epistolar § 292).

Esta primera materia, que aún no está especificada en ningún reino, es la fuerza del fuego del cielo, el mercurio vulgar que tiene tantos nombres. Es un asunto complejo y en los libros de alquimia todo se confunde, porque nunca se sabe de qué se está hablando exactamente, si del mercurio libre o del filosófico… En cualquier caso, estas complejidades y engaños del lenguaje alquímico buscan en realidad hacer que nuestro espíritu suspire por aprender, no para que aprenda con el libro que se lee; ayuda a conocer lo que realmente queremos.

La primera materia, que aún no está especificada en ningún reino, es la fuerza del fuego del cielo, el mercurio vulgar que tiene tantos nombres

Detalle de la Aurora Consurgens / Pavimento de la catedral de Siena

La Aurora Consurgens es un manuscrito del siglo XV que posee unas miniaturas muy extrañas y maravillosas. Existen varias copias, todas realizadas a mano dentro de círculos masónicos y de otras órdenes cercanas al esoterismo. Una de las imágenes más famosas de este manuscrito es aquella en la que tres jóvenes bajan al interior de una cripta en la que encuentran al famoso Hermes en forma de estatua y que está sosteniendo la Tabla Esmeralda. Junto a la estatua hay un matraz con el oro potable, el oro que se puede transmitir.

La fascinación por Hermes Trismegisto llega a Occidente tras la caída de Constantinopla a manos de los otomanos. Toda la sabiduría del Imperio Romano Oriental que había continuado allí y que era de tradición cristiana griega sale de Constantinopla para ser protegida. Los monjes huyen y se llevan todos los textos escritos en griego conservados allí desde la Antigüedad: Plutarco, Jámblico, Plotino, etc. Autores que Europa no conocía. Una de las obras más importantes que viaja a Italia es el Corpus Hermeticum. Un ya muy enfermo Cosme de Medici, quien había fundado la Academia Florentina, le pide al director de la misma, el neoplatónico Marsilio Ficino, que deje de traducir a Platón y que se dedique al recién llegado Poimandrés, que es el libro hermético más importante de todo el Corpus.

La fascinación por Hermes Trismegisto llega a Occidente tras la caída de Constantinopla a manos de los otomanos

En el pavimento de la Catedral de Siena aparecen representados Hermes y Moisés (acompañado por María, su hermana). En una Iglesia vemos un personaje pagano. Durante unos pocos años, la iglesia lo permite, esto ocurre antes de la Reforma y la Contrarreforma. Luego se acaba todo y tales cuestiones deben moverse de modo más marginal. Pero es una imagen icónica del sueño renacentista: Hermes entregando a su “contemporáneo” Moisés el Asklepio.

Paracelso y su círculo propusieron que todos los sabios de todas las tradiciones se sentaran en la misma mesa. Algún rosacruz, a principios del siglo XVII escribe el Simbolos de la mesa áurica, donde vemos a Hermes y toda una serie de medallones con las imágenes de María la judía, Demócrito, Avicena, a seis personajes europeos; Alberto Magno, Arnau de Vilanova, etc., y finalmente a un personaje anónimo, que no se conoce. Este personaje desconocido es un modo de aludir a que la cadena está siempre abierta para que la tradición pueda continuar, igual que sucede con el doceavo Imam del chiísmo, al que no se conoce pero al que siempre se espera. Todos estos personajes son los discípulos de Hermes y están sentados a la mesa áurea para compartir la filosofía alquímica.

Ante una tal propuesta, se puede decir con toda la autoridad de los libros rosacruces, que el hermetismo no es solo cosmológico, pues no solo habla de las correspondencias entre el cielo, la tierra, el infierno, o de los ángeles, etc,, es decir, de la ciencia de la naturaleza; sino que también es metafísico. Y todas las tradiciones han participado de esta única verdad física o metafísica (pues no se refiere a una física vulgar) que es universal. Esto es muy difícil de entender y es lo que no comparte Guénon, que no puede concebir que lo particular sea lo universal. Y en ello precisamente se basa el cristianismo. Por eso Guénon se hace musulmán. Esta idea del nacimiento de Dios es muy complicada, es paradójico que lo universal se haga concreto.

El cristianismo como el hermetismo se basan en la posibilidad de que lo particular sea a la vez universal

Carlos Gilly, bibliotecario de la Biblioteca Ritman de Amsterdam, pensaba que todos los primeros manuscritos de alquimia traducidos en el siglo XIX, que entonces eran entendidos como una pre-química, deberían ser adjuntados al Corpus Hermeticum. Se dio cuenta de la importancia de la cultura hermética en Occidente, que es mucho mayor de lo que podamos imaginar:

“El impacto que tuvieron los escritos herméticos en la cultura occidental puede ser catalogado de histórico. De repente la cristiandad europea se vio confrontada con una segunda revelación divina, aparentemente tan antigua como la biblia y redactado además en términos más claros. Para muchos esto solo sirvió para conservar la verdad revelada de la biblia”.

Sin embargo, a mediados del siglo XVII, el filólogo Isaac Casaubon deshizo el sueño humanista, demostrando filológicamente que las obras del Corpus Hermeticum no eran libros de la época de Moisés, sino de los siglos I, II y II d.C. El sueño renacentista se deshace porque no era cierto, aunque ahora se vuelva a la idea que si bien aquellos textos eran posteriores al cristianismo recogían un pensamiento mucho más antiguo. Pero es que además existe una sabiduría en este conocimiento, si bien equivocado cronológicamente, y es la de poner en la misma cadena a Platón o Cicerón con Isaías o Moisés. Y si alguien no los puede colocar al mismo nivel, estará haciendo lo mismo que hizo Guénon con estos textos: ver en ellos una cosmología más o menos interesante, pero no una revelación.

La actitud de Cattiaux es la misma que la de los maestros neoplatónicos del Renacimiento, pues conjuga textos de alquimia hermética con la Biblia, el Tao te King o el Corán

La actitud de Cattiaux es la misma que la de aquellos maestros neoplatónicos del Renacimiento, pues conjuga textos de alquimia hermética con la Biblia, el Tao te King, el Corán, etc. Escribió Cattiaux:

“Gracias a la luz de la santa ciencia de Hermes, penetrarás poco a poco en el misterioso y oculto significado de la vida y pasión del Señor Cristo…” (Florilegio Epistolar § 180)
“La antigua sabiduría y la revelación de Jesucristo son una misma y única cosa; por eso te mencioné como de pasada a Cristo-Hermes (Florilegio Epistolar § 62).

De esta época fascinante es la Mónada jeroglífica de John Dee. Un tratado matemático que explica el simbolismo de una figura que está en conexión con un dibujo de Louis Cattiaux.

Portada de la «Mónada …» de Dee. / Página de «Las bodas químicas…» / Dibujo de L. Cattiaux.

El siglo XVII es también el momento de la aparición de los manifiestos de los rosacruces. Algo que había estado oculto hasta entonces, apareció y fue como un canto de cisne en relación a la cosmovisión simbólica tradicional.

Desde entonces, el hermetismo, que hubiera podido ser el lugar de la unión de todas las creencias y conocimientos, se convirtió en una doctrina extravagante que, poco a poco, se fue diluyendo en ocultismos y espiritismos hasta llegar al siglo XX. En este camino se olvidó completamente su función soteriológica, vinculada claro está al mensaje cristiano, pero, obviamente, universal. El hermetismo quedó como algo peregrino, como un gran despropósito.

En relación a este primer sentido de la alquimia vemos El Rosario de los Filósofos (1550). Sus imágenes se van copiando en diferentes grupos y sectas que los van transmitiendo a lo largo del tiempo. Habla de alquimia, pero la última imagen es la resurrección de Cristo. La ciencia de la salvación y de la metafísica más profunda y más espiritual está ligada con el Cristo-Hermes.

La ciencia de la salvación y de la metafísica más profunda y más espiritual está ligada con el Cristo-Hermes.

Copia del s. XVII del Rosario de los Filósofos / Pintura de Louis Cattiaux.

La sabiduría hermética es la sabiduría cristiana, o islámica o de cualquier tradición. Pero, para alcanzar el núcleo esencial que puede unir las distintas tradiciones espirituales que han acompañado al hombre al largo de la historia, es necesario referirse a la paradoja absoluta que enseña el cristianismo mediante la figura de Jesucristo o del oro filosófico. Escribió a este respecto Louis Cattiaux que:

«La antigua sabiduría y la revelación de Jesucristo son una misma y única cosa; por eso te mencioné como de pasada a Cristo-Hermes». (Florilegio Epistolar § 67)

Tales concepciones quedan perfectamente expresadas en la pintura de Louis Cattiaux que acabamos de ver, en ella, la cruz que se forma a partir del TRIOVIL de las raíces. Y el madero que aparece sin la imagen de Jesucristo, tan solo se ve el vacío de su figura. Es una manera perfecta de expresar lo mismo que John Dee con su jeroglífico, Cristo como divinidad no muere, no puede morir.

La transmisión de la sabiduría hermética aparece como enseñanza en la idea de las Tres Edades del monje Gioacchino da Fiore.

Esta enseñanza aparece en El Mensaje Reencontrado en muchos lugares pero sobre todo en un versículo que sigue la tradición de las Tres Edades que el monje cisterciense Gioacchino da Fiore expuso en el siglo XII, este es el texto de El Mensaje Reencontrado:

El Único nos ha enviado la letra del Padre grabada en la piedra de Israel.
Después, nos ha enviado la palabra del Hijo predicada en todo el Occidente.
Ahora, nos envía el pensamiento del Espíritu que va a cubrir el mundo entero (XXVIII, 38)

El último versículo alude a la tercera edad, que ha sido llamada la Edad del Espíritu. Podría ser también una alusión a los rosacruces, al islam, a la reforma luterana, etc, o a la última parte de la obra alquímica, la multiplicación. Existe en el hombre la espera o la esperanza de este último paso que siempre está por llegar, siempre es posible: primero está el texto escrito, luego palabra dicha, pero luego está ese pensamiento del Espíritu o, dicho de otro modo, el hermetismo, que traza una línea ininterrumpida desde los orígenes de la humanidad hasta nuestros días.

Ciclo dedicado a la obra de Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado.

La propuesta de este ciclo es mostrar que el mensaje que revivifica Cattiaux, es el mismo que el de las grandes manifestaciones espirituales (en este ciclo entradas en la cultura occidental). A modo de ejemplo de lo que se pretende mostramos el siguiente versículo: “No hay una verdad nueva. Solo hay formas y expresiones nuevas de la vida eterna muy oculta y muy evidente”. (El Mensaje Reencontrado, libro II, versículo 61)
Si bien El Mensaje Reencontrado puede parecer ajeno a las formas tradicionales, es muy al contrario, pues cómo se explicará en este curso, las fuentes son las mismas de siempre, pero experimentadas de nuevo.

A cargo de:
Raimon Arola, doctor en historia del arte por la Universitat Autònoma de Barcelona y profesor de la Universitat de Barcelona.
Pere Sánchez Ferré, doctor en historia moderna y contemporánea por la Universitat de Barcelona.

Sesiones
22 de octubre – “La mística cristiana” por Raimon Arola
La mística responde a la experiencia divina. Se dice en El Mensaje Reencontrado.: “La más pequeña experiencia de Dios vale más que todas las teologías del mundo” No obstante hay que diferenciar entre las clases de experiencias, ya que normalmente son psíquicas y no responden al encuentro con el Dios encarnado.

5 de noviembre – “La cábala judaica” por Pere Sánchez Ferré
La cábala no se fundamente en conocimientos intelectuales sino en una revelación que otorga Dios, y es el instrumento privilegiado para penetrar el sentido oculto de los libros sagrados y de nosotros mismos. El El Mensaje Reencontrado. contiene un sentido oculto y lo acompaña una forma de cábala.

19 de noviembre – “La tradición hermética” por Raimon Arola René Guénon señaló que El Mensaje Reencontrado. era un libro hermético, ya que en él se recogen distintas tradiciones. No obstante, a diferencia de Cattiaux, consideraba que el hermetismo era cósmico y no metafísico

3 de diciembre – “El fenómeno iniciático” por Pere Sánchez Ferré
El fenómeno iniciático es un hecho divino y los rituales que a él se refieren siempre aluden a una realidad sagrada, como la recepción de la luz o la apertura del sentido interior. Estos misterios, basados en la experiencia, están presentes en El Mensaje Reencontrado.

17 de diciembre – “El arte visionario” por Raimon Arola
A lo largo de los últimos siglos, la creación artística ha sido el lugar donde se ha manifestado la experiencia divina. Cattiaux sigue esta estela y llega hasta el final. “La pacificación de todo el Ser es lo que conduce a la visión interior y a la unión divina” (MR, libro XIII, versículo 4).

14 de enero de 2020 – “La alquimia” por Pere Sánchez Ferré
La alquimia no se enseña, sino que, como la cábala, se transmite, ya que Dios es quien revela la Primera Materia. Las etapas, formas, estados y procesos de la ciencia de Hermes son el fundamento de El Mensaje Reencontrado.

Información
Lugar: Biblioteca Pública Arús (BPA)
Horario: Los martes a las 19 h.
Información y reservas:
www.bpa.es/agenda 
– presencialmente a la BPA
– por teléfono al 93 256 59 54