Resumen de los capítulos que componen la “Física y metafísica de la pintura” de Louis Cattiaux realizado por Emmanuel d’Hooghvorst.

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02Dedicatorias
En alabanza de la que nos ha dado la facultad de sentir y de amar.

A la gloria del que nos ha enseñado a ordenar la naturaleza por el Arte.

“La creación refleja al hombre y el artista tiene el arte que merece, ya que la obra no es más que el espejo de su nada, de su mediocridad o de su ser magnificado.”

Introducción

Este libro tiene por objeto alentar a quienes poseen el don innato para que realicen su obra, y está hecho para ilustrar a quienes se obstinan en creer que se puede penetrar el Arte por la astucia, por la fuerza o por la mediocridad.

Los llamados tendrán que soportar, por amor a su Dios, la pobreza y la soledad, sin buscar otro consuelo que su arte a fin de probar su vocación y para mantenerse íntegros hasta el día incierto del triunfo electivo.

“Cuando haya renunciado a todo, lo poseerá todo”.

Fondos

La pobreza física de las obras contemporáneas debería provocar la búsqueda de la encarnación pictórica viva y purificada de toda escoria.

Hay que recordar que la perfección y la potencia sólo pueden unirse por la asociación del espíritu más elevado con el alma más nítida en el cuerpo más perfecto.

Técnica

Hay que trabajar mucho tiempo sobre una misma obra, pero sin esfuerzo, sin aburrimiento, sin trabajo en suma, y tal como dice Paul Valéry: “Se ha de mantener el esfuerzo hasta que el trabajo haya borrado las huellas del trabajo”.

La meditación desapegada interviene en los últimos toques, que han de dar el máximo de expresión a la obra sin borrar ni destruir nada.

Genio

Aquí no basta con la paciencia para tener éxito en semejante ensamblaje, se necesita una profunda meditación, se precisa un genio particular que está en función de la potencia de la vida interior. Con falta de propiedad, Buffon dijo: “El genio va acompañado de una gran paciencia”; pues la paciencia sólo es pasiva, mientras que la meditación es un estado activo y tiende al acto creador.

El genio es como la iluminación que aparece después del desenmarañamiento del caos interior y que se realiza en la meditación solitaria. Es como el despertar del ser secreto y todopoderoso que dormita en cada uno de nosotros. Normalmente se dice que el genio es sublime, nosotros precisamos cuando decimos que es “sublimado”.

Cuando el artista alcanza el trance creador, se vuelve como un hombre ebrio que habla consigo mismo y que ya no le preocupa ser oído o no serlo, pues su mensaje expresa el esclarecimiento de las tinieblas interiores y sirve ante todo a su propia naturaleza […]. El final de la meditación es la creación. Así, el artista vive su sueño interior hasta la alucinación del acto divino.

Origen

“El arte es mágico o no es.”

El origen del arte no es el resultado de una necesidad estética, como generalmente se cree, sino de una necesidad de dominación mágica.

En su origen la propia música, el canto y la danza fueron los soportes del pensamiento mágico que se concilia con el mundo hostil o lo domina.

Así, todas las artes tienen su origen en la primera obligación del hombre encarnado: la de defenderse en los tres planos del mundo creado. Sólo después de acabado el rito se ha podido tomar conciencia de la gratuidad del arte por el juego de formas, sonidos, colores y movimientos, y elevar su magia hasta intentar comulgar, por medio de ella, con la gran alma del mundo a la que los hombres llaman Dios.

Entonces diremos que la magia particular se ha elevado hasta la magia general y que el arte es el conducto que nos comunica con lo Universal.

Cuando eso se produce es arte, cuando no se produce no es nada.

Por lo tanto, la obra de arte es una creación mágica y, al igual que la procreación, exige, para dar existencia al Ser, una carga psíquica producida por el espasmo de amor. Por eso hay tan pocos hombres y tan pocas obras vivas en este mundo, pues la proyección mágica es un acto difícil por encima de todo, como el de la transmisión integral de la vida; y pocos seres son capaces de realizar ese misterio de la transfusión energética del “voltio”.

Los hijos del amor, más vivaces y más hermosos que los demás, son los que han sido engendrados en el entusiasmo y en la pasión amorosa; si consideramos la humanidad media y la generalidad de las obras, tendremos la prueba de que todo lo que se hace en el aburrimiento y la mediocridad engendra la muerte. Sólo los artistas generosamente dotados cargan de manera inconsciente sus obras que, acto seguido y sin explicación razonable, hechizan a ciertos espectadores, más sensibles y receptivos que el común de los hombres.

Así pues, tanto los humanos como las obras de arte que han nacido muertos pululan naturalmente por el mundo, gracias al aliento dado a la debilidad y a la muerte, siempre en aumento desde la caída inicial.

Esas creaciones fantasmales sólo tienen apariencia de vida, sin poseer su esencia, pero, tal como decía el maestro antiguo: “Hay que dejar a los muertos que entierren a sus muertos”, pues lo absurdo de la muerte es lo único capaz de hacer que nos repugne verdaderamente.

La vida sólo se transmite haciendo el amor, sea procreando, obrando o rezando, y allí donde no se hace el amor, sólo hay una caricatura de vida, aburrimiento y muerte.

Las recientes reacciones de sorpresa que han provocado las exposiciones de obras realizadas por niños, ingenuos, primitivos o locos, muestran con suficiente claridad los orígenes misteriosos y mágicos del arte.

Nuestra actitud materialista, que nos lleva a no considerar más que las apariencias del mundo, hace que exageremos hasta el absurdo la angustia del cambio y la renovación de todas las cosas. Y tomamos por un fin lo que, sin duda, sólo es un comienzo.

Esa actitud de los filósofos cartesianos, cegados por la apariencia exterior del mundo, engendra el escepticismo, la desesperación y la disolución de las sociedades modernas que han renegado de su fe antigua que, aparentemente, se ha vuelto demasiado simplista e infantil.

El estudio irracional de las antiguas creencias probablemente nos conduciría a constatar nuestra grosera ignorancia acerca de los problemas que conciernen a la vida y a la muerte.

La orgullosa creencia en nuestra supuesta civilización y en nuestra pseudo-ciencia, nos impide, por desgracia, considerar el misterio de la creación a partir de la simplicidad primera, donde el instinto unido a la intuición reemplazarían brillantemente nuestra rastrera razón razonadora. Pues “sólo el que penetra hasta la raíz conoce todos los frutos del árbol”.

Tradición

La anarquía es el fraccionamiento hasta el infinito del conocimiento y de la simplicidad primera.

Para los pintores supone la dispersión y la pérdida de las tradiciones artesanas y de las fuentes de inspiración, lo que hace que se confunda la parte con el todo.

La personalidad sólo puede aparecer en la obra de arte por el equilibrio de todos sus componentes, lo que exige universalidad de espíritu y perfección técnica.

Dicho de otra manera, la originalidad es la exageración de una particularidad del ser, mientras que la personalidad es la exaltación de todos sus poderes. La originalidad es una carencia, la personalidad es una realización.

Hace ya mucho tiempo que la tapicería francesa murió por querer imitar la pintura. Ahora, la pintura francesa se está muriendo por querer imitar el tapiz.

Destino

La pintura, como las demás artes, también es un medio para descubrir los mundos que gravitan en nosotros y a nuestro alrededor. Poner en circulación una obra de arte es una señal de reconocimiento destinada a reunir en una misma comunión a individuos que tienen una cultura y sensibilidad idénticas.

El destino de la obra de arte es, pues, permitir que la humanidad media pueda relacionarse con la esencia oculta de los seres y de las cosas. Toda obra de arte gana si se presenta entre objetos que embellecen la vida del hombre.

Su acumulación en los museos es un contrasentido y su exhibición múltiple se parece a una blasfemia, ya que la risa estúpida de las muchedumbres sanciona siempre la revelación del arte, como sancionó antaño la revelación de Dios y del Hombre.

Hay que vender para vivir, pero nunca debe ser éste el objetivo de la creación artística.

La venta interviene sólo para permitir que el artista persevere y quien así llegue a comer, a tener un alojamiento, a calentarse y vestirse, debe considerarse un privilegiado entre los demás hombres, ya que será el único en vivir, como el santo, de la oración y la alabanza puras, lo que es concedido a muy pocos individuos en este mundo.

Sólo el artista realiza una función gratuita, por lo tanto divina, sólo él practica la unión con la creación circundante, sólo él busca el amor y la paz, sólo él conoce la armonía de los mundos, terror perfecto y perfecta felicidad.

Arte y ciencia

El antiguo Arte Real de los sabios era integración, amor y vida. La ciencia actual es desintegración, tristeza y muerte, y todos nosotros morimos a causa de su difusión en el mundo: medicamentos muertos, alimentos muertos, aire, agua y tierra envenenados, luz muerta, vestidos y bebidas falsificados, habitaciones siniestras, objetos feos, tristeza y dolor de la uniformidad chancrosa que estandariza a la raza humana. Últimamente, un académico, premio Goncourt, que se dirigía a las élites francesas, presentó a los sabios modernos como sucesores de los alquimistas medievales, confundiendo así a los buscadores de vida con los buscadores de muerte y demostrando una ignorancia muy poco academizante.

En nuestras sociedades modernas el sabio es la prolongación del criminal, ya que ambos destruyen los seres y las cosas para apoderarse de su riqueza oculta. La vulgar navaja se transforma en bomba atómica, el crimen contra el individuo se amplía hasta el crimen contra la humanidad.

Recordemos el slogan hecho para el uso del francés medio, laico y obligatorio: “La ciencia salvará a la humanidad”. Todos los primarios se han chupado los dedos con esto antes de empezar a morir por su culpa.

Por el contrario, nadie ha dicho todavía: “El arte salvará a la humanidad”, lo cual es, no obstante, la única verdad futura.

“Somos como los barrenderos del mundo”, dijo san Pablo. Se refería a los vivos, a los santos, a los artistas, a los poetas, que son como las flores y los frutos ignorados de la humanidad, cuya presencia justifica todas las mediocridades, todas las suficiencias, todas las cobardías, todas las violaciones, todos los crímenes y todas las imbecilidades, en una palabra, el estercolero donde esperan y germinan misteriosamente los hombres ordinarios, pues nuestras vidas se encuentran aún extraviadas en la muerte, y la luz de algunos es un insulto para las tinieblas de la mayoría.

Sin embargo, el amor y el genio dominarán finalmente el caos de donde han salido bajo el impulso del fuego que habita la esencia primera, el vehículo de los mundos.

Enseñanza

En las sociedades modernas los estímulos sólo se dirigen a los que matan y a los forjadores de muerte. Las artes sólo subsisten por el efecto mismo de la especulación que busca tanto en lo hermoso como en lo feo, en lo verdadero y en lo falso, en el bien y en el mal.

El conocimiento y el estudio de las grandes obras del pasado es indispensable para la formación cultural y técnica del artista, sin embargo, más vale estudiar y trabajar solo, que sufrir la castración de una enseñanza mediocre.

Cultura

La cultura aumenta el don inicial y permite su desarrollo completo.

La cultura nunca debe de ahogar la sensibilidad y el verdadero saber debe permanecer subyacente y discreto, como esas capas de aguas subterráneas que alimentan inagotablemente los pozos artesianos.

La cultura debe ser un ornamento y no una coraza, una riqueza y no un peso muerto. Ha de ayudar a conocer lo que está arriba a fin de unirlo con lo que está abajo para hacer la obra.

En el arte como en la vida, preferimos siempre una persona simple pero provista de sensibilidad a un genio ausente del amor.

Don

El don es como la suma de una búsqueda particular, acumulada durante ciclos de vidas encarnadas. Es inalienable.

La inspiración es como la gracia, movediza y muy inestable. Puede aparecer y desaparecer sin motivo aparente.

Ese don, junto con la gracia y el amor, manteniéndose en la libertad del ser interior, es lo que permite comunicar sin esfuerzo con el Universo sensible e inteligente que llamamos Dios.

Cuando la voluntad intenta forzar la expresión y el orgullo exige el primer puesto –una cosa nunca va sin la otra– se amputa la sensibilidad o se la destruye y sólo se logra caricaturizar el talento con grandes penas y tormentos.

El maligno también ha surgido de Dios, pero perdió la gracia y el amor por la ignorancia del orgullo. Tan a menudo se hace el ángel como la bestia, a fin de que todos puedan aplaudirle al menos una vez.

Nunca se pierde completamente el don inicial, es más bien la gracia que, tras abandonar al artista, hace que el don permanezca dormido o escondido a causa de su voluntad de aislarse.

Basta un abandono sincero, una verdadera gratuidad, una ruptura de los resortes del ego, para que al circular la gracia de nuevo, el don reaparezca en todo su asombroso esplendor. Así, la imaginación y la inteligencia no pueden disociarse de la gracia y del amor, so pena de muerte fraccionada.

Para la obra creativa, el artista que tiende inconscientemente hacia el absoluto divino debe conservar y conciliar en él los atributos de la divinidad y las cualidades de Dios.

Generaciones

El artista dotado de verdadera personalidad, sólo es comprendido y alentado por los hombres de su generación, las generaciones siguientes le considerarán y honrarán, o bien lo eliminarán brutalmente si ha falseado para complacer a los mediocres de su época. El artista que permanece fiel a sí mismo no ha de esperar nada de sus mayores, ya sean aficionados, marchantes, críticos, artistas o literatos, pues la expresión de una época sólo es reconocida por los hombres de la misma generación. Cuanto más lejos vea un artista, menos ayudado será por sus contemporáneos pero más festejado por las generaciones posteriores.

Facilidad

Lo propio de nuestra época es confundir la calidad con la cantidad, la potencia con la violencia, la perfección con la sequedad, el frescor con la crudeza.

Estamos invadidos por un arte furioso y fácil, hecho, sobre todo, para atrapar al absorto transeúnte, al conductor de automóvil, al consumista robot, como si se tratara de estos anuncios perentorios de los que ya no puede diferenciarse. Cuando uno se detiene, de repente se vuelven menos divertidos, pero al acercarse, se toma conciencia del vacío de esas obras siempre inacabadas y, a menudo, ni siquiera comenzadas.

Mediocres

Por definición, las personas mediocres se oponen al movimiento, al ímpetu y a la vida, pues su pobreza espiritual y su sequedad de alma les lleva a obstaculizar todo lo que podría animarles. La falta de sustancia les vuelve pusilánimes, tristes, avaros, hipócritas y cobardes.

Son los fieles guardianes de su posición y de los bienes adquiridos, de las morales estereotipadas, de las leyes congeladas, de los ritos muertos. Son los rebaños de Panurgo de los partidos políticos, la grey supersticiosa de los cultos, los robots de las tinieblas, los esterilizadores de la vida, los furrieles del reino de la bestia.

Vejan y abruman a los vivos, incluso en nombre de los grandes precursores. Eliminan el arte en nombre del arte e intentan borrar a Dios en nombre de Dios.

Al no tener ni corazón, ni espíritu, ni fidelidad, son para siempre los sepulcros blanqueados que ya repudiaba Elías?artista, más conocido por el nombre de Cristo. Al negar, rechazar o rebajar lo que les supera, forman la enorme masa de los holgazanes espirituales de la humanidad, a la que ningún amor volverá a calentar jamás.

Todas las instituciones degeneran y perecen bajo la marea de los mediocres.

Crítica

Tan sólo queremos recordar que la función esencial del crítico es analizar las obras de arte y que en ningún caso debe involucrarse en dirigir o forzar la expresión artística, como ocurre demasiado a menudo en la actualidad.

El tiempo pone las cosas su sitio, pero ya está hecho el mal que hace que artistas originales, cuyo único error es no balar junto con los corderos que les circundan, mueran en la miseria.

Vocación

La vocación debe mostrarse irresistible, tenaz y estar confirmada por pruebas astrológicas y quirománticas de fácil verificación.

Parece necesario que los desaires, las injurias, los escupitajos y los golpes nos laven, nos reblandezcan y nos abran hasta el abandono de todo el ser, para que el Universo nos   parezca luminoso y límpido.

“Debemos volvernos ausentes a nosotros mismos, para estar presentes en la creación entera.”

Debemos volvernos vacíos a fin de ser llenados, maleables para ser formados, pobres para ser enriquecidos, ignorantes para ser instruidos, locos para volvernos sabios, miserables para ser consolados, oscuros para ser iluminados.

Test

La sensibilidad debe estar al servicio de la inteligencia y asociarse con ella, pues si la primera proporciona el material, la segunda lo ordena y desembrolla el caos.

El talento es, pues, el libre ejercicio de esas dos cualidades expresadas por el oficio, es decir, por la suma de las experiencias adquiridas y vueltas reflejas.

Ascesis

Sólo después de haber trabajado mucho tiempo, de haber padecido mucho tiempo en el aprendizaje del oficio y de haber sufrido muco tiempo en la concentración de la sensibilidad, el artista puede olvidarlo todo y, después de rechazar toda coacción y toda razón, puede producir en ese desapego que se denomina “inspiración”.

Todos los que no poseen en sí mismos ese fuego divino, creador, ordenador y destructor de los mundos fenoménicos son impotentes y deben tomar de los vivos las apariencias de la vida o, lo que es más sensato, renunciar a dar el pego.

El artista trabaja, como otros se emborrachan o comulgan, hasta el delirio del alma, hasta la locura creadora, en la euforia que engendra la libertad perfecta.

Ahí, todas las prudencias, todos los cálculos, todos los deberes y todas las demostraciones son abolidos por el espasmo de vida y de muerte que diversifica la creación.

Se necesita la audacia y la inconsciencia del loco, la gratuidad del pobre. Se necesita la paciencia de la tierra. También hay que ser lo suficientemente íntimo consigo mismo, ser lo bastante desprendido como para mostrarse desnudo sin ninguna molestia.

Siempre experimento un sentimiento de conmiseración y tristeza cuando veo los groseros alborotos de los estudiantes, pues parecen pollos que gritan antes de ser desplumados por la vida, que hará de ellos unos zoquetes adornados, unos peones raídos, unos intelectuales enmohecidos, serios, prudentes, morales y muy mediocres, en una palabra. Sí, pequeños revolucionarios de cartón, gritad, aullad, alborotad, vomitad a gusto y haced creer que sois valientes, espirituales, libres, alegres y, sobre todo, artistas, ya que la vida os va a desplumar.

Si poseéis una verdadera personalidad se desbordará por sí misma; sólo los fantasmas consumidos y vacíos imitan a los vivos.

En resumen, la ascesis artística tiene como objetivo esencial salvaguardar el don inicial dejando a la gracia circular libremente entre los límites de la técnica más lograda.

Sensibilidad

La sensibilidad del artista es el instrumento fundamental del arte. En el artista, a menudo se manifiesta por una gran emotividad, timidez, susceptibilidad, imaginación, intuición, videncia, y por una marcada propensión a la vida interior.

Los artistas son amigos de las mujeres y las comprenden maravillosamente, pues participan de su naturaleza movediza además de poseer el impulso masculino.

Fecundidad

Una minoría trabaja, medita y reza en silencio, buscando el secreto de los dioses en medio del sufrimiento y la indigencia. Los que aceptan esa terrible iniciación alcanzan la gloria, a menudo póstuma. La mayoría se hunden al forzar su talento natural, ya que la voluntad de éxito mundano conduce al egocentrismo, que borra el amor y la libertad.

La fecundidad supone en el artista una salud, una vitalidad sin desfallecimiento, pues el arte pictórico agota como el acto amoroso.

Así, todos los débiles se ven obligados a falsear, a plagiar, a no acabar, pues el arte pictórico no sólo vacía la cabeza y agota el corazón, sino que también destroza el cuerpo bruto.

Visión

Los grandes artistas trabajan por lo general sumidos en una especie de fiebre, que les sobreviene en cuanto se ponen manos a la obra, como efecto de la excitación de un estado ya de natural exaltado.

Pocos artistas resisten victoriosamente esas pruebas de despojamiento y conservan intacta su visión.

La ley del mundo quiere que los fuertes manifiesten su fuerza en medio de los mayores obstáculos e incluso más allá de las fronteras de la muerte, a fin de que su fe sea afirmada y justificada ante todos; pues más vale perecer con la propia fe que vegetar en la banalidad de la duda.

Abandono

Sólo puede ser útil si se da en el artista que posee el don natural de la sensibilidad…

Pero el abandono sólo fructifica tras largas disciplinas, ascesis fecundadoras; ahí reside el divino secreto de la gracia, del amor y del conocimiento operativos. Ahí está la vía real que conduce a la identificación con la infinitud del Ser. Ahí se encuentra la riqueza inundante, la inagotable prodigalidad, la plenitud del poder creador y la experimentación viva de la libertad y de la gratuidad divinas, ya que los esponsales del cielo y la tierra, como la unión de los místicos, no son palabras vanas.

Evidentemente, en tal comportamiento no puede subsistir ninguna artimaña, ninguna bajeza, ninguna restricción, ninguna voluntad de violación o de sistematización. Se necesita una audacia inigualable para entregarse despojado de esa manera a la marea monstruosa de la vida movediza. Se precisa la facultad de un don inaudito, una generosidad única y loca. Hay que ser claramente insensato según el mundo vulgar de los humanos, anclados en los límites de su piel.

“Sumergido por los dones, como una tierra prometida abrevada de inocencia, me entrego a quien desenreda mi noche,  y mi corazón se decanta en el reposo, y luce.” (Poèmes de la Résonance).

“El artista sólo conoce el cielo y la tierra; la ciencia, la moral y la política de los hombres le aburren y le matan.” (El Mensaje Reencontrado)

Entusiasmo

El entusiasmo es lo que permite la creación, es decir, la proyección del sentimiento exaltado y magnificado.

El entusiasmo sólo se encuentra en los hombres dotados de una gran vitalidad.

El entusiasmo molesta a todos los muertos, a todos los mediocres, porque colabora en las empresas de la vida, el entusiasmo es la imaginación y el amor en movimiento.

Así, el artista realizado es el que sabe ordenar su delirio y lo hace perceptible a todos. Es el que conserva suficiente imaginación y amor creadores como para encontrarse colmado sin poseer nada. Es el que se alegra con los aspectos del mundo, o el que a veces se entristece, pero que nunca los juzga.

Sugestión

El libro más bello, el cuadro más afortunado, la obra más profunda, no son los que afirman sino, más bien, los que sugieren. En efecto, es imposible comunicar un sentimiento de arte si no es por la sugestión, que permite un trabajo de reconstitución personal y duradero.

Sólo el amor, el genio y la santidad saben acercarse a la madre universal, y la iluminación es lo que les hace reposar en ella.

Libertad

La libertad del espíritu y del alma es indispensable para realizar la captación y la proyección artística; es el resultado del equilibrio de las facultades y de las funciones del ser por la unión interior. Se puede decir que el artista está liberado, cuando se encuentra libre del miedo a hacerlo mal y de la voluntad de hacerlo bien.

El artista ha de permanecer inmutable en medio de lo inestable, libre en el mundo, coadjutor de Dios creando el Universo.

Por eso insistimos en la utilidad de la práctica de una ascesis de desapego y de olvido de sí mismo, que se obtiene por la comunicación con los maestros espirituales y por la meditación cotidiana.

La santidad posee en efecto esa guarda extraordinaria que se llama humildad y que es la libertad conquistada a las trampas de la apariencia mundana.

El santo no se toma en serio, no se enorgullece de lo que no le pertenece, y aquí abajo nada le pertenece excepto la paciencia y la alabanza.

El artista verdadero es aquel que ha arrancado el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Es el que hace bien lo que tiene que hacer y que no se preocupa del efecto que produce en los demás; aunque hubiese de morir a causa de su no conformidad con la visión circundante.

El artista explora la vida, se pierde en ella y se reencuentra en ella.

En la verdadera obra de arte, como en la creación, no existe el aburrimiento, es la señal de su común origen divino.

El artista deberá luchar a cada instante para conservar el abandono, la facilidad de improvisación, la fantasía, la audacia y la alegría que animan la obra de arte.

El artista ofrece todo lo que tiene, a fin de no ser poseído por nada; renueva la creación para propio placer; su locura se parece a la sabiduría divina.

Por medio de la oración permanece en contacto con los maestros espirituales a los que ama, pues sabe que la inspiración viene de Dios por su ministerio; secreto este, que muy pocos conocen, pues pocos hombres saben pedir, como también son pocos los hombres que saben dar o recibir con amor.

“Libertad o muerte” para el artista más que para ningún otro hombre; esta fórmula es peligrosamente cierta todos los días de su vida, y aún más, lo que debería decorar con letras capitales los muros de su taller sería la inscripción: “gratuidad o muerte”, pues el arte es libertad, amor, gratuidad, magia y vida.

Todo será posible cuando las Bellas Artes dejen de ser consideradas entre nosotros como meras futilidades.

“Este libro es inútil, pues si no habéis descubierto el Arte en vosotros mismos, nadie os lo hará conocer desde fuera.”

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