Ilustraciones de la serie de las siete trompetas del Apocalipsis del El Beato de Fernando I y doña Sancha, que fue miniado en el año 1047 por Facundo. “Sus fastuosas imágenes han dado lugar al mayor acontecimiento iconográfico de la historia de la humanidad.” (Umberto Eco).

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Beato de Liébana, contemporáneo de Carlomagno, vivió en la segunda mitad del s. VIII y aunque es imposible saberlo a ciencia cierta se cree que fue un monje del Monasterio de San Martín de Turieno, en la comarca de Liébana (Cantabria). Su obra más conocida es el Comentario al Apocalipsis de San Juan” (Commentarium in Apocalypsin).

Beatos” es el nombre que se da a los manuscritos de los siglos X y XI que recogen el Apocalipsis de San Juan y los comentarios redactados por el Beato de Liébana. Todos ellos nos han llegado ilustrados con magnificas miniaturas como las que presentamos. Apocalipsis significa “descubrimiento”, “revelación” y en el Apocalipsis de Juan se revela la segunda venida de Cristo en la que se manifestará en toda su gloria. El Apocalipsis es el último libro del corpus bíblico cristiano y durante mucho tiempo fue sospechoso de herejía, se cree que fue redactado en el último tercio del siglo I.

Esta obra contiene un oscuro simbolismo numérico y, en consecuencia, los comentarios de Beato también. El siete, por ejemplo, es un número de plenitud. Se consigue añadiendo uno a un número perfecto que, según san Isidoro, es el seis. Siete, número primo, es el número de los seis días de la creación más el día de descanso o Shabat de los judíos. Es a partir del séptimo día que se alcanza del descanso. Por medio de una reducción matemática se afirma que siete es igual a diez. Representa también los dones del Espíritu Santo, según explica el Beato al principio de su Comentario:

Con razón recibió Juan su nombre, como si se tratara de algún vaticinio, que quiere decir en lengua latina (en realidad, en lengua hebrea): ‘gracia de Dios’. Pues una vez que se le manda escribir a las siete Iglesias el Apocalipsis, es decir, la Revelación del Señor, ve al hijo del hombre sentado en el trono, esto es, a Cristo en la Iglesia, y a los veinticuatro ancianos, que son los doce profetas y los doce apóstoles. Las siete Iglesias, los siete candelabros de oro, las siete estrellas, son la única Iglesia, que se une en matrimonio con Cristo por la gracia septiforme (el Espíritu Santo)”.

Como apunta el mismo Beato, en el Apocalipsis encontramos multitud de septenarios: las siete iglesias a las que se dirige San Juan, los siete sellos que sólo el Cordero de Dios puede abrir, las siete copas cuyo contenido se derrama sobre el mundo y sobre todo los siete ángeles que hacen sonar las siete trompetas, unas imágenes que aparecen representadaa en las miniaturas que presentamos. El fragmento de las siete trompetas se encuentra en capítulo octavo del Apocalipsis, cuando se dice: “Vi entonces a los siete ángeles que están de pie delante de Dios: les fueron entregadas siete trompetas… Y los siete ángeles de las siete trompetas se dispusieron a tocar…” Cada toque de trompeta anuncia un cataclismo, hasta que el sexto toque trae una visión de esperanza con la manducación del libro y la aparición de los dos testigos, para acabar con el canto de victoria que anuncia el séptimo toque: “¡Ya no habrá dilación! Sino que en los días en que se oiga la voz del séptimo Ángel, cuando se ponga a tocar la trompeta se habrá consumado el misterio de Dios según lo había anunciado como buena nueva a sus siervos los profetas”. [Las dos últimas trompetas están juntas en la última miniatura].

El Beato interpretaba el sonido de la trompeta como que Dios manifestaba uno de sus secretos. La trompeta es un instrumento de metal por el que pasa el aire, el soplo, y como explica el Beato: “hace la voz semejante a una trompeta, que emite su sonido una vez reunido el aire en su interior, y que cuando lo expulsa fuera produce el sonido en exterior; así también el que ha recibido la Palabra del Señor percibe en la inspiración de su espíritu sin sonido, lo que luego habla al exterior… Esto puede entenderse de una forma más sutil, que el Padre engendró a su unigénito hijo, idéntico a sí mismo. Pues el hablar de Dios es haber engendrado el Verbo”.

El sonido de la trompeta, como el de la campana, recuerda al hombre el sonido metálico y corporal de la manifestación del Verbo divino, es una llamada que da la curación a los muertos.

Los toques de las trompetas se han equiparado también a las plagas que Dios envió sobre Egipto a fin de que el Faraón, el príncipe de este mundo, dejara salir al pueblo de Dios, Israel. La liberación de Israel y la manifestación del Mesías se alcanzan después de la aniquilación del príncipe de este mundo.

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