1. Vídeo de la presentación en la librería La Central
2.»Gravitaciones». Reseña de Ivan Pintor publicada en La Vanaguardia (9-10-2013)
3. Reseña de Carlos Javier González Serrano, publicada en «Tarántula. Revista cultural».
4. El blog de Teresa Costa-Gramunt
5. Referencias

blanc1. Vídeo de la presentación en la librería La Central

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2.»Gravitaciones». Reseña de Ivan Pintor publicada en La Vanaguardia (9-10-2013)

LV.-EL-SIMBOLO

TEXTO DE IVAN PINTOR:

GRAVITACIONES
El estudioso catalán Raimon Arola no sólo desvela la fascinante figura del singular pintor Louis Cattiaux, sino que explora la fuerza del símbolo, la magia y la tradición hermética occidental del Renacimiento
El símbolo crea la materia, la moldea. A través de cada símbolo particular y del vértice último de toda forma simbólica, esa transparencia de la eternidad en el tiempo que la tradición llama dios, emerge la primera experiencia de la materia que tiene el ser humano: la dureza de la tierra, el correr del agua, el ímpetu del viento y el crepitar tentador del fuego. Cuando, una mañana de invierno de 1952, Louis Cattiaux, que por entonces firmaba en su tarjeta de visita como “pintor, poeta y boticario”, se adentró en la iglesia de Limal, en Bélgica, observó el altar, y lejos de prosternarse en dirección al sagrario, se acercó a la estufa que caldeaba la basílica y se dejó caer de rodillas ante la lumbre. Allí, frente a la mirada atónita de su familia y ajeno a la cruz y los objetos litúrgicos, se quedó adorando a una llama en la que se consumía la misma imagen del fulgor divino que atraviesa todas las religiones, el símbolo reencontrado en la incandescencia del fuego.
Tanto la pintura como la prosa de Cattiaux constituyen el hilo sobre el que Raimon Arola despliega una reflexión sobre el lugar del símbolo en el mundo contemporáneo, tomando como espejo la filosofía hermética del Renacimiento. Arola, como ha sugerido en sus muchos libros –desde Simbolismo del templo hasta La cábala y la alquimia en la tradición espiritual de Occidente– y a lo largo de su trayectoria docente, sostiene que “el esoterismo bien entendido podría ser el vínculo que permitiera un diálogo interreligioso y globalizado”. El símbolo renovado es una exploración del nexo entre la creación artística y el símbolo, la magia y la alquimia. Solve et coagula, el lema de los alquimistas para describir el ciclo de condensación en su búsqueda de la Gran Obra, parece ser también la divisa de Arola, cuya investigación se expande y se contrae sin cesar en torno a la figura de Cattiaux. “Existen cuarenta mil pintores en París –escribía sobre Cattiaux su amigo Rousselot–. Sólo uno sacude sus alfombras sobre las verjas de Sainte-Clothilde, por la mañana; sólo uno vive en el campo en plena capital, con su gato sobre las rodillas: es Cattiaux”. Pero ¿quién fue realmente Cattiaux? Visionario, fascinado por la alquimia y convertido como Huysmans al catolicismo, apareció en París en 1932, con veintiocho años, y puso en marcha un círculo próximo al surrealismo pero opuesto a la ortodoxia de Breton y Éluard: el transhylismo, que tuvo su centro en la galería Gravitations, así bautizada en homenaje al poemario de Supervieille, figura señera de la poesía francesa de la época. Tras la extinción del grupo, Cattiaux siguió viviendo en la galería, en la calle Périer, y allí se dedicó a pintar y sobre todo, a componer, hasta su muerte, un extraño libro profético, El mensaje reencontrado.
El fuego y Dios
“Todo lo que está sujeto al fuego no es de Dios, pues Dios es la esencia misma del fuego”, señala una de las entradas del libro. El estilo aforístico de El mensaje reencontrado, editado al igual que El símbolo renovado por Herder y ya abordado por Arola en la magnífica revista on line Arsgravis, arte y simbolismo (arsgravis.com), fascinó a pensadores como René Guénon con su ars combinatoria de epigramas que Cattiaux aseguraba revelados. En el estrecho encaje con el que Cattiaux fue trenzando sus pinturas con el libro, se perfila su admiración por el pintor-poeta William Blake y por la cadena áurea de artistas y filósofos que, de Jung a Pico della Mirandola, han custodiado la llama de la imaginación creadora en Occidente.
Sobre la portada de El mensaje reencontrado, y franqueando asimismo El símbolo renovado, un sencillo anagrama sintetiza la poética de Cattiaux: el símbolo de Mercurio floreciendo de un corazón, muy semejante en su forma al lienzo El fruto de la tierra, en el que la cruz vaciada en el tronco del árbol sagrado, frente a un sol crepuscular, constituye un canto a la luz, a la esencia que el artista destila, según Cattiaux, a partir del fuego divino: “El que modela la luz a / Su voz y la anima / Con su soplo / Es como / Dios”.

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3. Reseña de Carlos Javier González Serrano a “El Símbolo Renovado”, de Raimon Arola: sobre la obra de Louis Cattiaux, publicada en  TARÁNTULA. Revista cultural

catt2 (2)La historia “oficial” del arte, al igual que ocurre en el caso de la filosofía o la literatura, presenta un canon de autores que, por unas razones u otras, han pasado a engrosar un índice más o menos intocable -y pretendidamente objetivo- en el estudio de las mencionadas disciplinas.

Los encargados de diseñar los planes de estudiode la enseñanza media, y no digamos de la universitaria -que con la reforma de Bolonia se han visto reducidos a su mínima expresión-, se ven obligados a desarrollar un panorama temático lo suficientemente amplio que aporte a los alumnos un elenco de conocimientos que permita a éstos hacerse cargo de la historia y enjundia de cada materia en cuestión en el seno de la historia de la humanidad.

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Como no podía ser de otra manera, esta forma de “estudiar” el devenir idiosincrásico de cada disciplina -por muy grandilocuentes objetivos que se proponga- no acierta sino a ofrecer una formación que, de tan multidisciplinar y picotera, casi impide (e impediría del todo, si no fuera por los sobresalientes profesionales de la enseñanza con los que contamos en España) un mínimo de rigor a la hora de afrontar el estudio de la filosofía, la historia o la historia del arte o, en definitiva, cualquier disciplina humanística.

A pesar del difícil momento económico por el que pasa el sector del libro, contamos en España con una lista nada despreciable de editoriales que nos empujan a inmiscuirnos en auténticas terras incognitas que nuestro cada vez más diezmado sistema educativo no tiene reparos en dejar vírgenes.

Herder, sin duda uno de los sellos más importantes del panorama editorial español (os recomiendo vivamente pasar un rato ojeando su extensísimo catálogo), acaba de publicar un volumen en el que su autor, Raimon Arola (profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona), se hace cargo de una de esas figuras que, fatal y criminalmente, se hallan proscritas de los mentados planes de estudio: se trata del visionario pintor y escritor francés Louis Cattiaux¿Por qué esta condición de artista “subterráneo”? Quizás encontremos una incipiente respuesta en las palabras que Arola escribe en la “Presentación” del libro:

La búsqueda de Cattiaux anunció […] el sentido del símbolo como una realidad que cristaliza, con sus luces y sombras. Una realidad que obliga a precisar con el máximo rigor posible las características de las nuevas morfologías que tratan de la única experiencia espiritual inherente al hombre.

La titánica indagación «espiritual” que Cattiaux lleva a cabo a través de su obra, ha servido para que muchos la clasifiquen, de manera parcial y errónea, como “esotérica”, un término, a juicio de Arola, que “se ha degradado hasta llegar a ser sinónimo de superstición, una especie de magia infundada sin relación con la religión, ni con la filosofía, ni con las ciencias humanas”.

Tenemos, pues, un primer ingrediente polémico que, de primeras, hace atractiva la figura de Cattiaux: el atrevimiento de enfrentarse, sincera y genialmente, al sustrato anímico del ser humano a través de la revelación. Una revelación que estuvo muy presente en la redacción de su obra principal (también publicada en edición magnífica por Herder): El mensaje reencontrado. “Un libro muy especial”, como apunta el autor de este ensayo, en el que Cattiaux hace patente la nostalgia del hombre de este tercer milenio por conocer simbólicamente (en contraposición al mero conocimiento científico) y que nos abre la posibilidad de vivir de un modo distinto nuestra relación con la realidad.

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Lo cierto es que Louis Cattiaux redactó El mensaje reencontrado, como decimos, bajo el influjo de cierta inspiración que incluso le lleva a excusarse de una manera del todo singular y elocuente:

Los defectos y las insuficiencias del Libro se han de imputar a nuestra debilidad y a nuestra indigencia excrementales, que pertenecen a la nada cenagosa. Las cualidades y bellezas de la obra se han de atribuir a nuestra luz sustancial y a nuestra inspiración esencial, que pertenecen a Dios.

Inmersos en esta “nada cenagosa” (¡qué expresión tan maravillosa!), ¿qué nos cabe esperar? Cattiaux consideraba un paso necesario introducirse en los mundos ocultos, acaso vedados definitivamente, que se nos presentan como fronteras no-traspasables para nuestra capacidad cognoscitiva. “Para el joven Cattiaux -escribe Raimon Arola-, el conocimiento de estos mundos tenía sentido en la medida en que podían desvelar el Ser interior y todopoderoso que conduce al hombre nuevo. Identificaba esta búsqueda con una philosophia perenne en la que lo particular de cada individuo se encontraba con lo trascendente y universal”.

Una intención, la de de emplear el arte como vehículo de transición entre nuestra realidad aparente y una trascendente o superior (aunque, en cualquier caso, exista una prodigiosa relación entre ambas), que hermana llamativamente a Cattiaux con autores de la talla de William Blake o V. Kandinsky. Recordemos las palabras de este último en De lo espiritual en el arte: “La verdadera obra de arte nace misteriosamente por vía mística. Separada de él, adquiere vida propia, se convierte en una personalidad, un sujeto independiente que respira individualmente y que tiene una vida material real”. Y como explica Arola, en conexión con este fragmento de Kandinsky:

La función del arte según Cattiaux sería, pues, encontrar y desvelar los signos divinos ocultos en el mundo. Una vieja idea relacionada casi siempre con la magia y las ciencias ocultas pero menos con la creación artística, quizá por eso Cattiaux escribió lo siguiente en Física y metafísica de la pintura: “El arte es mágico o no es”. Entendiendo, eso sí, la magia como la ciencia de Dios.

Una lectura muy recomendable, en la que la amena y rigurosa pluma del profesor Raimon Arola nos invita a escuchar una de las voces menos conocidas -pero más profusas, delicadas y profundas- del panorama artístico y ensayístico de la primera mitad del siglo XX, Louis Cattiaux, a través de un volumen exquisitamente editado (como es costumbre en Herder), que incluye más de 40 imágenes a todo color en las que se repasa la obra del autor francés. Un libro que, seguro, está llamado a convertirse en la mejor puerta de entrada en español al trabajo de Cattiaux.

“El arte es el conducto que nos comunica con lo Universal.”

Louis Cattiaux, Física y metafísica de la pintura

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4. «El símbol renovat», Reseña de Costa-Gramunt /  El blog de Teresa Costa-Gramunt

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Potser no hauria de resultar estrany que un autor com Louis Cattiaux (1904-1953), que en la seva tarjeta de presentació posava: pintor, poeta i boticari, i qui entengués, entengués, fos un autor marginat

I, no obstant això, quan se’l coneix, sobretot a través de la seva obra magna, El missatge retrobat, es plany aquest oblit o ignorància. Cattiaux va ser un personatge polifacètic. Com a pintor basti contemplar les seves singulars creacions artístiques i recordar una de les seves obres al respecte, Física i metafísica de la pintura. Cattiaux va ser un artista filòsof alquimista en ple segle XX. És a dir: un savi.

¿Per què es desconeix l’obra de Louis Cattiaux, una obra fulgurant com la llum de l’aurora que va obrint camins en la nit? En un món com el nostre, en el qual pesa tant la matèria i s’eleva a categoria de veritat el que només és la màscara, personatges de valor espiritual com Cattiaux desconcerten, o incomoden perquè fan d’espills del que en la vida intuïm que és l’essencial.

No és fàcil entrar en l’obra de Louis Cattiaux, ni en la plàstica (tan plena de símbols!) ni en la literària revelada, ja que El missatge retrobat és un llibre revelat. Un llibre revelat al segle XX? I, tanmateix, ho va ser, i el seu autor algú que, com els bons alquimistes, va treballar de nit i de dia per tornar transparent la seva naturalesa opaca. Pura metamorfosi de l’ésser que només és possible si un, una, està disposat a passar pels treballs de solve et coagula, és a dir: de dissoldre la vella personalitat per néixer a la nova, l’home nou del qual parla l’Evangeli.

 El missatge retrobat de Louis Cattiaux és un llibre inclassificable, no és un llibre discursiu. El missatge retrobat està escrit amb un llenguatge simbòlic heretat de la filosofia hermètica, un coneixement que va pretendre aglutinar entorn del cristianisme sabers tradicionals d’altres cultures i èpoques. La filosofia hermètica és una filosofia globalitzadora que va donar-se sobretot en el Renaixement, i que l’autor francès, seguint la veta lluminosa que en els segles posteriors va quedar amagada com les aigües del riu Guadiana, renova en el seu llibre.

És per aquest motiu que el professor Raimon Arola ha titulat El Símbolo Renovado. A propósito de la obra de Louis Cattiaux(Herder), a l’hora d’aprofundir en el significat de l’obra de Cattiaux, una obra tan fora del comú com és El missatge retrobat. Seguint la proposta espiritual, regeneradora, de Louis Cattiaux, El símbolo renovado de Raimon Arola es presenta com un llibre obert que busca estudiar i interpretar l’enorme riquesa dels símbols tradicionals que apareixen escrits en el llibre de Cattiaux en forma d’aforismes. Tot amb el noble propòsit de fer-los presents, vius, encarnats.

Amb la lectura de Cattiaux veiem que el símbol si no és experiència viva no és símbol. Es diu en el relat bíblic que els humans vam ser creats a imatge i semblança de Déu. Amb la caiguda vam perdre la semblança divina i tota la nostra vida no és sinó un exili d’aquella condició de puresa original que va quedar a les portes del Paradís. Tot aquest relat no és altra cosa que el relat símbolic del sentit/recorregut de la nostra existència, aquest misteri que comença amb l’encarnació o entrada de l’esperit en la matèria. D’aquí ve que les Sagrades Escriptures, provinguin de la creença que provinguin, hagin de llegir-se segons el llenguatge simbòlic. Altrament ens perdem, i ben perduts sembla que estem, en la lletra buidada de l’esperit de Déu. Només l’esperit de Déu ens pot retornar la semblança amb Déu si, a través de la seva gràcia i del nostre treball per fer fructificar els seus dons o talents, el deixem obrar en la nostra evolució. Déu, o la Vida en el seu sentit més ple, s’expressa a través nostre quan no li posem paravents que ocultin la seva llum. Així, segons es desprèn del llenguatge bíblic, un dels més grans símbols que manifesten la creació/evolució còsmica som els humans. Com a símbols vivents que som, hem de treballar la nostra naturalesa basta per tal de regenerar-la fins que esdevingui llum de la veritat, o imatge i semblança de Déu. Vet aquí el símbol renovat.

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5. Otras referencias al libro

http://temasteologicosyfilosoficos.blogspot.com.es/2013/06/arola-raimon-el-simbolo-renovado.html

http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2013/06/28/el-simbolo-renovado-religion-iglesia-libros-herder.shtml

http://www.prestejuan.com/prestejuan/de/raimon-arola-el-simbolo-renovado.asp?Cod=20670&nombre=20670&sesion=7343

http://humanadivinitas.blogspot.com.es/2013/06/el-simbolo-renovado-de-raimon-arola.html

Raimon Arola. Universidad Barcelona. Cattiaux. Simbología. Arte. Alquimia.