Apócrifo de Paracelso. Texto aparecido en La Puerta, n. 48, pp. 21-33, proviene de la edición de las obras de Paracelso publicadas en latín por Paltenius y Dorn (Estrasburgo, 1603). Traducción: L. Tera.

El Apocalipsis de Hermes por el muy célebre Helvetius Aureolus, el segundo Hermes, es decir: De la revelación del espíritu oculto de la naturaleza

Hermes, Platón, Aristóteles y los demás filósofos que han florecido en tiempos diferentes, inventores de las artes que siempre han considerado las potencias de las criaturas inferiores, animados por un gran deseo se han preguntado si sería posible encontrar entre las criaturas alguna cosa que protegiese el cuerpo del hombre de la destrucción y que le mantuviese en una vida permanente.

La respuesta ha sido que no existía nada que liberase al cuerpo destructible de la muerte, pera que, no obstante, existía una cosa que suprimía la corrupción, devolvía la juventud, prolongaba la breve vida hasta la edad de los patriarcas. La muerte ha sido el castigo infligido a nuestros antepasados: Adán, Eva y sus descendientes no pueden sustraerse de ella. Así, dichos filósofos y aún otros, se han esforzado en buscar, antes que cualquier otra cosa, esta cosa única  y han descubierto que lo que preserva el cuerpo del hombre de la corrupción y prolonga la vida es, respecto a todas sus propiedades, algo comparable al cielo por lo que respecta a su relación con los demás elementos.

Han comprendido que el cielo es una esencia superior a los cuatro elementos tanto como a las cuatro cualidades y lo han considerado como la quintaesencia, por la relación que mantiene con los cuatro elementos, ya que el cielo es indestructible, inmutable y no soporta jamás ninguna intrusión ajena. Creyeron que era preciso extraer esta cosa única de las potencias de nuestro cuerpo, y los filósofos le han dado este nombre. No es caliente ni seco como la tierra, y para todos los elementos es su finalidad, ecuación perfecta, mezcla exacta de las potencias necesarias, reunión particular de las virtudes espirituales, unión invisible del cuerpo y del alma, esencia más pura y más noble de un cuerpo indestructible, extraída por el arte, esencia que no puede ser destruida ni atacada en lo más mínimo por los elementos. Aristóteles se sirvió de ella para sazonar una manzana cuyo perfume prolongaba la vida, cuando la edad, quince días antes de su muerte, le quitó el apetito y la sed.

Esta esencia espiritual y cosa única fue revelada desde lo alto a Adán, los santos patriarcas han alimentado un deseo particular hacia ella, Hermes y Aristóteles la llaman verdadera, sin mentira alguna, cierta, más cierta que cualquier otra cosa, la más secreta de las secretas. Potencia divina escondida en la naturaleza, la mejor y la más alta que pueda ser encontrada bajo los cielos, la maravillosa conclusión y el término de todas las obras filosóficas se encuentran en ella, el rocío del cielo y el peso graso de la tierra.

En su espíritu se descubre lo que el hombre no es capaz de formular, como dice Morieno: Tenerlo es poseerlo todo, no tener necesidad de ninguna otra ayuda porque este espíritu encierra toda la bienaventuranza, la salud del cuerpo y la felicidad terrestre. Es el espíritu de la quintaesencia, el manantial de toda la alegría bajo el círculo lunar. Sostiene el cielo, mantiene la tierra, mueve el mar, excita el viento, hace bajar la lluvia, mantiene todas las cosas y potencias. Espíritu elegido que domina todas las demás cosas y espíritus celestes, da la salud, la felicidad, la alegría, la paz, el amor, expulsa en general todos los males, cura toda enfermedad, aleja el odio y la tristeza, introduce la alegría, destruye la pobreza y la miseria, es el guía de todo bien, impide a cualquiera decir o pensar mal, da al hombre lo que desea su corazón, a los piadosos les proporciona el honor terrestre y una larga vida; a los malvados que abusan de él, las penas eternas. He ahí el espíritu de la verdad que el mundo no puede asir sin la inspiración del Espíritu Santo o bien sin la enseñanza de aquellos que le conocen. Su naturaleza no puede ser reconocida, al igual que su potencia. Infinito es su poder, y los santos han deseado verlo desde el inicio del mundo.

Avicena llama a este espíritu «alma del mundo». En efecto, al igual que el alma pone en movimiento todos los miembros del cuerpo, asimismo este espíritu pon en movimiento a todos los cuerpos. Y, así como el alma ocupa todos los miembros del cuerpo, asimismo este espíritu está presente en todas las criaturas elementales. Muchos lo buscan pero pocos lo encuentran. Se le cree lejos, pero se le prende muy cerca. Está presente en cada cosa, en todo lugar y en todo tiempo. Contiene las energías y la eficacia de todas las criaturas y tiene su lugar en todos los elementos a la vez.

En este uno único se encuentra la potencia suprema de toda cosa y de cada cosa. De estas potencias Adán y los demás patriarcas extrajeron la salud de sus cuerpos y la longevidad de sus vidas, gracias a ellas, algunos conocieron gran riqueza y prosperidad. Los filósofos que lo descubrieron al precio de mucha labor y asiduidad, lo ocultaron en frases extrañas y misteriosas a fin de que no fuese revelado a los indignos y que las nobles perlas no fuesen echadas a los puercos. En efecto, si estuviera en el poder de cualquiera, toda perseverancia, toda actividad cesarían, el hombre no tendría más que un único deseo, la posesión de este uno único, la gente ya no viviría como se debe y el mundo se hundiría y por su avidez y por su opulencia, irritarían a Dios.

Porque ningún ojo ha visto ni ninguna oreja oído aquello con lo que el cielo ha revestido naturalmente a este espíritu, porque ningún corazón humano ha oído de él. En honor a Dios, hago un breve resumen de algunas propiedades de este espíritu que los filósofos han experimentado, a fin de que las personas piadosas que pudieran recibir este don divino celebren sus beneficios con fervor. Y os mostraré también la virtud y las potencias que reserva a cada ser, cómo se manifiesta corporalmente, a fin de que sea descubierto y reconocido con mayor facilidad.

En su ser primero, este espíritu aparece en un cuerpo terrestre, sucio y lleno de una debilidad multiforme. Pero encierra las siguientes propiedades: cura las heridas y la corrupción que atacan a los miembros del hombre, engendra carne sana y consume la gangrena, purifica toda putrefacción y toda hediondez en cualquier lugar que se fijen, lo cura todo en el interior y en el exterior.

En su segundo ser, reviste la apariencia de un cuerpo acuoso, más bello que en el primer caso, lo que hace que todavía sea corruptible bajo ciertos aspectos. Pero cuánto mayores son su energía, su eficacia y sus virtudes, más eficaz es también en todas sus operaciones y está más cerca de la verdad. Bajo esta forma, debido a su naturaleza oculta, presta ayuda en general a todas las enfermedades, frías y calientes, y es notable su utilidad en los casos de envenenamiento. Expulsa el veneno del corazón, disuelve sin esfuerzo todos los depósitos pulmonares y, habiéndolos destruido y deteriorado, los cura independientemente de su agitación. De este modo purifica la sangre. Descompone los depósitos que se han producido en los lugares espirituales, evitando toda prosecución de la destrucción. Absorbido tres veces al día durante una semana, aporta consolación y esperanza a toda enfermedad.

En su tercer ser, manifiesta un ser aéreo y un cuerpo de la naturaleza del aceite, que está casi liberado de todas sus imperfecciones. En este caso, demuestra obras completamente asombrosas, porque permite a los jóvenes que de forma regular, aunque sea en pequeñas dosis, lo absorban en su alimento, que conservar su cuerpo en un estado de belleza y de fuerza. Evita que les domine la melancolía y la inflamación de la bilis, desarrolla más allá de cualquier medida la sangre y el esperma, y a menudo los pacientes deben ser sangrados. Desobstruye y vuelve menos espesas las venas y los vasos sanguíneos y, cuando un miembro tiende a desaparecer, le vuelve a dar su justa medida. De igual modo, cuando un adolescente tiene un ojo alterado, en el momento de su crecimiento y antes de alcanzar la madurez, la instilación cotidiana de algunas gotas, seguida de un reposo de un mes, le devolverá la vista con total seguridad. Cuando un miembro alcanza un cierto grado de putrefacción y de superfluidad, lo elimina y lo disuelve al instante, reemplazando las partes perdidas.

En su cuarto ser, aparece en un cuerpo ígneo que todavía no está totalmente desembarazado de todas las imperfecciones, que aún tiene un componente ígneo, y cuya desecación es insuficiente. Grandes son sus virtudes: es eficaz para proporcionar la juventud a todos. Si un enfermo condenado a muerte absorbiese mezclado en vino un poco de este fuego, el peso de un grano de cebada, y si este medicamento pudiera alcanzar el estómago por vía bucal, el paciente sería reconfortado, recalentado y el medicamento alcanzaría el corazón, donde suprimiría toda humedad superflua. Expulsa el veneno, vuelve a dar vida al calor natural del hígado. Este fuego, absorbido por los ancianos en pequeña cantidad, elimina la enfermedad de la edad y adquieren entonces la juventud del corazón y del cuerpo, por esto que se le llama Elixir de vida.

En su quinto y último ser, aparece bajo un cuerpo glorificado e iluminado, sin defecto. Ahí brillan sol y luna, en ellos, todas las energías y todas las propiedades que posee en las demás esencias y de las cuales hemos hablado, las adquiere con más belleza e incluso maravilla, pues las obras naturales ya son consideradas como misterios divinos, puesto que vuelve a dar vida a los cuerpos viejos, muertos y desecados, dado que si se aplica a las raíces de un árbol seco, éste recobrará vida, reflorecerá y traerá frutos. Si se mezcla este espíritu con el aceite de una lámpara, ésta no se apaga, quemará eternamente sin pérdida alguna. Transforma el cristal en piedras preciosas de todos los colores, tan buenas y tan preciosas como las que provienen de las minas, y realiza también muchas otras cosas que no hay que revelar a la gente malvada, cosas que son consideradas como imposibles. En efecto, cura a todos los cuerpos, muertos o vivos, sin adjunción de ninguna otra medicina, y pido que Cristo me sea testigo, pues no miento en nada. En él se encuentra la única influencia de todos los cuerpos celestes que se buscan en todos los cuerpos y que se han difundido en cada cosa en particular. Los primeros revelan todos los tesoros ocultos en el mar y sobre la tierra, mientras que él transforma en sol a todos los cuerpos metálicos. Bajo los cielos, no se encuentra nada que le sea semejante.

Este espíritu es el misterio oculto desde el origen, del cual sólo algunos santos a quienes Dios ha otorgado la revelación han percibido la profusión de este honor; es un espíritu tal el que provoca en el aire una lluvia ígnea, el que conduce la terrestreidad hacia el cielo, mientras que ríos enteros de mar vivo fluyen de su vientre y de su cuerpo.

Este espíritu vuela hacia el cielo por medio del mundo intermediario. Nube que sube de la aurora, introduce en el agua su fuego que arde y tiene en el cielo su tierra clarificada, eliminando la malignidad de Saturno y de Júpiter, dando a Júpiter el resplandor del Sol y a Mercurio el de la Luna. ¡Para Venus, para Venus, su hermana, hace fluir la miel de las rocas, por los minerales está lleno de un eterno amor!

A pesar de las acusaciones de error que recaen sobre este espíritu que los calumniadores tendrán por falso, aquellos que lo conocen, aquellos que lo experimentan realmente, lo juzgarán verdadero y posible, por poco que se puedan comprender fielmente las palabras escondidas. ¡No te enfrentes pues a este espíritu antes de poseer una comprensión suficiente respecto a él, porque Dios es maravilloso en sus obras, y sus obras son, como su Sabiduría, innumerables!

En su naturaleza ígnea, este espíritu se llama Sandaraca, en su naturaleza aérea KubrickAliochat en su naturaleza terrestre. Pero estas denominaciones engañan a aquellos que le buscan sin antes haberlo reconocido, y que piensan que se descubrirá por estos procedimientos inútiles para nuestro arte. Aunque estos nombres designen las propiedades del espíritu que buscamos, él no está, ni puede encontrarse en estos cuerpos, ya que un espíritu clarificado no puede manifestarse en apariciones. En efecto, no debe considerarse que en un cuerpo como éste, adaptado a su género, existan diferentes espíritus aunque se le den diversos nombres: sea cual fuere el nombre que se le atribuya, no hay más que un único espíritu, eternamente. Un espíritu cuya ascensión ilumina la claridad del cielo, cuya pureza en este instante se incorpora a la tierra y que, en el curso de su carrera, abraza el crecimiento de las aguas. No es un ángel de las jerarquías inferiores. Su nombre es Rafael, el ángel de Dios, el más sutil y el más noble, y también el más puro, y los demás le obedecen como se obedece a un superior.

Esta substancia espiritual no es ni celeste ni infernal, es un cuerpo aéreo, puro y espléndido, la forma intermediaria entre los seres sublimes e inferiores, desprovista de entendimiento, pero fecunda en su operación, la más escogida y llena de gracia de todas las otras cosas celestes. Esta obra divina es demasiado profunda para que un insensato la pueda comprender, porque es el secreto último y sublime de la naturaleza, el Espíritu del Señor que llena el círculo de la tierra, que planeaba al comienzo sobre las aguas y que el mundo no puede asir sin la secreta y graciosa infusión del Espíritu Santo, o bien sin la instrucción secreta de sus conocedores. El mundo entero lo desea a causa de las energías que encierra, energías que los hombres jamás serán capaces de apreciar suficientemente. En efecto, estas energías penetran los planetas, elevan las nubes y expulsan las brumas, dan la luz a cualquier cosa, transforman todo en oro y en plata, confieren la salud y la profusión de los tesoros, purifican la lepra, despejan la vista, reconfortan las almas tristes, cuidan a los enfermos, manifiestan todos los tesoros ocultos, curan en general todas las enfermedades y todas las imperfecciones.

Este espíritu ha permitido que los filósofos descubran las siete artes liberales, ha engendrado su riqueza, ha permitido que Moisés creara los utensilios de oro del templo, que el rey Salomón realizara numerosas y notables obras en honor de Dios, que muchos hombres ejecutaran grandes acciones, que Noé construyera el arca, Moisés, el tabernáculo,  Salomón, el templo. Gracias a él, Esdrás restableció la ley, María, hermana de Moisés recibió la hospitalidad, Abraham, Isaac, Jacob y demás justos han obtenido larga vida y abundancia de riquezas, y todos los hombres piadosos que lo han conocido han celebrado la alabanza a Dios gracias a él.

Así, su adquisición es preferible a cualquier operación realizada con la plata y con el oro, pues es la mejor de todas las obras, ya que todos los bienes temporales que el hombre puede desear en este mundo no le son comparables, porque ha sido experimentado desde el origen, perfecto, impecable, el único en alojar la verdad. Por eso se le llama voz y verdad; su obra ignora la falsedad, y no puede celebrarse suficientemente su alabanza. Soy incapaz de describir adecuadamente su potencia, porque sus propiedades y su poder superan nuestro pensamiento y no son expresables en palabras: en efecto, posee una multitud de propiedades.

En resumen, ¿qué más podríamos decir? No existe, no ha existido jamás, nunca existirá nada que pueda permitir una exploración más profunda de la naturaleza.

¡Oh tú, Sabiduría divina de desbordante profundidad, tú que has encerrado en la fuerza y la potencia de este espíritu único todo lo que posee el conjunto de todos los cuerpos, oh tú, Sabiduría inefable revelada a los mortales: la potencia de tu espíritu mejora las cosas destructibles de la naturaleza!

¡Oh tú, misterio de los misterios, misterio que surge de todas las cosas misteriosas, cura y medicina universales, última exploración de la naturaleza, maravillosa conclusión para todos, para todos los patriarcas, los nuevos sabios y los filósofos de todas las cosas celestes inferiores, conclusión deseada por el mundo y la tierra entera!

¡Oh! ¡Qué espíritu maravilloso y digno de alabanza es tu pureza que, en su plena potencia, alberga toda alegría y toda riqueza, toda la fecundidad de la vida: arte de todas las artes, tú que otorgas la alegría temporal a aquellos que te conocen! ¡Oh tú, ciencia deseable y cosa amable entre todas las que están bajo el círculo de la luna, tú que confortas la naturaleza, renuevas el corazón y los miembros, mantienes a la juventud en la flor de la vida, expulsas la vejez y destruyes la debilidad, mantienes la belleza en su estadio más amable, contienes el bien en profusión y no cesas de dar todo lo que agrada al hombre! ¡Oh tú, potencia suprema, y que nada domina, que los ignorantes desprecian, pero que los sabios aman en una alabanza, en una gloria, en un honor sublimes, tú que expulsas toda obra mortal nacida de los humores y toda enfermedad artificial provocada por hechizo! ¡Tú aclaras la voz de los moribundos y les das la palabra! ¡Oh tú, tesoro de los tesoros, misterio de los misterios, Avicena te ha llamado la substancia inefable, el alma más pura, más perfecta y más potente del mundo, no hay bajo el cielo producto alguno del arte cuya naturaleza y cuya potencia no sean más insondables, operación más maravillosa, potencia más infinita, algo que tenga su semejante a él entre las criaturas, tú que encierras las potencias de los cuerpos celestes! ¡De ti, en efecto, fluyen las aguas de la vida, la miel y el aceite de la salvación eterna, y como dice Morieno: «les ha saciado con rocas y miel»! Quien lo tiene, lo posee todo y no tiene necesidad de ningún apoyo exterior.

¡Bendito eres, tú, Dios nacido del Padre, tú que les has dado a los profetas este conocimiento, esta inteligencia! ¡Estos lo han mantenido oculto a fin de que los ciegos, aquellos que están ahogados en la impiedad de este mundo, no puedan descubrirlo, a fin de que los hombres piadosos y capaces puedan gracias y celebrar tu alabanza! En efecto, aquellos que revelan y que descubren a los indignos el misterio de esta cosa quebrantan el sello celeste, la revelación del misterio es una ofensa para la entera Majestad divina, las desgracias les abruman y el castigo de Dios es inminente.

Ruego pues con todo mi corazón a todos los creyentes en Cristo que tienen este conocimiento, que no hablen de ello a nadie, que no lo comuniquen a cualquiera, sino solamente a quienes viven de acuerdo con la divinidad, después de haberlos puesto a prueba durante mucho tiempo, después de que hayan reconocido que viven virtuosamente, que alaban y que honran a Dios, Dios que ha dado a los hombres un tesoro semejante. ¡Muchos lo buscan y pocos lo encuentran, indignos que son de este saber los impuros que viven en el vicio; arte que no debería ser mostrado más que a aquellos que temen a Dios, arte que nada puede comprar!

Tomo a Dios por testigo: lo que digo no es mentira, incluso si eso parece imposible por naturaleza. No hay nada actualmente, no existió jamás nada ni existirá jamás nada que permita una exploración tan profunda de la naturaleza.

¡Alabado sea Dios, el Dios supremo y Todopoderoso, que ha creado este arte y se ha complacido en revelar este conocimiento a los hombres que le temen! Así pues, ha sido realizada esta obra excelente y de las más preciosas, esta revelación del espíritu oculto que tiene escondidos en su seno los secretos y los misterios de este mundo. Este espíritu es una divinidad única, un ministerio sagrado, divino y maravilloso, que encierra el mundo por entero. Este último está en él, y en él y en un instante encuentra su verdad, este espíritu, en efecto, domina verdaderamente a los elementos y la quintaesencia.