Reflexiones de Alejandra Abellán y Bea Colom sobre la Barca Sagrada de los antiguos egipcios y su función de vehículo en el viaje al Más Allá .

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 “La Santa Madre fluía en mí y en ella el sabio Señor nadaba en su barca dorada.” (El Mensaje Reencontrado)

 “Salve, oh Nilo, que surges de la tierra, que vienes a dar vida al pueblo de Egipto. Bebiendo tu agua el dolorido se vuelve contento, todo corazón se llena de gozo. El dios cocodrilo ríe y la divina Enéada se glorifica por ti...” (Himno al Nilo)

 

“Egipto es un don del Nilo” como dijo Heródoto.  Si tuviéramos la suerte de viajar cuarenta y cinco siglos atrás y nos situáramos ante la orilla del río Nilo en algún lugar entre las ciudades de Menfis y Guiza, ante nosotros aparecería una imagen muy especial. Tendríamos el honor de contemplar la comitiva que transportaba en la Barca Solar el cuerpo embalsamado del difunto faraón Keops. La Barca Solar fue enterrada con él.

El más Allá, llamado Duat por los egipcios, era el lugar por el que el alma transitaba tras la muerte del cuerpo físico. Así, los habitantes del Valle del Nilo, observaron que este viaje se asemejaba a la navegación que el gran dios Ra, el dios Sol, realizaba todas las noches en su barca sagrada. De esta forma los antiguos egipcios quisieron asociarse con el dios solar en el momento de su viaje, buscando salvar sus almas de la noche y encontrar la inmortalidad divina. En el capítulo XXVII del Libro de los Muertos leemos:

«En medio del Gran lago, salve, oh Estrellas / De la Cadera, vosotras que brilláis en el / ¡Cielo Boreal! Vosotras que sois testigos / De mi muerte, ¡mirad! Me presento con / La corona de un dios en la cabeza, ante / Vosotras… He aquí que habiendo franqueado / El Portal de la Muerte, lo mismo que un / Dios, me yergo ante vosotras…»

Los habitantes del Valle del Nilo, observaron que el viaje del difunto se asemejaba a la navegación que el gran dios Ra, el dios Sol, realizaba todas las noches en su barca sagrada.

Era muy importante que el Sol triunfara en su viaje por el inframundo, para asegurarse de que Osiris resucitara y que el alma del difunto encontrara la salida a la luz del día (según los egiptólogos Maspero y Mayassis el Libro de los Muertos debería llamarse “Libro de la Salida a la Luz del Día”).

Una de las peculiaridades que encontramos al seguir a Ra por este viaje, es que, al parecer, en el momento de cruzar la Duat o región inferior, el dios (o el difunto) se encuentra limitado, es decir, carece de la plenitud de sus fuerzas. Quizás por eso, siempre necesita de unos rituales que le acompañen y le guíen. En el caso de la barca Solar de Ra, encontramos a dos guías muy importantes. Estos acompañantes son Sa y Hu, creados de la masturbación y la mutilación del falo de Ra. Sa es el piloto delantero (proa) y Hu, el piloto posterior (popa) quien maneja el gobierno de la barca.

 

 KV 17 Tumba de Seti I (Valle de los Reyes) Hu y Sa acompañan al alma del difunto

El egiptólogo S. Mayassis realizó un trabajo poco reconocido pero excelente acerca de estas dos figuras dedicándoles un capítulo entero en su obra «El Libro Egipcio de los Muertos es un Libro de Iniciación». En este libro el autor nos propone comparar a Sa con la Inteligencia Suprema o el Pensamiento y a Hu con la Materia o la Palabra Creadora, la potencia del Verbo.  Podemos leer en el Capítulo XXVII (Invocación a Isis y Nephtys) delLibro de los muertos: “Os anuncio mis palabras de potencia / He aquí que en medio de destellos / Navego en mi barca celeste”

Según Mayassis, “Hu y Sa son personajes extremadamente importantes, pues es a ellos a quienes se les da la función de asegurar el renacimiento del dios, siendo los agentes de la resurrección así como los agentes creadores por la intermediación de los cuales se manifiesta toda potencia divina”. Además, Mayassis asegura que son dos caras de una misma cosa y que no pueden ser separados el uno del otro, ya que la unión es su vida. Nos atrevemos a decir que sin ellos la Barca Solar no puede avanzar, por lo tanto sin ellos Ra no podría realizar su viaje a través de las Doce Puertas de la Duat.

Hu y Sa son los agentes de la resurrección así como los agentes creadores por la intermediación de los cuales se manifiesta toda potencia divina

El muerto rey crea por la palabra: “El muerto rey es el escriba del libro divino, lo que él dice existe y hace existir lo que no es (todavía)” – “Realiza su transformación en Dios, otorgando la luz a la ruta de las tinieblas” – “Yo hago verter la luz del principio, la luz sobre la ruta de las tinieblas totales… A raíz de la gran fuerza mágica de mi palabra…” (Libro de los Muertos XXX, 1-2). Pero son Hu y Sa quienes realizan la magia necesaria para que Osiris-Ra resulte victorioso.

De hecho, según los egiptólogos A. Piankoff y G. Maspero, Hu es un mago, e incluso encontramos que algunas veces se le identifica con el dios Heka, el «Gran ka de Ra», que esencialmente representa el poder de la magia misma, una fuerza divina que existía en el universo de la que los Textos de las Pirámides nos cuentan que era temida por los propios dioses y que protegía al dios Osiris en el mundo inferior, acompañándole en su viaje, por tanto nada nos impide aventurarnos a pensar que Heka es una manifestación del propio Hu, o el poder que éste posee hecho acto, incluso algunas veces ha sido identificado con el mismísimo dios escriba Toth.

¿Por qué son  imprescindibles estos “barqueros”?

Sabemos que, Hu, el piloto de la popa de la barca, es la esencia, la palabra que surge de la potencia del Verbo y por la cual se transmite y se manifiesta la propia inteligencia-voluntad del piloto de proa, esto es, de Sa. Esta potencia, esta “substancia inteligible” forma el equipamiento de la Barca Solar.

El estallido de esta substancia es simbolizado por el falo de Ra y su potencia creadora está contenida en su sangre, es decir, en los rayos solares. Mayassis escribe: «Entonces Hu y Sa, son luces surgidas del falo del sol (Ra)… Hijos o miembros de su padre, surgidos de su sangre-luz, son inseparables y “se convierten en los dioses de su séquito”.  

Gracias a ellos, Ra avanzará en su viaje, serán ellos quienes abrirán las Doce Puertas mediante las oraciones e invocaciones necesarias. De alguna misteriosa forma que permanece ajena y velada para nuestra mentalidad, los egipcios trataron de enseñarnos que Ra, al mutilarse o masturbarse, engendra en sí mismo a Hu y a Sa, lo cual nos indica que ambos son estrictamente de la misma esencia que Ra, pues han sido creados por la sangre del órgano de la generación mutilado del dios, pero no  han sido nacidos, sino formados, tal como indica Mayassis: “tú modelas tus miembros, ¡oh Sol! Y te infantas a ti-mismo, no infantado/nacido”.

Ambos son de la misma esencia que Ra, pues han sido creados por la sangre del órgano de la generación mutilado del dios, pero no  han sido nacidos, sino formados

Plutarco, a propósito de la estatua itifálica de Osiris, dice: “Todo principio multiplica por fecundación todo aquello que proviene de él”. Por eso Mayassis asegura que la de Ra: “es una fecundidad ‘multiplicadora’ y no ‘engendradora’, un tipo de creación por multiplicación, por efusión, por parcelación o fragmentación, pero cuya fuente generadora, emisora, permanece intacta e inalterable. Esta manera de fecundación por multiplicación  y esta de mutilación, de fornicación en sí-mismo, de masturbación  y el germen está contenido en la sangre del órgano mutilado.»

Es por esto que el alma (recordemos que los egipcios identificaban al alma del difunto con el dios solar) demanda la ayuda de Hu y de Sa, los supremos agentes-luz de la resurrección, la luz del Verbo Creador. «Yo devengo uno de vosotros porque yo mismo (yo) soy la sangre, como vosotros mismos, que habéis salido del falo de Ra, yo soy la luz como vosotros lo sois, por esta razón tendedme vuestro brazo ayudadme a mi elevación».Así, al igual que Osiris-Ra, el alma del difunto aspira a resucitar, por tanto desea devenir la luz/potencia poderosa poseedora de las potencias propias de su padre, Ra, siendo ella misma una chispa emanada en la formación de los dioses y de las almas por emanaciones de su propia luz. Ella aspira ser un dios poseedor del brillo de Ra, brillo de la Inteligencia y del Verbo. Y es por esto que el viaje a través de las Doce Puertas es realizado solamente con la ayuda de Hu y Sa, seres de luz:“Yo soy el amo de la luz. La muerte me repugna, me llena de espanto… Alabando a Osiris, yo tranquilizo los corazones de esos espíritus, que acompañan a este dios en sus periplos” (Capítulo LXXXV Libro de los Muertos).

El alma aspira ser un dios poseedor del brillo de Ra, brillo de la Inteligencia y del Verbo.

Es importante tener presente que el calendario egipcio se dividía en veinticuatro horas, de las que doce correspondían al período de luz solar, durante las cuales el dios Ra surcaba el cielo en su barca diurna llamada Mandyet y doce relativas al mundo del Más Allá, en las cuales, el sol atravesaba las regiones oscuras de la Duat en la barca nocturna, Mesektet. El que nos ocupa es el viaje nocturno, que es el que recoge el Libro del Amduat, conocido también como «Libro de lo que hay en el otro mundo» o «Libro de la Cámara Secreta»  y que establece las doce divisiones correspondientes a las doce horas nocturnas, describiendo distintos episodios en cada una de estas. Son muchas las tumbas del Valle de los Reyes que contienen varios pasajes de este libro, siendo las cámaras funerarias de Thutmosis III (Kv XXXIV) y Amenhotep II (Kv XXXV) las que lo contienen casi por completo.

Cada una de las doce divisiones con excepción del prólogo y la última, está compuesta de tres registros: el registro central  representa el río por el que el dios sol navega en su barca. Los otros dos representarían las orillas  (encontramos aquí una clara alusión al río Nilo, el gran maestro de los egipcios, portador de vida y objeto de veneración, cuyas aguas se creía que manaban del oculto Nilo Celeste).  El viaje comienza en el horizonte del Oeste; después de cruzar el mundo subterráneo, Ra reaparece como Khepri, el sol naciente en el Este. Hu y Sa acompañan al dios solar como parte de la tripulación de su barca y ayudan a Osiris para que pueda tener la potencia suficiente en su viaje al más Allá. Ra dice (a los trece dioses):“¡Oh Contemplad!…  El dios Sia y el dios Heka, se unen ellos mismos a mí para que yo pueda cuidaros”.

 

 Este libro ha sido compuesto por Isis para su hermano Osiris, a fin de hacer revivir su alma, reanimar su cuerpo y devolver el vigor y la juventud a todos sus miembros divinos, a fin de que él sea finalmente reunido con el Sol, su padre.” Sa-hu

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