Selección de textos clásicos de todas las culturas sobre el origen divino de la belleza. Todos ellos forman parte del libro «Tesoro de la sabiduría tradicional» de Whitall N. Perry.

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Whitall N. Perry

La experiencia estética pura es la de aquellos que tienen un conocimiento innato de la belleza ideal; es conocida intuitivamente, en éxtasis intelectual sin participación del pensamiento, en el nivel más alto del ser consciente; nacida de una madre con visión de Dios, su vida es, como si dijéramos, un relámpago de luz cegadora de origen transmundano, imposible de analizar, y sin embargo imagen de nuestro mismo ser. (Sáhitya Darpana)

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Nada hace bella a una cosa sino la presencia y participación de la Belleza lograda de cualquier modo o manera… Por la Belleza, todas las cosas bellas se vuelven bellas. (Platón)
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La Belleza absoluta es la Majestad divina investida con (los atributos de) poder y generosidad. Toda belleza y perfección manifestadas en los diversos grados de seres es un rayo de Su belleza perfecta allí reflejada. Es de estos rayos de los que las almas exaltadas han recibido su marca de belleza y su calidad de perfección. (Jâmî)
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Y mi espíritu es un espíritu para todos los espíritus (de los seres creados); y todo lo que ves de belleza en el universo procede de la generosidad de mi naturaleza. (Ibn al-Fârid)
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La Belleza supraesencial se llama «Belleza» debido a la cualidad que comunica a todas las cosas separadamente según su naturaleza, y por ser la causa de la armonía y esplendor de todas las cosas, que proyecta sobre todas ellas, como luz, las embellecedoras comunicaciones de Su rayo originario; y por convocar a todas las cosas hacia Sí (de ahí que tenga el nombre de «Hermosura») y por reunir a todas las cosas en un estado de mutua interpenetración. Y se dice que es «bella» porque es Todo-Belleza y más que Belleza, y es eterna, invariable e inmutablemente Bella; no puede nacer o morir, crecer o disminuir; y no es bella en una parte y horrible en otra; ni tampoco en una ocasión y no en otra; ni tampoco bella con relación a una cosa y no a otra; ni bella en un lugar y no en otro (como si fuera bella para unos pero no para otros); no, por el contrario, es, en sí misma y por sí misma, única y eternamente bella, y de antemano contiene de manera trascendente la belleza originante de todo lo que es bello. Pues en la naturaleza simple y sobrenatural que pertenece al mundo de las cosas bellas, toda belleza y todo lo que es bello tiene su Causa única y preexistente. De esta Belleza derivan su existencia todas las cosas, siendo cada clase bella a su manera, y siendo la Belleza la causa de la armonía, la simpatía y la comunidad de todas las cosas. Por esta Belleza todas las cosas están unidas y ella es el principio de todas las cosas […]. Causa creativa que mueve el mundo y mantiene todas las cosas en la existencia por el anhelo de su Belleza. Y es la Belleza el objetivo de todas las cosas, y su Amada, al ser su Causa final (pues es el deseo de Belleza lo que las trae a la existencia), y el modelo del que sacan sus límites precisos; de aquí que la Belleza sea lo mismo que el Bien, puesto que todas las cosas, en toda causalidad, desean el Bien y la Belleza; no existe nada en el mundo sin una participación en la Belleza y en el Bien. Y nos atrevemos a decir que lo no-existente participa también de la Belleza y el Bien; pues cuando se alaba supraesencialmente a Dios por sustracción de todos los atributos, esta negación es cosa hermosa y buena. El Bien y la Belleza Únicos son en su unidad la causa de todas las muchas cosas bellas y buenas. (Dionisio)
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Ellos llaman a esto «lugar de encuentro de las cosas bellas» (samyadvámá), pues todas las cosas hermosas (váma) se reúnen (samyantí) en ella. Todas las cosas hermosas van hacia aquel que sabe esto. (Chándogya Upaníshad)
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Quien ha sido así instruido en las cosas del amor y ha aprendido a ver la belleza en el orden y la sucesión debidas, cuando llegue hacia el final percibirá de repente una naturaleza de maravillosa belleza (y ésta, Sócrates, es la causa final de todos nuestros esfuerzos anteriores), una naturaleza que, en primer lugar, es eterna, que ni nace ni perece, ni crece ni mengua; que, en segundo lugar, no es bella desde un punto de vista y horrible desde otro, o bella en un momento determinado, o respecto a una cosa o en un lugar, y horrible en otro momento, o respecto a otra cosa o en otro lugar, como si fuera bella para unos y horrible para otros, sino Belleza absoluta, autosuficiente, simple y eterna, de la que sin disminución y sin aumento, sin ningún cambio, se participa la belleza creciente y perecedera de todas las demás cosas. El que, desde este ascenso bajo la influencia del verdadero amor, comienza a percibir esa Belleza, no está lejos del fin. Y el justo orden para acercarse, ya sea por uno mismo o conducido por otro, a las cosas del amor, es empezar desde las bellezas de la tierra y ascender por medio de esa otra Belleza, utilizando aquéllas sólo como peldaños, y pasar de cada uno al siguiente, y de éstos a todas las formas bellas, y de las formas bellas a las prácticas bellas, y de las prácticas bellas a las ideas bellas, hasta que a partir de las ideas bellas se llega a la idea de Belleza absoluta, y al fin se conoce la esencia de la Belleza. (Platón)
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Dios es bello y ama la belleza. (Muhammad)
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Di: «¿Quién ha prohibido los adornos que Dios ha producido para Sus siervos y las cosas buenas de que os ha proveído?» […]. Di: «Mi Señor prohíbe sólo las deshonestidades, tanto las públicas como las ocultas, el pecado, la opresión injusta, que asociéis a Dios algo a lo que Él no ha conferido autoridad y que digáis contra Dios lo que no sabéis». (Qur’án)
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Todo arte está interesado en adornar, y la misma existencia de las artes fue un descubrimiento hecho en nombre del ornamento. (Apolonio de Tiana)
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Cuando uno se acerca a lo Maravilloso, no sabe si el arte es Tao o si el Tao es arte. (Hui Tsung)
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Todo lo que es dulce, delicioso y amable en este mundo, la serenidad del aire, la delicadeza de las estaciones, la alegría de la luz, la melodía de los sonidos, la belleza de los colores, la fragancia de los olores, el esplendor de las piedras preciosas, no es sino el Cielo que atraviesa el velo de este mundo, manifestándose en ese nivel y proyectando la variedad que está en su propia naturaleza. (William Law)
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El platónico Plotino platica sobre la Providencia y a partir de la belleza de las flores y el follaje, prueba que del supremo Dios, cuya belleza es invisible e inefable, la Providencia baja incluso a estas cosas terrenas; todas las cuales, tan transitorias y pasajeras, no podrían extraer su belleza peculiar, tan rica y tan variada, sino de esa Belleza intelectual e inmutable que las conforma a todas. (San Agustín)
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El ser es deseable porque es idéntico a la Belleza, y la Belleza es amada porque es Ser… Nosotros mismos poseemos la Belleza cuando somos auténticos con nuestro propio ser; la fealdad aparece al cambiarnos a otra naturaleza que no es la nuestra; conociéndonos a nosotros mismos, somos bellos; en la auto ignorancia, somos feos. El mismo orden, disposición, belleza, cambio y movimiento del mundo y de todas las cosas visibles proclama en silencio que sólo podría haber sido hecho por Dios, el inefable e invisiblemente grande y el inefable e invisiblemente bello. (San Agustín)
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Cuando, en el transcurso de la caza diaria, el cazador piel roja se encuentra con una escena particularmente bella o sublime — una obscura nube de tormenta con el arco iris resplandeciendo por encima de la montaña, una blanca cascada en el corazón de un verde desfiladero, una pradera inmensa teñida con el color rojo sangre del crepúsculo — se detiene un instante en actitud de adoración. (Ohiyesa)
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Él es Dios –no hay más dios que Él–, el Conocedor de lo oculto y de lo patente. Es el Compasivo, el Misericordioso. / Él es Dios –no hay más dios que Él–, el Rey, el Santo, la Paz, el que da Seguridad, el Custodio, el Poderoso, el Fuerte, el Sumo ¡Gloria a Dios! ¡Está por encima de lo que Le asocian! / Él es Dios, el Creador, el Hacedor, el Formador. Posee los nombres más bellos. Lo que hay en los cielos y en la tierra Le glorifica. Él es el Poderoso, el Sabio. (Qur’án)
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Los hombres que aman el cuerpo nunca tendrán la visión de la Belleza y el Bien. ¡Qué magnífica, hijo mío, es la belleza de lo que no tiene forma ni color! (Hermes)
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Lo que comunica la forma a las formas es sin forma; por eso el Tao no puede tener ningún nombre. (Chuang-tse)
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Aunque los nombres que damos a Dios son muchos, la suprema Naturaleza de Dios es una simplicidad que no puede ser nombrada por ninguna criatura. Pero debido a su incomprensible nobleza y a su carácter sublime, que no podemos nombrar correctamente ni expresar plenamente, Le damos todos esos nombres. (Ruysbroeck)
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Cada Sephirah tiene un nombre específico, por el que también los ángeles son nombrados, pero Tú (la Esencia incognoscible) no tienes un nombre específico, pues eres el Único que llena todos los nombres y les da su verdadero significado. (Zohar)
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Dijo Lao-tse: «Treinta radios se agrupan alrededor del centro de la rueda, y cuando pierden su individualidad, tenemos un carro que funciona. Amasamos arcilla en una vasija y, cuando la arcilla pierde su existencia propia, tenemos un utensilio utilizable. Hacemos un agujero en la pared para hacer puertas y ventanas, y cuando las puertas y ventanas pierden su existencia propia, tenemos una casa en que vivir». Y así cuando miramos una cueva de piedra o un lugar sagrado y vemos las cumbres que se elevan verticalmente, los desfiladeros que se extienden horizontalmente entre las montañas, las formas naturales que suben y forman precipicios, las que bajan y forman los ríos, las que están niveladas y forman las mesetas, las que se inclinan y forman las laderas, las que se extienden hacia el otro lado y se convierten en puentes, y las que se juntan y se convierten en barrancos, nos damos cuenta de que, a pesar de la incomparable diversidad de su grandeza y su misterio, ese misterio y esa grandeza aparecen cuando las partes pierden su existencia individual. Pues cuando pierden su propia existencia, no son desfiladeros, ni precipicios, ni ríos, ni mesetas, ni laderas, ni puentes ni barrancos. Pero es exactamente en su no existencia donde la sensibilidad en nuestro pecho y la visión bajo nuestras cejas vaga y flota a su gusto. Y ya que esta especial sensibilidad en nuestro pecho y esta especial visión bajo nuestras cejas puede vagar y flotar a su gusto sólo cuando estas cosas son no existentes, ¿por qué, entonces, debemos continuar yendo a la cueva de piedra y al lugar sagrado? (Chin Shengt’an)
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Comprender los diferentes órganos del caballo no es comprender el caballo. Lo que llamamos caballo existe antes de sus diferentes órganos. (Chuang-tse)
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Moisés entró en la oscuridad en que Dios estaba, es decir, en la esencia oculta, invisible, incorpórea y arquetípica de las cosas existentes. Así percibió lo que está escondido a la vista de la naturaleza mortal y, en sí mismo y en su vida que expuso para que todos la vieran, ha puesto ante nosotros, como un grabado bien trabajado, una obra bella y divina, un modelo para aquellos que quieran copiarla. Felices quienes imprimen esa imagen en su alma. (Filón)
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Puesto que existe el Bien en todas las cosas buenas, debe proceder de otra parte (que del mundo de las cosas); esa fuente debe ser un Bien absoluto y único. Así se nos revela el Originalmente Existente, el Bien, por encima de todo lo que tiene ser. Bien sin mezcla, que todo lo transciende, Causa de todo, el Hacedor, como lo más consumado, debe superar lo hecho. (Plotino)
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Debieron conocer cuánto mejor es el Señor de ellos, pues es el autor de la belleza quien hizo todas estas cosas… Pues en la grandeza y hermosura de las criaturas, proporcionalmente se puede contemplar a su Hacedor original. (Sabiduría)
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Los huertos y los frutos verdaderos están dentro del corazón: el reflejo de su belleza cae sobre esta agua y esta tierra (el mundo exterior). / Si no fuera el reflejo de ese delicioso ciprés (el corazón del santo), Dios no lo habría llamado morada del engaño. / El engaño consiste en lo siguiente: este fantasma (el mundo exterior) saca su existencia del reflejo del corazón y el espíritu de los hombres santos. / Todos los engañados vienen a contemplar este reflejo creyendo que éste es el lugar del Paraíso. / Huyen de los orígenes de los huertos, se divierten con un fantasma. (Rûmî)
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Todo el mundo se pasma a la sola vista del jardín de un rico. La gente se queda sin habla a la vista de los árboles, las flores, los estanques, el salón, los cuadros. Pero, ay, ¡qué pocos son los que buscan al propietario de todo esto! (Sri Ramakrishna)
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