Lectura simbólica de un jeroglífico de Louis Cattiaux destinado a ilustrar el capítulo de El Mensaje Reencontrado que lleva por título «La tierra viva». Raimon Arola

blancEn 1948 Louis Cattiaux publicó los doce primeros capítulos del Mensaje Reencontrado . Más tarde fueron apareciendo nuevos capítulos hasta llegar a los cuarenta que forman la edición definitiva. (1) En los publicados en 1948, la inspiración de Cattiaux está expuesta de manera muy condensada; el autor se esmeró para que sus sentencias fueran extremadamente precisas y que el conjunto del libro tuviera una coherencia perfecta, de tal modo que incluso creó doce imágenes que correspondían a cada uno de los doce capítulos. (2)

 

 

 

 

La tierra viva 

De dichos dibujos, el penúltimo es especialmente insólito; estaba destinado a ilustrar el capítulo 11, titulado: Rive ténue / Tierra viva. En la imagen se adivina un hombre con la cabeza cubierta por algo cuya forma recuerda la de un ave. En el centro de la figura aparece un huevo en cuyo centro se observa una estrella de cinco puntas. A la derecha y a la izquierda de su rostro aparecen el sol y la luna, mientras que sus pies pisan una serpiente. Así mismo, aparecen inscritas varias divisas entre las líneas entrecruzadas y en los márgenes. Se trata de un jeroglífico que muestra de forma indivisa el misterio del hombre al que tanto se refirió Cattiaux a lo largo de su obra, así por ejemplo afirmaba que: «La flor más pequeña representa el Universo. Pero sólo el hombre lo contiene por entero». (El Mensaje Reencontrado 1, 21) Sin duda, Cattiaux se refería al hombre regenerado que los antiguos denominaron microcosmos, pues en él se hallaba contenido por entero el Universo o Cosmos. Para expresar esta idea, la forma gráfica ideada por nuestro autor es realmente ingeniosa, pues incluye diferentes símbolos alquímicos y cabalísticos, reunidos para enseñar un único misterio. Por eso, la lectura de las partes no debe en ningún momento hacernos perder de vista el mensaje del conjunto.

La flor más pequeña representa el Universo. Pero sólo el hombre lo contiene por entero

Como ya hemos dicho, se debe interpretar como un jeroglífico indiviso, es decir, como un gráfico sagrado que manifiesta lo inmanifestado y enseña el misterio de la creación divina. El centro del hombre, desde el cuello hasta los genitales, está representado por un huevo en cuyo interior hay una estrella de cinco puntas o pentáculo, como los que utilizaban los antiguos magos y cabalistas. En El Mensaje Reencontrado el huevo representa la unión del cielo y la tierra: «El corazón del cielo y de la tierra es como un huevo oculto en el mar del mundo». (MR 3, 24′) Las líneas entrecruzadas que esbozan la forma del hombre están dispuestas como en una vidriera. Incluso es probable que el propio Cattiaux concibiera esta imagen como tal, pues también la pintó sobre un pequeño cartón, sin ninguna divisa y coloreando los fragmentos entre las líneas entretejidas, no sólo en el cuerpo del hombre, sino también en el fondo. Los colores del personaje son amarillos y ocres, con algunos, pocos, fragmento rojos, azules y verdes; la parte superior del fondo, que corresponde al cielo, está coloreada en tonos azules y la parte inferior, en tonos marrones y oscuros, representa la tierra. Como ya hemos dicho, el conjunto recuerda una vidriera, cuyo sentido filosófico se relaciona, según el propio Cattiaux, con la palabra profética: «Examinados desde fuera, los roseto­nes de las catedrales sólo dejan ver su osamenta, pero, vistos desde dentro, su resplandor ilumina al creyente. Así, la palabra de vida oída desde fuera sólo deja ver el hueso de la verdad, mientras que esta misma palabra percibida desde dentro hace saborear la médula nutritiva del creador de todas las cosas». (MR 21, 17)

El dibujo recuerda una vidriera, cuyo sentido filosófico se relaciona, según el propio Cattiaux, con la palabra profética.

Los constructores medievales concibieron las vidrieras y rosetones de sus catedrales para enseñar que Dios es luz. Los cristales de los rosetones les permitían fijar la luz esparcida por doquier y modelarla por medio de iconos y ritmos ornamentales que daban testimonio de su fe. Pero el arte de la luz, al igual que el de la palabra profética, sin la bendición divina, o lo que es lo mismo, sin el bautismo que permite penetrar en el templo y contemplarla desde el interior, no es mas que una osamenta.

En la parte superior del dibujo está escrito LUX, ‘luz’ y en la parte inferior KÉMIT, que en el lenguaje hermético significa ‘tierra negra’. En la tierra viva, que corresponde a rive ténue, los dos títulos del capítulo al que nos hemos referido al principio, se produce la fusión de la luz celeste con la negrura terrestre, quizá por eso, Cattiaux representó este jeroglífico como si fuera una vidriera, en la que aparecen todos los colores, desde el negro hasta el blanco. En El Mensaje Reecontrado escribió respecto a ello: «El arco iris anuncia las bodas del cielo y de la tierra». (MR 2, 28′)

KÉMIT es la tierra de los alquimistas y ellos siempre la han relacionado con Egipto. Cattiaux lo corrobora en una de sus cartas: « Siento una especial veneración por el Egipto antiguo, […] y espero visitar algún día esta tierra amada por los dioses de donde surgió la luz que hace vivir a los hombres, pues Egipto es la tierra negra, la kémit de los hermetistas».(3) Cattiaux recoge la leyenda según la cual, el nombre de Kemia, denominación de Egipto en la antigüedad mítica, procedía de Cam (o Kem), el hijo negro de Noé, quien se estableció allí después del diluvio, y dado que la alquimia surgió de Egipto, se creyó que su nombre procedía del país que la inventó; así pues, al-quimia sería un derivado de kemia . Según la interpretación exotérica, el nombre de ‘tierra negra’ o kemia se debe al lodo que dejaba el Nilo después de las inundaciones, y esa era precisamente la tierra fértil que permitía la abundancia de las cosechas. Pero esotéricamente se trata de otro lodo del cual procede el tesoro que buscan los alquimistas; aunque muchos lo desprecian por su color oscuro, tal como se explica en el siguiente versículo de El Mensaje Reencontrado: «Ella ofrece la plata y el oro, el diamante y el rubí, pero todos rechazan su mano porque es negra». (MR 4, 8′)

KÉMIT es la tierra de los alquimistas y ellos siempre la han relacionado con Egipto

En el dibujo de Cattiaux el nombre de esta ‘tierra negra’ aparece escrito a los pies del personaje, para mostrar que a partir de su oscuridad emergen los colores de la creación, como las piedras preciosas se extraen de las honduras de la tierra. Encima de la palabra KÉMIT puede observarse una serpiente y la inscripción COAGULA. Louis Cattiaux escribió lo siguiente a uno de sus amigos: «La aventura de Adán parece ser tanto la experimentación de la mugre exterior como la adquisición del fijo», (4) lo que podría interpretarse como que en el misterio del exilio del hombre se esconde el secreto de la coagulación de la luz. Sin embargo, cierto espiritualismo desprecia todo lo que está relacionado con la caída, pues sólo se percata la mugre exterior que ésta conlleva, ignorando que en la inmundicia también se oculta el secreto de Dios. Sobre ello escribió Cattiaux: «La caída del hombre tiene una fina­lidad divinamente elevada, que es la adquisición de un cuerpo bajo y su glori­ficación en Dios. Los que predican el rechazo del cuerpo también pierden el espíritu y tienen que volver a soportar la encarna­ción en unas tinieblas todavía más opa­cas». (MR 15, 49)

El arte de la alquimia enseña que primero es necesario separar lo puro de lo impuro por medio del disolvente universal, que sólo puede obtenerse con la ayuda de Dios. Nuestro autor escribió: «Hay que disolver antes de coagular. Es la ley del cielo y de la tierra» (MR 31, 39). Primero disolver y después coagular, tal como reza el famoso lema alquímico: solve et coagula . Estas dos operaciones también están representadas en la figura por medio de la serpiente situada a los pies del misterioso personaje: «La mujer aplastando la cabeza de la serpiente significa la disolución, y la serpiente mordiéndole el talón, la coagulación» . (5) En el dibujo, la palabra SOLVE, ‘disuelve’, aparece escrita sobre un ave que desciende del cielo, justamente debajo de la divisa LUX; pues, según se desprende de los textos alquímicos, el conocimiento experimental de la luz divina es lo que permite desligar el secreto de Dios de la mugre exterior.

El arte de la alquimia enseña que primero es necesario separar lo puro de lo impuro por medio del disolvente universal, que sólo puede obtenerse con la ayuda de Dios.

Solve et coagula, el pájaro y la serpiente, son las vías que permiten la unión del cielo y la tierra, tal como está escrito en El Mensaje Reencontrado: «¿La luz de vida no ha salido de la unión del cielo y de la tierra? Y ¿las dos vías de Dios no se encuentran mila­grosamente unidas en ella sola? Los profanos ignoran ambas, los medio instruidos las separan y las opo­nen; solamente los sabios las juntan y las unen en la unidad de Dios». (MR 31, 41) El ave donde aparece escrita la palabra SOLVE, tiene la apariencia de un sombrero, pues, según explicaba Cattiaux, los personajes tocados con un sombrero representaban en sus pinturas algo oculto y en este sentido, la disolución es el mayor misterio del arte alquímico, pues depende de un don divino; sin él tan sólo existe la química vulgar de los avaros. (6)

En el centro del dibujo puede leerse la palabra AZOTH, dividida por el perfil del huevo central. AZOTH es un término muy utilizado por los alquimistas, pues designa su materia. Nicolas Valois escribió al respecto: «Has de saber que el fuego y el azoth te bastan; es decir, la primera materia preparada según se ha dicho y el fuego». (7) En unas líneas anteriores, Valois explicaba la preparación de su materia: «Nuestra composición no es flemática ni está cargada de la tierra condenada, que es la prisión de nuestra Piedra. Así, esta tierra maligna, separada industriosamente de la otra tierra pura, será nuestro compuesto, la materia de la Piedra, sin ningún retraso ni impedimento. Más claramente no puedes ser enseñado». (8) Para remarcar el carácter global de su materia, algunos alquimistas interpretaron el término AZOTH como el principio y fin de toda conjunción, pues, la letra A es la primera en todos los alfabetos, la Z es la última del alfabeto latino, la O (omega) es la última del alfabeto griego y la TH (tav) es la última del alfabeto hebreo. Zoth es también el primer nombre que Adán dio a Eva cuando exclamó: «Ésta (zoth), esta vez, es hueso de mis huesos…» (Génesis 2 , 23). Si consideramos zoth como un sustantivo precedido del artículo definido ha, obtendremos hazoth, o azoth en escritura defectiva. (9)

AZOTH es un término muy utilizado por los alquimistas, pues designa su materia.

Formando un triángulo aparecen relacionadas tres palabras: KÉMIT, KHARIS y KHRIST. Corresponden a las tres fases de la Gran Obra, tal como escribió el propio Cattiaux en El Mensaje Reencontrado: «La tierra negra dormida. La viva luz del mundo. El Salvador rojo perfectísimo». (MR 4, 1′) KÉMIT corresponde, como hemos visto, a la tierra negra, KHARIS a la luz viva del mundo, que en el dibujo se halla relacionado con la luna; probablemente Cattiaux transcribió con este término la palabra griega karis, que de manera inexacta san Jerónimo tradujo por ‘caridad’, pero que en griego significa propiamente ‘aquello que brilla’ y por extensión ‘gracia’; el brillo de la luna equivale al blanco inmaculado, es decir, la materia totalmente desligada de las impurezas, y preparada para dar a luz. Finalmente, KHRIST, el Salvador rojo perfectísimo; una palabra, que en el dibujo está ubicada bajo la figura del sol, y que representa el fruto maduro, el final de la Gran Obra.

La luna y el sol se vinculan por medio de una línea oblicua con huevo central, que es el motivo principal donde confluyen todos los sentidos. Entorno al huevo se leen dos frases en latín; la primera, en la parte superior, reza: PER IGNEM ET AQUAM TOTUM FECIT, que significa, ‘por el fuego y el agua todo se ha hecho’; la segunda, en la parte inferior, dice así: NE VILIPENDAS CINERES, ‘no desprecies las cenizas’. Citamos al respecto un pasaje de Nicolas Valois que parece haber inspirado la imagen de Cattiaux: «Todas las cosas están compuestas de tres elementos: la tierra que forma el cuerpo, el agua que forma el espíritu y el fuego que forma el alma. El oro tiene también esta composición y si su tierra es muy pura, es porque es resplandeciente, gracias a la virtud del agua y del fuego, y, como ya se ha dicho, si se retira este esplendor del oro, esta tierra será de poco valor».(10) La creación alquímica se hace por el fuego y el agua, pero necesita de la tierra pura para alcanzar su completitud. Esta tierra pura está en las cenizas y aparece cuando son purificadas por la virtud del agua y del fuego, como se desprende del proceder de la naturaleza, pues para destilar cualquier compuesto, es necesario en primer lugar consumirlo con fuego y lavarlo con agua, entonces se obtiene la sal, por eso, como explica Cattiaux, las cenizas no debe ser menospreciadas.

La tierra pura está en las cenizas y aparece cuando son purificadas por la virtud del agua y del fuego

La tierra o el cuerpo, el agua o el espíritu y el fuego o el alma, representados por KÉMIT, KHARIS y KHRIST, se reúnen alrededor del huevo. En su interior, la estrella de cinco puntas evoca la quintaesencia. Con ello, Cattiaux podría querer indicar la relación entre la quintaesencia y el oro filosófico, tal como explica Valois en otro lugar: «La Piedra no sólo es propiamente la quintaesencia muy pura de todas las cosas, que se desprende y se extrae de su tierra impura y en cuyo interior se encuentra como molesta. Esta quintaesencia no es sino una virtud y una substancia invisible a los ojos del cuerpo, que no puede contenerse a sí misma sin cuerpo, al igual que el alma en el hombre. Por esta razón, esta muy noble quintaesencia requiere un cuerpo muy sutil que se avecina a la nobleza de su substancia sutil. Cuando la quintaesencia está corporificada, es un medicamento maravilloso para toda clase de males, según su mayor o menor grado. Pero el oro contiene la quintaesencia de forma más perfecta que ningún otro cuerpo, tanto por su larga y perfecta digestión dentro de las entrañas de la tierra, como por la pureza y sutileza de la tierra de la cual su cuerpo está formado. Dicho cuerpo, a pesar de que la gente rústica le llame oro, no es más que tierra, ya que, como hemos dicho, la quintaesencia u oro de los filósofos es invisible y en el oro no se percibe otra cosa que la tierra, igual que en el cuerpo humano, donde el alma no se manifiesta sino por sus efectos y facultades».(12) Y respecto al cinco Cattiaux también escribe lo siguiente: «El quinto es el que está antes que el primero. Es el que se mueve y que mueve invisible y visiblemente». (MR 31, 45′)

La suma de símbolos alquímicos y cabalísticos que se yuxtaponen en el dibujo debe conducirnos a intuir la intención profunda del autor, por eso creemos que la figura es una enseñanza acerca de la tierra viva o microcosmos, que en su interior contiene el huevo filosófico. En repetidas ocasiones, los alquimistas han hablado de este huevo, por ejemplo, en el Tratado de la naturaleza del huevo de los filósofos el célebre Trevisano escribió lo siguiente: «La Piedra es un perfecto huevo de dos sustancias de una naturaleza, que está hecho, a saber, de cuerpo y de espíritu en unidad de esencia o de naturaleza, y en esta conjunción de resurrección, el cuerpo es hecho espíritu como el espíritu mismo y son hechos uno, del mismo modo que el agua mezclada con agua no puede separarse jamás, no habiendo diversidad alguna entre ellos, que son tres: espíritu, alma y cuerpo, sin ninguna separación». (13) Así mismo, en el Rosario de los filósofos también se explica la relación entre el huevo y la Piedra: «Sólo aquel que sabe hacer la Piedra de los filósofos comprende sus palabras relativas a la Piedra. Pues los filósofos se han claramente empleado en abrir este arte a los que son dignos de él y encerrarlo a los que son indignos. Y es así como han dicho la verdad sobre el poder de la intención pero no sobre el poder de las palabras, y han dicho, por ejemplo, que la Piedra filosofal se hace a partir del huevo porque hay en el huevo tres cosas parecidas a las que componen la Piedra». (14)

La Piedra es un perfecto huevo de dos sustancias de una naturaleza, que está hecho, a saber, de cuerpo y de espíritu en unidad de esencia o de naturaleza

El texto nos advierte del poder que poseen las palabras que utilizan los alquimistas, por eso parece conveniente buscar las fuentes de la terminología que emplean. En los primeros manuscritos alquímicos griegos, recogidos por Maurice Berthelot, se encuentran diversos comentarios respecto al huevo filosófico cuyo contenido general no dista mucho de las explicaciones de los alquimistas posteriores, pero en uno de ellos se halla una afirmación que nos parece especialmente destacable; dice así: «La nomenclatura del huevo, es el misterio del arte». (15) En griego, huevo se dice Oon, pero, a veces, en los manuscritos se encuentra escrito On. Berthelot comenta que la confusión entre estas dos palabras seguramente es voluntaria, (16) pues, la palabra On significa: ‘aquello que es en realidad, lo que es real o verdadero’, ‘lo que es’ y, en definitiva, ‘el ser o la esencia’. Creemos que el siguiente versículo de El Mensaje Reencontrado resume la imagen jeroglífica que estudiamos y con él concluimos: «Soy la esencia, soy la subs­tan­cia y soy el nudo, dice el Señor del centro. ‘La almendra’». (MR 18, 5)

NOTAS

*Se trata de una parte de un artículo aparecido en: R. Arola (sous la direction de) Images Cabalistiques et Alchimiques, ed. Beya, Bélgica, 2003. George Kirkeby es un pseudónimo de R. Arola. (1) Primera edición francesa completa: Le Message Retrouvé , ed. Denoël, París, 1956. Primera edición bilingüe francés-castellano: El Mensaje Reencontrado, Arola ed., Tarragona, 2000. (2) Véase Louis Cattiaux, Física y metafísica de la pintura. Obra poética, Arola ed., Tarragona, 1998, pp. 133-137. (3) Florilegio epistolar, Arola ed., Tarragona, 1999, p. 64: § 69. Véase El Mensaje Reencontrado 17, 65′. (4) Op. cit., p. 144: § 243. (5) Op. cit., p. 144: § 243. (6) Pretender encontrar el tesoro escondido en la tierra negra sin la ayuda divina, es decir, sin deshacerse de la mugre exterior, es la locura de los avaros, E. d’Hooghvorst escribió lo siguiente respecto a ello: «La avaricia fue quien heló aquí abajo todas las riquezas del oro […]. La concupiscencia y las riquezas de Dite significaron la pérdida del oro vivo: y no es más que un cadáver lo que buscan neciamente los avaros». ( El Hilo de Penélope, Arola ed., Tarragona, 2000, t. i , p. 325). (7) Los cinco libros de Nicolas Valois, colección La Puerta, Barcelona, 1996, p. 46. El texto de la edición citada fue establecido por Cattiaux. (8) Ibídem p. 45. (9) Véase E. d’Hooghvorst, El Hilo… cit. , t. i , p. 294, n. 3. (10) Los cinco libros … , cit ., p. 84. Carlos del Tilo escribió: «Parece ser que Louis Cattiaux obtuvo la transmisión de ‘la llave de los secretos de los secretos’ por medio del maestro desaparecido Nicolas Valois». (Los cinco libros …, cit ., p. 8). (11) Ibídem p. 83-84. (12) Tratado de la naturaleza del huevo de los filósofos (edición bilingüe francés-castellano), Muñoz Moya ed., Sevilla, 1984, p. 24. (13) El Rosario de los Filósofos, Muñoz Moya ed. Barcelona, 1986, p. 112. (14) Collection des alchimistes grecs, G. Steinheil ed. París, 1888, p. 21. (15) Ibídem p. 87.