El ‘vevé’ es un dibujo que se traza durante las ceremonias dedicadas al culto vudú. Para acercarnos a su simbolismo nos servimos de la obra de Claude Planson, “Vaudou. Un initié parle”. Traducción y edición: Lluïsa Vert.

A partir de la obra de Claude Planson titulada «Vaudou. Un initié parle…» nos adentraremos en un aspecto del culto vudú profundamente simbólico. El autor de esta obra fue periodista, viajero, primer secretario general del Teatro Nacional Popular, fundado por Jean Vilar, director del Teatro de las Naciones durante diez años, y esposo de una “mambo”, una sacerdotisa vudú de Haití, llamada Mathilda Beauvoir. Él mismo fue iniciado también en esta tradición.

En el ritual de invocación a los espíritus que tiene lugar al principio de cualquier ceremonia vudú, o al menos, de las más importantes, se traza el vevé, un dibujo realizado por el hugan o la mambo, el sacerdote o la sacerdotisa de este culto y que reproduce el símbolo del espíritu o loa al que se desea invocar, por eso el vevé tiene una importancia capital en la ceremonia.

En el ritual de invocación a los espíritus que tiene lugar al principio de cualquier ceremonia vudú se traza el vevé, un dibujo realizado por el hugan o la mambo

El vevé se traza en el suelo, en el centro del templo, llamado hunfor, y el sacerdote o la sacerdotisa lo dibujan con la harina de maíz que dejan escapar de entre sus dedos y que recogen de un recipiente sostenido en su otra mano. Se realiza siempre de memoria y sin esbozo previo, por lo que se requiere una extraordinaria habilidad manual y un gran conocimiento de los símbolos. Los trazos del vevé revelan el arte de quien lo hace, por ello podría decirse que se trata de una obra mágica pero también artística. Así, si bien los dibujos son siempre los mismos, unos son particularmente admirados y otros no.

Al ser los símbolos de los espíritus a los que se desea invocar, los vevé dan significado a las ceremonias. Como explica Planson: “dejan de ser un simple divertimento… para entrar en el campo propiamente religioso”, y mientras tiene lugar su ejecución, que en muchos casos se alarga en el tiempo, los espectadores pueden impregnarse de su significado.

En cambio, en cuanto el vevé se considera terminado, deviene casi inútil pues ha cumplido su función. Entonces, se reemprenden las danzas y los pies de los danzantes lo disimulan a las miradas de los participantes hasta que aparece el espíritu, es este momento, el vevé es pisado a conciencia para hacerlo desaparecer, por lo que finalmente acaba convertido en un poco de polvo blanco, la harina del comienzo.

Traducimos a continuación un fragmento del libro en el que el autor reproduce una conversación con un gran hugan de Puerto Príncipe. En ella, aparece el simbolismo de estos dibujos:

–El vevé –dice el hugan– es como un gran árbol. No lo verás del mismo modo si estás muy alejado que si te sitúas cerca de él, si disfrutas de su sombre, si asciendes por sus ramas, y por supuesto si llegas a su cúspide ¡desde allí podrás ver el fin del mundo! El público, en general, ve el árbol, o más bien la sombra de este árbol. Ya es algo. Sabe que los pájaros habitan en él, que da flores y frutos. Las hunsi (jóvenes que sirven en el templo) han llegado hasta el tronco. Lo tocan, pero, naturalmente, muchísimas cosas todavía están ocultas para ellas. Hay que subir, una a una, las ramas, cada vez más finas y cada vez más flexibles. Solo los que han adquirido una gran “ligereza” pueden aspirar a llegar a lo alto, a ceñir la corona (se dice que solo los sacerdotes, el hungan o la mambo, considerados como auténticos descendientes de los reyes africanos que ostentaban el poder espiritual y temporal, pueden llevar la corona)

El vevé  es como un gran árbol. No lo verás del mismo modo si estás muy alejado que si te sitúas cerca de él, si disfrutas de su sombre, si asciendes por sus ramas, y por supuesto si llegas a su cúspide ¡desde allí podrás ver el fin del mundo!

Evoco (el autor) ciertos signos que se reencuentran en casi todos los vevé, huevos o semillas, estrellas de ocho brazos, V entrelazadas, bucles, triángulos…

-El triángulo –dice el hugan– es ante todo la evocación de nuestros tres grandes ritos: rada, petro y congo. Es también la unión mística de Erzulie, el amor, con Damballah, el conocimiento, en presencia de Legba, el que abre las puertas. Lo que viene a decir que las puertas solo se abrirán a quienes hayan adquirido el conocimiento y el amor.

–Los cristianos piensan que el amor es suficiente para todo. En la actualidad, en Europa, los hombres creen sobre todo en el conocimiento, al que llaman ciencia.

–El amor  –contesta el hugan– sin el conocimiento es como un torrente que se lo lleva todo a su paso, una calamidad. El conocimiento sin el amor, es como el lecho de un río seco, un montón de piedras.

Después me habla de las V entrelazadas; representan la unión de los dos sexos, la reconstrucción del andrógino primitivo. Hay un largo silencio. Todas las estrellas ya están encendidas en el cielo. Levanta la mano y me las muestra.

–¿Podrías contar todas las estrellas?  Pues bien, hay la misma cantidad en tu interior.

–Nuestros sabios decían antiguamente que todo lo que está arriba, está abajo, y que todo lo que está abajo, está arriba.

–Claro. Somos el reflejo del mundo y el mundo es nuestro reflejo. Seguro, todo está en ti, todos los hombres, todas las mujeres, todas las bestias, las plantas e incluso las piedras. ¿Es verdad que los hombres han caminado sobre la luna? ¿Han descubierto algo más que a sí mismos?

Después, rápidamente, como si quisiese terminar con las preguntas dice:

–El huevo, la semilla, es el mismo símbolo: el primer huevo, la primera semilla que contiene todo el destino del mundo, en donde todo estaba escrito con antelación. Lo que llamas “bucles” son los cuernos del carnero. Empiezan a surgir en el momento en el que los espíritus comienzan bailan en la cabeza de alguien[1]. Las estrellas representan Ifé[2], pero hay que tener en cuenta su número. Tendríamos que tener muchas conversaciones como ésta para explicarte el significado del número 3, del, 5, del 7, y sobre todo el significado del 21 (3×7), que es el número que nosotros, en el vudú, no podemos sobrepasar, a partir de aquí hay que volver al cero.

A continuación, mostramos algunas reproducciones de estos dibujos que aparecen en la obra de Planson con las explicaciones de este autor:

Vevé de Guede, el espíritu de la muerte. La cruz no es en absoluto una cruz cristiana. Señala el cruce de caminos. Sobre la vertical, dos V entrelazadas. Representan la unión de los dos sexos que constituye el andrógino primitivo. Los tres escalones o grados sobre los que está plantada la cruz son los de la iniciación. El primero es el de la vida ordinaria, por eso está decorado con instrumentos de trabajo (hachas, picos) y con falos. El segundo reproduce el movimiento trazado en el aire por el açon (un sonajero sagrado que usa el sacerdote hecho con una calabaza y una rejilla de bolitas de colores y vértebras de serpiente). El tercer grado, el más elevado, simboliza el secreto que solo ostentan los mejores entre todos aquellos que han accedido al sacerdocio. Otorga a quien lo posee el don de la “doble visión”.

Vevé de Hogou Ferraille, (dios de la guerra) que es una especie de Marte haitiano. Si nos servimos de los términos de la simbología occidental se podría interpretar así: El triángulo de la base simboliza la unión de los tres grandes ritos que han contribuido a la formación del vudú: el rito rada, el rito petro, y el rito congo ibo. En el plano místico este triángulo simboliza la unión de Erzulie (espíritu del amor) con Damballah (espíritu simbolizado por la culebra), bajo los auspicios de Legba (espíritu al que se invoca en primer lugar en las ceremonias, él es quien “abre las puertas” de lo invisible. Simbolizado por un bastón y a veces por un falo). Así las puertas solo se abrirán a los que posean, al mismo tiempo, el conocimiento y el amor. El triángulo está dividido por otros tres triángulos señalados por tres “puntos de tensión”. La línea vertical es el poteau mitan, el árbol del bien y del mal que va de la tierra al cielo. (un poste plantado en el centro del templo que generalmente está encastado en un disco de obra, y entonces simboliza, como en la India, el falo, linga, y la base de obra representa la matriz, yoni). Sobre esta línea se ven tres bucles que son los cuernos del carnero, símbolo del pensamiento fijado. Más arriba una barra horizontal corta el trazo vertical. Simboliza el equilibrio que debe alcanzar el iniciado ayudado por la plegaria que se eleva hacia el cielo y desciende (las dos líneas curvas). En la parte superior aparece la estrella vudú que representa Ife, la ciudad santa. El conjunto evoca un ancla cuyo cabo sería la barra horizontal. Es el ancla del navío que efectúa la travesía iniciática, el retorno a un África ideal que vio el nacimiento de la humanidad. Algunos lo ven como el ideograma del hombre (la barra horizontal siendo los brazos y la estrella la cara), pues la iniciación no tiene otro objetivo, en definitiva, que hacer que nazca el hombre completo, dueño de su destino.

Vevé de Aizan, el espíritu que preside la iniciación, siendo ella misma mambo. Se reconocen las dos V entrecruzadas del andrógino primitivo cuyas ramas se terminan con los cuernos del carnero. En el rombo central aparece la hoja se la palmera con sus nervios. Esta hoja es para los seguidores del vudú, el signo de la unión de los hombres con la naturaleza. Este vevé pretende responder a las preguntas siguientes: ¿cómo se vinculan los hombres al orden vegetal?, ¿cómo los iniciados se vinculan al tronco iniciático?, ¿cuál es el margen de nuestro libre albedrío, margen que de ningún modo se debe sobrepasar si se quiere mantener el equilibrio del universo?

Vevé de Erzulie Fredda Dahomey, el espíritu del amor. En el centro un corazón cuadriculado, cada cuadrado y cada punto interior representan una fuerza preparada para explotar. Arriba: la estrella vudú, después dos lunas crecientes, por último el bastón de de Legba, el espíritu solar por excelencia. Así pues, el amor se da por la reunión de los principios masculino y femenino, la fusión del agua y del fuego.  Los grandes bucles a los lados simbolizan la necesidad del equilibrio, ningún principio debe pues predominar. En la base del vevé, se ven, invertidos, los cuernos del carnero, signo de la posesión.

NOTAS

[1] En el Antiguo Testamento (Éxodo 34, 20-30) se describe así a Moisés cuando descendía del Sinaí: “Y Moisés no sabía que la piel de su cara resplandecía”. El verbo qaran, que significa “crecer un cuerno” fue traducido por “resplandecer”.

[2] La palabra Ife, se usa como representación del ideal superior a alcanzar, la ciudad santa, que en cierto sentido equivale a la Jerusalén celeste de san Juan. Pocos saben que se trata de un lugar eminente del animismo africano (los yorubas consideran Ife, como el centro del mundo, la primera tierra surgida de las aguas primordiales) y en donde se descubrieron las más bellas esculturas del arte de Benin.

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