blanc.1 - copia2[Texto de presentación al final de las imágenes]

 
Figura primera: Observad bien y comprended verdaderamente que dos peces nadan en nuestro mar. El mar es el cuerpo, los dos peces son el espíritu y el alma. 
 
 Figura segunda: Ten cuidado, hijo mío, de pronto tropezarás con la feroz bestia negra del bosque. La putrefacción.
 

Figura tercera: Escucha con terror que en el bosque se ocultan un ciervo y un unicornio. En el cuerpo están el alma y el espíritu.
  
Figura cuarta: Bien puede ser un gran milagro que estos dos leones se hagan uno sólo. El espíritu y el alma conjuntos, han de ser llevados a su cuerpo.

Figura quinta: Un lobo y un perro se hallan en una casa, y, no obstante, de ambos sólo quedará uno. La mortificación y la albificación, imbibición del cuerpo conjunto al alma y al espíritu.

 
Figura sexta: Es con certeza un gran milagro y una extraña artimaña que en un dragón venenoso esté la medicina suprema. El mercurio, convenientemente y alquímicamente precipitado o sublimado, disuelto en su propia agua y coagulado inmediatamente.
Figura séptima: En el bosque dos pájaros cantan, pero comprendemos que los dos sólo son uno. El mercurio después de ser sublimado a menudo, por fin es fijado, de modo que ya no puede huir ni volatilizarse por la fuerza del fuego. Esta sublimación debe reiterarse tantas veces como sea necesario hasta que esté fijado.
 
Figura octava: Aquí hay dos pájaros grandes y fuertes, el cuerpo y el espíritu. Una devora al otro y es necesario que así lo hagan. De nuevo, el cuerpo será colocado en el estiércol de caballo o en el baño para ser digerido por su aire propagado o por el espíritu separado previamente del cuerpo. El cuerpo se vuelve blanco por el trabajo, verdaderamente el espíritu se vuelve rojo por el arte. La obra tiende a la perfección de su naturaleza y así es preparada la piedra de los filósofos.
 
Figura novena: El Señor del bosque ha recibido su imperio y se ha elevado desde lo más bajo hasta lo más alto. Si la fortuna vuela, de retórico serás hecho cónsul, si vuela otra vez, de cónsul serás hecho retórico. Comprende la aparición del primer grado de la tintura.
 
Figura décima: La salamandra sabe vivir en el fuego, además éste le da su mejor color. Reiteración, crecimiento y mejoramiento de la tintura o piedra de los filósofos: por ello debería entenderse. Aumento.
 
Figura undécima: Padre, hijo y guía se toman de las manos. Comprendemos aquí el cuerpo, el espíritu y el alma.
 
Figura duodécima: La alta montaña de las Indias está situada en el vaso de los sabios, en ella vuelan el hijo y su guía, el espíritu y su alma.
 
Figura decimotercera: El padre, en su amor, va a tragarse al hijo: del alma y del espíritu se abreva todo el cuerpo.
 
Figura decimocuarta: Aquí el padre está recubierto de un fuerte sudor del cual destila la verdadera tintura.
 
Figura decimoquinta: Ahora, el padre, el hijo y el guía están reunidos. Juntos permanecen eternamente.

 

Presentación

La primera edición de este texto que se conoce es la publicada en 1599 por Nicolas Bernaud y recogida en su Triga chemica: de lapide philosophico tractatus tres…, Leiden, 1599. Allí el tratado aparece sin ilustraciones. En 1602 vuelve a imprimirse formando parte del tercer volumen del Theatrum Chimicum y más tarde, en 1677,  aparece en el Museum Hermeticum reformatum et amplificatum. Las imágenes que reproducimos proceden de un curioso manuscrito de 1607 que se halla en la Biblioteca de la Universidad de Salzburgo. Se trata de una traducción del alemán al latín atribuida al mismo Nicolas Bernaud.

Respecto al autor del tratado, Lamspring, que se hacía llamar Nobilis Germani Philosophi, es decir “Noble filósofo germánico”, no se sabe prácticamente nada, pero su obra De lapide philosophico es notable tanto por la belleza de sus emblemas como por su texto. Aquí hemos reproducido solamente las leyendas que acompañan los emblemas, el texto completo fue publicado en español por ediciones Obelisco en 1987. Respecto a la piedra filosofal que da título al tratado, su autor dice lo siguiente.

“No existe en la tierra medicina más alta que su sangre, en el mundo no la hay mejor, ninguna enfermedad se le resiste, sana los cuerpos de los metales, los animales y los hombres. De allí procede la inteligencia de los sabios y de que han recibido de Dios el don celeste, que se llama Piedra de los sabios, donde residen toda virtud y todo poder”.

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