Pinturas faciales de los aborígenes de Nueva Guinea fotografiadas por Eric Lafforgue. Sus formas y colores describen los misterios más secretos y también los más evidentes de la naturaleza. Edición, Raimon Arola

blancEl cromatismo que sirve como ornamento a los miembros de las tribus de Nueva Guinea refleja los distintos momentos de la vida del ser humano, sus edades particulares. Pero en las sociedades tradicionales la vida posee un secreto y es que en todo momento está unida a la muerte. Vida y muerte son como el verso y el revés de una única realidad. Los muertos o ancestros están presentes y honrados al comienzo de la vida, en el nacimiento, y por eso la selección comienza con unas imágenes que la representan. Los ancestros, que encarnan su herencia en los nuevos nacimientos, aparecen como unos seres que surgen de la tierra negra. En la pubertad, cuando el ser comienza a estar en posesión de su luz y su fuerza es el momento de las iniciaciones y las uniones entre los varones y las hembras, entonces surgen los colores  vivos y resplandecientes. Seguidamente, los adornos reflejan el poder de la madurez y los hombres se visten con las coronas de plumas que simbolizan la sublimación de la vida. Por último, el final es como el comienzo, el retorno a la oscuridad y a los ancestros.