Bajo el título: AMA LUR, el fotógrafo Jon Cazenave recrea en una exposición (ver vídeo) y en un libro (ver fotografías) el mundo simbólico y ritual del arte rupestre de ambas vertientes de la cordillera pirenaica. Texto y edición, Raimon Arola y Lluïsa Vert

Impresiones de la exposición de Jon Cazenave

Al penetrar en la sala, la oscuridad te envuelve, De pronto, un cielo nocturno, y unos ruidos que resuena en tu oído provocan que aparezca el recuerdo. Un recuerdo pequeño, muy lejano, casi olvidado, mezclado con cierta angustia, la misma que siente el alma cuando se encarna y penetra en la oscuridad de un cuerpo. A partir de este momento, el tiempo desaparece, todo se vuelve un presente hecho de sensaciones que brotan de un modo constante, mezcladas con memorias antiguas vividas desde los primeros comienzos. Imágenes cambiantes que no cesan de sucederse te transportan en el tiempo y vas allá donde ya estuviste y donde descubriste quién eras.Y al salir del pequeño espacio oscuro donde se proyectan las fotografías de “AMA LUR”, el extraordinario trabajo de Jon Cazenave, sabes sin ninguna duda que tú formas parte de ello.

 

Vídeo de algunos aspectos de la exposición

 

Las cuevas prehistóricas esconden el origen de la muerte y de la vida. En ellas los hombres prehistóricos vivían la sacralidad propia del género humano. Ritos no entendidos como tales, sino como lo propio de la vida. Vida intensa en la que participaban los cuatro elementos: el agua y la tierra, el fuego y el aire, y el resultado de sus combinaciones, las montañas, los valles y los ríos, las nubes y los árboles, los bisontes y las serpientes… De su vientre, de lo más hondo de la tierra, habían nacido los hombres y allí regresaban al morir, para reposar en su interior.

De su vientre, de lo más hondo de la tierra, habían nacido los hombres y allí regresaban al morir, para reposar en su interior.

En el silencio de las profundas cuevas de la cornisa cantábrica el ser humano se reunía con los elementos naturales. Se sabía su hermano y dialogaba con ellos mediante signos de distintos colores. Conocía que fue con ellos cómo sucedió el principio de la creación: la cueva, el útero, la tierra, la madre, la matriz, la materia, Y el hombre, que en los albores de la historia era esto, un hombre. Una creación con una conciencia que le permitía entenderla y entenderse. Y después, de nuevo este compuesto volvería a su origen, a los elementos, al principio de la creación, el cielo y la tierra unidos en un lugar, en el hombre.

Cuesta encontrar otro lugar donde las formas describan mejor a la humanidad como tal. La inmediatez de los colores y los dibujos dicen: “Soy el hombre”, “Soy el Ser hombre”, por eso me parezco tanto al ruido de las olas del mar, al viento tempestuoso y a la brisa sonriente… “Soy el Ser hombre”, aquel que nace y muere, pero que en realidad ni nace ni muere como las altas montañas nevadas, como las estalactitas que crecen en la oscuridad.

La historia ha servido para desarrollar, o quizá también  para perder, a este hombre arquetípico (habrá quienes lo llamen arcaico). El hombre que es propiamente hombre conversa con todo lo que es propiamente él mismo y que ahora nos parece distinto: conversa con la naturaleza, conversa con los espíritus del aire, con las presencias que habitan el interior de la tierra, y finalmente conversa con los dioses, que son sus auténticos ancestros. El hombre divino, el mediador entre la naturaleza y la divinidad.

El hombre que es propiamente hombre conversa con lo que propiamente es él mismo y que ahora nos parece distinto: la naturaleza.

Este hombre se vuelve pájaro o ciervo… y el pájaro es parte del hombre, y también el ciervo es parte del  hombre. En la madre tierra, el Espíritu ha convertido al hombre en el Ser hombre, el hombre primordial que acoge a toda la creación. él es el motivo y la necesidad de la creación, por él y para él, el mundo fue creado. La rugosidad de la piedra son las líneas de la mano del hombre, las formas gastadas y redondeadas de las rocas, unas caderas de mujer, lo exterior y lo interior, lo visible y lo secreto se unen en “AMA LUR” porque ella es la madre de todo y, sobre todo, del Ser.

Imágenes del libro que acompañaba la exposición: AMA LUR

 

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WEB DE JON CAZENAVE

Información del libro AMA LUR