Traducción y presentación del “Tratado de la Piedra filosofal” de Paracelso, realizados por Emmanuel d’Hooghvorst.

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Presentación de E. d’Hooghvorst

Nunca, que sepamos, este valioso tratado de alquymia había sido traducido ni publicado en castellano. Creemos, pues, ser útil a los curiosos al presentarles este opúsculo donde se encuentran fielmente indicadas las operaciones de la Gran Obra, tal vez de manera un poco enredada, quizá por pudor y fidelidad.

El Electrum de Paracelso no es sino el mercurio de los filósofos, pero presentado con su verdadero nombre, dice el autor. El profeta Ezequiel ya había aludido a este valioso metal que los redactores de la Setenta habían traducido como Electrum. Es el Hachmal de los cabalistas, o su espejo. En el Zohar encontramos a propósito de esta visión de Ezequiel:

«En su centro, como el aspecto del Hachmal. (1) Ya hemos explicado (2) que son como seres vivientes (3) de fuego que hablan […]. Esta visión incluye lo que está incluido y oculta lo que está ocultado: he aquí el secreto llamado Hachmal. El profeta debe ver, saber y meditar dentro de esto en la pureza del corazón y de la vista. ¡Es el mayor de los hombres! ¡Quiera el cielo que sea capaz de asirlo! Todo lo que desea ver y saber, todo ello lo contempla en el espejo oscuro, puesto que ningún profeta ha merecido contemplar un espejo claro, excepto el profeta fiel (4) que detentaba todas las llaves de la casa. Los demás profetas que han alcanzado este Hachmal […] han visto allí lo que han visto, un secreto».

La alquymia y la revelación de la Escritura no tienen más que un único y mismo principio. Aquélla es la experimentación, en el mundo exterior, de la sabiduría interior de ésta.(5)

En este breve tratado encontraremos una práctica como en los demás libros de los filósofos. Estas prácticas son como el escollo de los alquymistas. No hacen concesiones a la ignorancia; son como un zarzal de espinas. Todas distintas en apariencia, son muy apropiadas para desalentar e incluso desesperar a los lectores. La comprensión de los textos va a la par con la experiencia, «el espíritu y el entendimiento avanzan con el orden del horno», afirmó un antiguo maestro, es decir, que van junto con la purificación y la cocción del Electrum. Entonces la lectura de los antiguos tratados se ilumina con el resplandor creciente del espejo de los filósofos.

Todo ello está en el poder de Dios y quien quiera entrar en este redil sin pasar por la puerta (6) no es sino un bandido y un ladrón. Con lo cual, el mejor consejo que podríamos dar a los apasionados de este Arte es que vivan como cristianos e invoquen con una fe de niños el socorro de la Altísima Madre Dios, que nunca niega sus dones a los amantes de la vida pura, siempre y cuando se presenten a ella con arrepentimiento y humildad.

Pero que tengan cuidado: quien ha contemplado dicho Electrum en el curso de una admirable fusión creadora, tendrá los ojos deslumbrados para siempre y en lo sucesivo estará perdido para el mundo.

 
«El Manual o Tratado de la piedra filosofal medicinal»
Prefacio al lector

Lector, Dios ha permitido que el espíritu médico haya operado verdaderamente a través de Macaon, Podaliro, Apolino, Hipócrates […] a fin de que la verdadera medicina, brillando a través de las nubes (pero donde apenas ha podido ser completa y claramente conocida) apareciera a la luz, manifestándose a los hombres. Y por esta misma operación, ha prohibido dicha obra al espíritu de las tinieblas que habría oprimido y apagado por completo la luz de la naturaleza para que las maravillas que permanecen ocultas en los arcanos, quintaesencias, magisterios y elixires no continuaran siendo ignoradas. Así pues, ha proporcionado medios seguros para que, además, la búsqueda de dichos arcanos y misterios sea implantada en los hombres por los buenos espíritus, como también algunos de ellos han recibido de las naturalezas angélicas de un cielo que ha conocido a los ángeles.

Hombres de esta categoría han podido, por estar dotados de la inteligencia perfecta de la naturaleza, estudiarla más profundamente que los demás, así como su curso cotidiano. Han podido comparar lo puro y lo impuro, separar estas dos cosas y transformar lo puro hasta un punto que para algunos parecería imposible de alcanzar. Efectivamente, éstos, siendo físicos naturales y verdaderos, saben ayudar a la naturaleza por los medios que le convienen y saben conducirla, gracias a las artes, a su acabamiento perfecto. Por tanto, todas las obras imperfectas y diabólicas deben ceder ante tales hombres, como la mentira ante la verdad y la perfección. Digo que debemos hablar según la verdad si queremos llegar a un feliz fin. Si está permitido aprehenderla completamente, nadie debe avergonzarse de buscarla donde quiera que esté.

No tomes a mal pues que yo también haya amado y buscado esta verdad. Efectivamente, como ella misma no me había buscado, me resultó necesario perseguirla. Asimismo, quien desea visitar una ciudad extranjera no debe quedarse en casa en un lecho de plumas; sus peras no se asarán solas en el horno y no es allí donde se forma el doctor. Ningún cosmógrafo de valor se forma sentado a una mesa, ningún quiromántico en el comedor y ningún geomántico en el dormitorio.

De modo que sin una búsqueda múltiple no podemos obtener la verdadera medicina. Dios es quien hace al médico verdadero (7) pero no sin dificultades, pues dijo: «Comerás del trabajo de tus manos y será bueno para ti». (8) La vista precede a la verdad y lo que la vista percibe alegra o aterroriza el corazón del hombre. Por tanto, no será para mí un trabajo ni una deshonra viajar y vincularme con quienes son incluso despreciados por los locos, a fin de explorar de algún modo lo que se oculta en el limbo de la tierra y desempeñar el oficio de verdadero médico, que consiste en manifestar la medicina según la prescripción divina en beneficio del prójimo, es decir, de forma que no le cause más daño que utilidad, lo que no hará el hombre perezoso.

Que descanse quien quiera en un lecho de plumas. Mi alegría está en peregrinar, en buscar y en ver según el permiso de Dios y del tiempo. He escrito este librito para los lectores cándidos, para quienes desean instruirse y aman la luz de la naturaleza, a fin de que puedan conocer el fundamento de mi verdadera medicina y renuncien a las pamplinas de los cacomédicos y que en todas partes puedan defender mi razón contra ellos. ¡En realidad, me temo que consideren mis propósitos como fábulas! No hay duda de que estos eminentes colegas conocen todas las cosas desde hace más tiempo que yo, y un tal doctor Asinin posee mucho en su bolsa, pero no conseguirá fácilmente la verdadera medicina.

Para comprender este opúsculo hay que ser pues un buen alquimista, a quien los carbones no le sean nocivos y a quien la humareda cotidiana no le agote. Guste esto a quien quiera: no deseo violentar a nadie. Con todo, pese a las críticas y acusaciones de mis cofrades pseudo-médicos, digo que esto no dejará de dar frutos.

1. El manual de la piedra de los filósofos

Para que Vulcano pueda fabricar la piedra de los filósofos, que por buenas razones podemos llamar bálsamo perpetuo o perfecto, primeramente hay que saber y meditar como esta piedra puede ser materialmente puesta a la vista y volverse visible y sensible; también como su fuerza y su fuego pueden manifestarse y darse a conocer. Para hablar con más claridad, tomemos el ejemplo del fuego común, es decir, veamos cómo manifiesta visiblemente su fuerza, lo cual se hace así: primeramente el fuego es arrancado del sílex por Vulcano, pero nada puede hacer sin una materia amiga en la cual pueda operar, como la madera, la resina, el aceite u otra sustancia parecida cuya naturaleza sea inflamarse con facilidad. Cuando dicho fuego cae en un objeto como éste, sigue operando sin cesar, a menos de ser destruido o impedido por su contrario, o de faltarle materia para multiplicarse. Si se le suministra leña o algo similar, su fuerza va en aumento y así sigue trabajando hasta que ya no se le aporte nada más. En verdad, así como el fuego muestra su manera de operar en la leña, así también ocurre con la piedra de los filósofos o con el bálsamo perpetuo en el cuerpo humano. Si dicha piedra está hecha correctamente y por un médico prudente según la medida filosófica, y si seguidamente es manifestada con suficiente consideración respecto a las particularidades del hombre, entonces ésta renueva los órganos de la vida, como a un fuego casi apagado la leña lo reconforta y produce la llama espléndida y clara.

Queda patente pues, que la materia de este bálsamo tiene gran importancia, ya que debe estar en singular armonía con el cuerpo humano, pues debe poder ejercer su fuerza de tal modo que el cuerpo del hombre esté a salvo de todos los accidentes que le podrían acaecer por parte de dicha materia.

No sólo la preparación de la piedra o bálsamo tiene gran importancia, sino además y ante todo, el conocimiento de la materia que conviene a esta obra; es preciso también saber como prepararla, y sobre todo como usar de ella con sobriedad y prudencia, a fin de que dicha medicina sea capaz de purgar todas las impurezas de la sangre y otras superfluidades e introducir la salud en vez de la enfermedad.

El médico verdadero y honesto debe pues poseer una buena ciencia, sin ambición ni ostentación, ni recetas dudosas o contraindicadas, y sin demasiada confianza en el apoticario. Debe también tener un  buen conocimiento de la enfermedad y del enfermo, sin lo cual seréis siempre curados de una manera siniestra y sin otra consecuencia que el engaño del enfermo y el robo de su dinero, únicamente por el orgullo e incapacidad de un médico inepto. Éste es el gran pecado que no permanece impune. ¿Acaso no es sino un crimen voluntario, pedir dinero y honorarios por lo que se desconoce, y querer ser un maestro, lo cual es realmente infame? Efectivamente, a muchos enfermos no les importaría dar un dinero a cambio de una buena consulta. Pero de no ser así, pierden el cuerpo junto con su fortuna, y sin embargo el médico no experimenta ninguna vergüenza por hacerse pagar por ello. Lo crea quien quiera. ¡Pero yo a semejante doctor le recompensaría de otro modo! ¡Sin duda alguna, entre todos estos médicos muy sabios según ellos mismos, ni siquiera una décima parte conoce correctamente las sustancias simples, y con certeza todavía menos saben escribir una receta ni cómo hacer cocer la medicina por el apoticario! También ocurre que semejante doctor prescriba tomar una sustancia simple de la farmacia que él ni conoce, no más que el apoticario que ni siquiera la posee. No obstante, se considera esta medicina perfecta, dada por buena y administrada al enfermo, que además a menudo la paga bastante cara. Pero el enfermo experimenta bien el resultado: si no le es de ninguna ayuda para su salud, sólo es útil para llenar el bolsillo del doctor y del apoticario. Si el doctor o el apoticario hubieran sufrido la misma enfermedad, no hubieran tomado el mismo remedio. Así es como puede medirse cuán lamentable y malvado es este modo de actuar y cuán necesario les sería resolver el problema de otra manera, corregir sus errores y seguir un camino mejor. Pero mucho me temo que los perros viejos no son fáciles de amaestrar.

Pero volviendo a mi propósito, del que me había apartado un interés de justicia hacia los pobres enfermos abandonados, y para hacerlo correctamente te diré que nuestro proyecto no es sólo charlar de la piedra de los filósofos o vanagloriarnos de ella. Pero conviene necesariamente que dicha piedra sea formada a partir de una materia adecuada, bien preparada y prudentemente administrada. Debes saber también que muchos filósofos antiguos han indicado sin lugar a dudas esta materia en sus escritos enigmáticos; es más, incluso han expuesto la operación en palabras figuradas pero sin desvelarla del todo, de modo que no permaneciera oculta para sus hijos, y que los hombres sin saber no pudieran abusar de ella. Pero como pocos discípulos los han seguido en sus enseñanzas, aproximándose a la cosa como convenía, estas doctrinas han ido borrándose paulatinamente; y en su lugar se han infiltrado las fábulas galénicas. Tal es el fundamento de dichas fábulas, tal es también su consistencia y esta situación empeora día tras día. Lo puedes ver ilustrado con sus herbarios, como se atormentan para mezclar Italia con Germania, aunque su Germania no necesite hierbas de más allá de los mares y que contenga suficiente medicina perfecta.

¡Que la verdad no esté pues obligada a ceder ante la mentira y que las tinieblas de Galeno y sus cómplices no apaguen ni supriman en medicina la luz de naturaleza! Por tanto, me corresponde a mí, Teofrasto, hablar de este breve tratado no como un médico imaginario, sino como un sabio que no se avergüenza de sus actos en medicina, y que, por la gracia de Dios, lo ha demostrado gracias a ella en numerosos enfermos que tú, galenista, nunca te hubieras atrevido a visitar. Dime tú, pues, doctor galénico, ¿de dónde mana tu fundamento? ¿No es en el culo donde le aplicas el bocado al caballo? ¿Acaso has curado alguna vez a un enfermo que padecía gota? ¿Te has arriesgado alguna vez a enfrentarte con la lepra? Creo que tienes todas las razones para callar y permitir a Teofrasto que sea tu maestro. Si verdaderamente quieres aprender, aprende y mira lo que voy a escribir y decirte aquí: ciertamente, el cuerpo humano no necesita la carretilla botánica y menos todavía en las enfermedades crónicas o duraderas que tú, en tu torpeza, calificas incluso de incurables. Efectivamente, tus hierbas son demasiado débiles para estas enfermedades, pues por su naturaleza no pueden encontrar el centro.

Y tus píldoras tampoco sirven para nada, más que para purgar los excrementos, e incluso se da que por su inconsecuencia, a menudo expulsas lo bueno con lo malo, y ello se consigue con grandes perjuicios para los enfermos. Justamente, hay que renunciar a estas píldoras. También tus jarabes son inoperantes. Su ineficacia sólo produce náuseas a quien los toma, a causa de su olor repugnante y nauseabundo, agobiante para el enfermo produciéndole cólicos, poniéndole en peligro y operando en contra de la naturaleza. Ni menciono ahora tus demás medicamentos absurdos e ineptos pues están directamente opuestos a la naturaleza y no deben ser ingeridos bajo ningún concepto. Si todo lo que he dicho es cierto, si no puede encontrarse en Galeno, Rasis o Mesue ningún remedio verdadero que ataque de raíz dichas enfermedades purgándolas cual fuego que purifica la piel mancillada de la salamandra, de ello se deduce necesariamente que la cura de Teofrasto es muy distinta, ya que procede de la fuente natural, sin la cual Teofrasto permanecería indistinta y vergonzosamente confundido con los demás médicos.

Si queremos pues seguir la naturaleza en el uso de los medicamentos naturales, examinemos entre todas las sustancias empleadas en medicina cuáles están en mayor armonía con el cuerpo humano, en virtud y eficacia, para mantener su salud hasta el término de la muerte ineluctable. Tras una profunda reflexión, cada cual dirá sin duda alguna que las sustancias que mejor se armonizan con el cuerpo humano son las sustancias metálicas y que los metales perfectos podrían producir en él los mayores efectos proporcionalmente a dicha perfección y sobre todo, su humor radical. Efectivamente, el hombre participa también de esta sal, azufre y mercurio que reposan, aunque ocultos, en alguna parte de los metales y sustancias metálicas. Se aplica entonces lo semejante a lo semejante, lo que es extremadamente útil a la naturaleza si se hace con rectitud, y es el mayor secreto de la medicina: incluso lo podríamos llamar el Arcano. (9) ¿Por qué sería entonces de extrañar que resulten curas excelentes, tan inauditas como inesperadas, incluso consideradas imposibles por los ignorantes? Pero para no hacer más digresiones, procuraré anotar brevemente lo que me he propuesto escribir en este opúsculo. Efectivamente, mi intención es hablar de la verdadera medicina de una manera mucho más clara que en ninguna otra parte. Verdaderamente habría que decir primero y cómo el hombre, al igual que los metales, toma su origen del azufre, del mercurio y de la sal; pero ciertamente, he dado al respecto suficientes indicaciones en el Liber Paramirum para que no sea preciso repetirlas. Por tanto, sólo indicaré cómo esta piedra de los filósofos puede ser de alguna manera conocida y preparada.

Ten, pues, por cierto que no hay nada tan pequeño que pueda perdurar sin forma y con lo que no pueda hacerse alguna cosa. Efectivamente todas las cosas son formadas, engendradas, multiplicadas y destruidas en lo que concuerda con ellas: manifiestan su origen de tal modo que se pueda percibir lo que fueron en su principio, porque es lo que permanece también en su materia última, y lo que se mezcla con ella entretanto es como una imperfección que la naturaleza mezcla con la generación. No obstante, si estos accidentes pudieran ser separados por Vulcano con el fin de no tener ya ninguna acción, la naturaleza podría entonces ser corregida. Lo mismo ocurre con esta piedra. Si quieres hacerla con su verdadera materia, que bien puedes haber conocido por las particularidades indicadas, debes despojarla de sus superfluidades y formarla, como las demás cosas, en su concordancia, ya que no puede ser hecha sin aquello que se armoniza con ella. Efectivamente, aquí la naturaleza la ha dejado imperfecta; no ha formado la piedra sino su materia, y ésta, impedida por los accidentes, no podría hacer lo que puede la piedra después de su preparación. Dicha materia sin preparación es, respecto a la piedra, como una semi-cosa imperfecta (10) sin ninguna concordancia; por tanto no se la puede calificar como perfecta ni útil al cuerpo humano. Veamos el ejemplo que nos ofrece el microcosmos. Observemos al hombre formado únicamente como hombre por el artesano mecánico y que por tanto no es una obra íntegra y perfecta, pues no puede mantenerse en su concordancia; sólo es una semi-obra mientras que no haya sido formada (11) la mujer semejante a él, entonces será la obra completa. Además uno y otro son tierra, y estas dos tierras forman por fin un hombre completo, capaz de multiplicarse y crecer, (12) y ello se produce gracias a la concordancia así formada. Por lo cual la piedra de los filósofos, renovadora del hombre y también de los metales, realiza admirables curaciones de todo tipo de enfermedades, siempre y cuando se la ponga en lo que concuerda con ella tras haberla despojado de sus accidentes superfluos. Sin esto, todo lo que se intente con esta piedra es vano. Pero si quieres ponerla en su concordancia, importa reducirla a su primera materia para que el macho pueda actuar en la hembra, y similarmente, su parte exterior, interiormente; por otra parte conviene que la parte interior esté orientada hacia el exterior, de modo que las dos semillas, la viril y la femenina, estén englobadas en su concordancia; también deberán ser conducidas hacia la mayor perfección y exaltadas en grado por mediación de Vulcano; y que todas las virtudes, como un ser noble, templado, clarificado, se infundan por sí mismas en el cuerpo humano y en los metales, para producir la salud; que expulsen las impurezas por la vía destinada a la expulsión; que atraigan también lo bueno de la sangre humana hasta los lugares convenientes por la vía de la atracción. Así el microcosmos situado en el limbo terrestre y formado de tierra es conducido por esta medicina a la salud, como por su semejante, radicalmente, no en imaginación, sino muy certeramente o bien conservado en dicha salud. Éste es el misterio de Naturaleza; y es un secreto tal que todo médico debería necesariamente saberlo. Y cualquiera que haya nacido por medicina astral puede comprenderlo. Pero para describir con más claridad la materia y la preparación de tan noble medicina, a fin de que los hijos de la doctrina amantes de la verdad encuentren su comienzo, has de saber que la naturaleza ha dado cierta cosa en la que, como en el interior de una arca, están misteriosamente incluidos 1, 2, y 3, (13) cuya virtud y fuerza son más que suficientes para conservar la salud del microcosmos, hasta tal punto que después de la preparación, expulsan todas las imperfecciones. Es la verdadera arma defensiva contra la vejez y la denominamos bálsamo.

Pero primeramente debes saber en qué sustancia la naturaleza ha puesto un número tal. Sin embargo, por muchas razones no puedo escribírtelo con más claridad. Además Galeno, Rasis y Mesue no conocieron esta preparación y tampoco sus sucesores conseguirán este conocimiento. La preparación de esta medicina es de una naturaleza tal, que los comerciantes de píldoras no pueden conseguirla; ¡la entienden todavía menos que una vaca helvética! Además sus operaciones son casi celestes y singulares. Ella purifica y renueva por una casi regeneración, como podrás observar a lo largo de mis Archidoquias, donde también podrás profundizar en el origen y la esencia tanto de los metales como de las sustancias metálicas, así como de su virtud. ¡Quien tenga oídos para oír, que oiga pues y vea si Teofrasto escribe mentiras o dice la verdad, si habla de una vana marmita y por el demonio, como tú, sofista, hablador de sandeces, rodeado por el diablo, la mentira y las tinieblas; tú para quien nada es bueno si no es comprensible por tu estúpida cabeza y útil a tu caldo, sin ninguna labor previa! Cual tuerto, yerras como un vagabundo en vez de ir directamente a la ventana de la cocina. Allá tú, pues, si quieres enrollar tu hilo enredado y buscar el centro del laberinto junto a un astro tenebroso. Me es indiferente. No obstante, si un día hicieras uso de tu olfato, (14) si consideraras atentamente en qué se fundamenta el arte de Teofrasto, y por otra parte la debilidad de tus trabajos reunidos al azar, Teofrasto ya no te sería tan hostil. Las cosas que escribo brevemente ahora, y que seguiré escribiendo a fin de que los discípulos astrales puedan recogerlas para poder gozar de ellas y ser glorificados por ellas, también pueden ser adecuadamente entendidas gracias a los cuidados de cualquiera a quien no le avergüence instruirse, pues nada hay tan difícil que no pueda ser comprendido y aprendido mediante el trabajo y el estudio. He aquí pues la práctica de esta obra:

2. Preparación de la materia de la piedra (15)

«Toma Electrum mineral en limaduras, colócalo en su esperma (16) a fin de que sean lavadas de su mugre y superfluidades y púrgalo por completo tanto cuanto puedas, por el antimonio según la manera alquímica, para no sufrir ningún daño a causa de su impureza. A continuación ponlo a disolver dentro del estómago de un avestruz que nace en tierra y que está fortificado en su virtud por la acritud del águila. Cuando el Electrum haya sido absorbido y haya adquirido tras su disolución el color de la caléndula, (17) no olvides reducirlo a esencia espiritual diáfana similar al verdadero ámbar amarillo. (18) Seguidamente añade el águila extendida, sólo la mitad del peso del Electrum antes de su preparación y de ello separarás varias veces el estómago del avestruz; de esta manera el Electrum se volverá cada vez más espiritual. Sin embargo, cuando el estómago del avestruz esté fatigado por el trabajo, será preciso reconfortarlo y siempre separarlo. Por fin, cuando de nuevo haya perdido cierta acritud, deberás añadir la quintaesencia tartarizada, pero de tal manera que esté privado de su rojez a cuatro dedos de altura y que ésta ascienda con él.»

Repite dicha operación hasta que blanquee por sí mismo. Cuando sea suficiente –y verás con tus propios ojos como paulatinamente se acomoda a la sublimación– y una vez tengas esta señal, sublima. Así, el Electrum se convierte en la blancura exaltada del águila, y mediante un pequeño trabajo, es conducido a este punto y transmutado. Esto es lo que buscamos para utilizarlo en nuestra medicina. Con ello, puedes proceder de forma segura en numerosas enfermedades rebeldes a la medicina vulgar. Podrás también convertirlo en agua o en aceite, y en polvo rojo, y usarlo en todas las ocasiones en que necesites la medicina.

En verdad te lo digo, en toda la medicina no hay mejor fundamento que el que se esconde en el Electrum. Sin embargo no niego e incluso lo escribo en mis otros libros, que haya grandes secretos ocultos también en las demás sustancias minerales, pero son objeto de un mayor y más largo trabajo, no pueden ser fácilmente empleados como conviene, sobre todo por los ignorantes y si uno de ellos los utilizara, le sería más perjudicial que útil. No sería pues digno de alabanza que un alquimista cualquiera quisiera ejercer el arte médico sin estar bien informado. (19) Aquí es donde había que inventar un medio, una barrera capaz de rechazar a esos médicos imaginarios. (20) Además, en lo que me concierne, no pienso llevar el peso de su culpa ni los reconoceré como discípulos, (21) ya que no siguen la verdad. Más bien los considero unos maleantes, unos estafadores bien conocidos, unos vagos que quitan el pan de la boca a los verdaderos discípulos; que perjudican adrede a los hombres (22) y hacen caso omiso tanto de la conciencia como del arte. Pero en nuestro Electrum preparado se oculta una tan gran virtud curativa para los hombres, que en el mundo no podría hallarse una medicina más cierta y más relevante. Es cierto que algunos doctores galénicos, comerciantes de triaca, lo llaman veneno, denigrándolo, no por experiencia sino por soberbia y pura necedad. También admito que sea un veneno a lo largo de su preparación, e incluso que sea también un veneno tan potente, si no más, que la serpiente de Tiro, uno de los ingredientes de la triaca. Pero todavía no se ha demostrado que este veneno se mantenga después de la preparación. Aunque esto sea bastante incomprensible para ciertas cabezas de antílope, la naturaleza siempre tiende hacia su propia perfección: ¿acaso no podría ser conducida todavía más hacia la perfección por las artes que le son propias? Es más, incluso admito que el Electrum sea todavía un veneno después de su preparación, y ciertamente, más potente que antes. Pero es un veneno que sólo tiende a encontrar a su semejante para penetrar y expulsar las enfermedades fijas e incurables, operando no como un mal perjudicial sino como el enemigo del mal, atrayendo a sí la materia semejante y consumiéndola radicalmente. Lava como el jabón lava las manchas de la ropa sucia con las cuales dicho jabón se retira dejando tras de sí una ropa pura, intacta, limpia y bella. Este veneno, como tú le llamas, posee pues una eficacia muy distinta y de lejos superior a la de aquella manteca de cerdo que sueles emplear para tratar el mal galo, con unciones más frecuentes que las que hace el zapatero para engrasar el cuero. Efectivamente, el arcano que se oculta en esta medicina posee en sí una esencia muy proporcionada, excelente, en nada comparable al veneno, a menos de comprenderla según lo que he dicho antes al respecto. Su virtud y eficacia se diferencian tanto de la plata viva con la que frotas a los enfermos y de tu precipitado, como el cielo se diferencia de la tierra. Se la denomina pues, con mucho acierto, medicina bendita de Dios, y no revelada a todos. Ciertamente, está mejor corregida que aquella droga excrementicia que lleva bajo su toga un doctor de majestuoso porte, o que ha filtrado a través de su doble faja o de la caperuza de un necio. Es más, esta bendita medicina posee, para todas las enfermedades, sean cuales sean sus nombres, una fuerza, una virtud de operar que es tres veces superior a todos los fármacos que hayas podido ver. Pero no es permaneciendo sentado, inactivo y perezoso como he descubierto esto, ni tampoco en el orinal, sino viajando, vagabundeando, como tú dices. Me han sido necesarios muchos trabajos y cuidados a fin de aprender a conocer, saber y ya no hacer conjeturas. (23) Sin embargo, tú sacas tu medicina de un viejo lecho de plumas, de aquella almohada donde reposa la antigua nigromancia, que inspirándote, ha conseguido velar tu intelecto celeste con un gorro negro en lo que concierne a la medicina. Por lo cual, los viajes no me serán pesados y seré yo quien siga siendo tu maestro. Seguiré las huellas de Macaón, pues proceden de la luz de naturaleza, como la flor que se abre gracias a los rayos del sol. Pero para no desviarme de mi propósito y para que esta obra no permanezca imperfecta, examina en lo que voy a decirte, el procedimiento a seguir, con la fuerza y la propiedad dadas por la naturaleza a la piedra filosófica de medicina y observa como se la lleva a su término.

3. Respecto al resto de la preparación

Después de haber destruido tu Electrum tal como ha sido dicho, si quieres seguir adelante con el propósito de llegar al fin deseado, deberás tomar de tu Electrum destruido y vuelto volátil, la cantidad que quieras llevar a la perfección; introdúcelo en el huevo filosófico y séllalo lo mejor que puedas a fin de que nada pueda evaporarse. Deberá permanecer en el atanor hasta que, sin haberle añadido nada, empiece por sí mismo a resolverse desde lo alto, de modo que pueda verse una isla en medio de aquel mar, decreciendo día a día para convertirse por finen «atramento» de zapatero. Dicho «atramento» es el pájaro que vuela de noche sin alas y que el primer rocío celeste, por una perpetua cocción, ascenso y descenso, ha transmutado en una negrura de cabeza de cuervo, que toma seguidamente el color de la cola del pavo real, luego adquiere las plumas del cisne y por último recibe la rojez suprema del mundo entero, señal de su naturaleza ígnea que aleja todos los accidentes del cuerpo y cura los miembros muertos y fríos.

Según dicen los filósofos, esta preparación se realiza en un único vaso, en un único horno, con un único fuego y por un continuo vapor ígneo.

Dicha medicina es pues celeste y perfecta; y puede, como mínimo, convertirse en una luna más que perfecta por su propia carne y su propia sangre, y por el fuego interior orientado al exterior y conducido tal como hemos dicho; por el cual se lavan todas las mugres de los metales y se manifiesta lo que está oculto en ellos. Efectivamente, dicha medicina más que perfecta, todo lo puede, todo lo penetra e infunde la salud al tiempo que expulsa la enfermedad y el mal. En toda la tierra, ninguna medicina le es comparable. Por eso, debes ejercitarte en ello con inteligencia, pues ciertamente te proporcionará alabanza y gloria: entonces ya no serás un médico imaginario, sino conocedor; es más, te esforzarás en amar a tu prójimo. Pero nadie puede percibir ni comprender un arcano tan divino sin la ayuda divina; (24) ni tampoco su inefable e infinita virtud en la cual uno puede conocer a Dios todopoderoso. Pero además debes saber que no puede hacerse ninguna solución a partir de tu Electrum sin que antes haya recorrido perfectamente tres veces el círculo de las siete esferas. Efectivamente, dicho número le es necesario, y ha de estar completo. Debes pues cuidar mucho esta preparación que produce la solución; y para volver a tu Electrum glorificado, volátil y espiritual, deberás usar el arcano tartarizado a fin de lavarlo de las superfluidades que se han mezclado durante la preparación, si no quieres trabajar en vano. No obstante, no quedará nada del arcano del tártaro; sólo se procede con él de forma circular, según el número antedicho. De este   del fuego, se hace por sí misma y fácilmente el agua filosófica que los filósofos llaman agua viscosa, que también por sí misma. (25) Tengo prohibido, por orden del poder divino, escribir más sobre este misterio. Efectivamente, este arte, es verdaderamente un don de Dios; y por ello no todos pueden comprenderlo. Dios lo da pues a quien quiere, y no permite que le sea quitado por la fuerza, pues quiere tener la gloria de este arte para él solo, bendito sea su NOMBRE eternamente. AMEN.

4. Respecto al uno de esta piedra

Todavía nos queda por escribir algo respecto al uso de esta medicinay respecto a su peso. Has de saber pues que su dosis es tanpequeña y ligera que apenas puede creerse: (26) debe tomarse únicamentedisuelta en el vino y demás cosas parecidas, en la menor cantidad posible,a causa de su fuerza celeste, su virtud y eficacia. Sólo es manifestadaal hombre para que en la naturaleza nada permanezca imperfecto.Asimismo ha sido preparado y predestinado por Dios que su virtudjunto con el arcano, sea producido por el arte para el hombre, que es laimagen de Dios y a quien todas las criaturas están obligadas a ser útiles,y para que la omnipotencia de Dios sea conocida ante todo. Portanto, esta medicina será dada a quien Dios haya dotado de inteligencia. (27) Pero el tosco y necio galenista no podría comprenderla; incluso seapartaría de ella con hastío ya que todas sus obras son tinieblas, mientrasque esta obra actúa y se realiza a la luz de la naturaleza. Aquí tienes,en breves pero verídicas palabras, la raíz y el origen de toda verdadera medicina, que nadie podría quitarme, pese a la rabia deRasis y de su vergonzosa progenie, y pese a la hiel de Galeno. Que sequeje Avicena de tener dolor de muelas; Mesue, medido rápidamente alo largo y a lo ancho, resultará ser más alto que todos esos, y Teofrastopermanecerá en la verdad. Por el contrario, todas las obras mancas delos fabricantes de ungüentos y todas las preocupaciones de los médicosy apoticarios irán de mal en peor con toda su pompa y su fundamento.

Todavía he de decir unas palabras, pues mi relato parecerá amuchos oscuro:

«Querido Teofrasto», me dirás, «me hablas de un modo demasiadobreve y poco claro; he leído en tus demás tratados cuán claramenteexpones tus pensamientos y secretos, pero éste no me será de ningunautilidad.»

Te respondo que las perlas no han de ser arrojadas a los puercos, nia la cabra debe dársele una cola larga, puesto que la naturaleza no lo haquerido así. Por esto te digo que aquél a quien Dios haya dado, ésteencontrará con creces e incluso mucho más de lo que él quería. He aquílo que escribo a modo de comienzo. (28) Busca con prudencia, no huyasdel estudio ni del trabajo ni de los carbones; no te dejes seducir por lapompa de los habladores, ni dejes que te aparten de la diligencia necesaria.Efectivamente, mucho se encuentra a través de continuas meditaciones,y no sin frutos. Estate pues satisfecho con lo que te doy ahora,bebe de esta fuente a fin de no tener que ir al abrevadero de los comerciantesde píldoras; no tendrás trato con los enterradores, sino que alcontrario, podrás servir adecuadamente al prójimo y preparar para Diosalabanza y honor. Quien sea maestro en el estercolero de la conejera,que se quede así; no puede hallarse junto a él ayuda ni consejo. Pero yohe querido poner brevemente por escrito estas cosas en este librito quehe hecho sobre la piedra de los filósofos a fin de que los hombres comprendanque no es con curas diabólicas como Teofrasto cura a tantosenfermos. Si me sigues con rectitud, harás como yo y tu medicina serácomo el aire que penetra y atraviesa todas las cosas abiertas y está entodo, expulsando las enfermedades fijas, mezclándose radicalmentepara que la salud siga a la enfermedad y le suceda. Efectivamente, dedicha fuente mana el verdadero oro potable, y en ninguna parte puedeencontrarse otro mejor. Tómate esto como una fiel amonestación y nodesprecies a Teofrasto antes de saber quién es. No he querido hablar deotra cosa en este librito, aunque quizá fuese preciso hablar un poco y filosofar sobre el oro potable y el licor del sol; pero he querido indicaraquí aquellas sustancias las cuales, preparadas debidamente, no hayque despreciar en cuanto a sus virtudes. Mis demás libros hablanmucho de estos secretos y de un modo bastante abierto: es decir, de loque un verdadero médico debiera saber; dejaré este tema pues enreposo, con la esperanza que mi libro no quede sin ningún fruto y tambiénque sea estudiado por los hijos de la doctrina. Que Dios distribuyasu gracia en su gloria y honor. AMEN. (29)

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NOTAS

1. Véase Ezequiel I, 4 y 5. Hachmal en hebreo moderno significa ‘electricidad’La cita del Zohar ha sido traducida a partir del texto hebreo de Lachover y Tishby, Michnat Hazohar, ed. Institut Bialik, Jerusalén, 1957-1961, vol. I, p. 444. Para la comprensión deeste texto del Zohar, resulta imprescindible volver a leer el pasaje de Ezequiel a que se alude.

2. Véase el Talmud de Babilonia, Haghiga, 13a.

3. O animales; en hebreo, hayot.

4. Moisés.

5. Véase L. Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, Arola ed., Tarragona, 2000, XXII, 61.

6. Véase Juan X, 1 a 6.

7. Ed. De Tournes: «verum medicum». Waite: «true physician».

8. Salmos CXXVII, 2.

9. Véanse Los Aforismos Basilienses, cánones VII y VIII.

10. Gérard Doorn: «una cosa medio perfecta».

11. Gérard Doorn: «hasta que aparezca la virago hembra semejante a él, fabricada a partir

de él […]».

12. Véanse Los Aforismos Basilienses, canon VIII.

13. Gérard Doorn: «2, 3 y 4».
14. De Tournes: «prudentia». Waite: «foresight».

15. El fragmento siguiente y que hemos señalado entre comillas se encuentra en itálicas en la edición De Tournes. Debe tratarse sin duda de una cita.

16. Según otros: « Electrum mineral no maduro, ponlo dentro de su esfera».

17. Gérard Doorn: «las flores amarillas (cum flavos flores acquisierit) o el aspecto de las flores de heliotropo».

18. Gérard Doorn: «semejante al vitriolo blanco».

19. Véanse Los Aforismos Basilienses.

20. Gérard Doorn: «Habría que culpar a los médicos temerarios, imaginarios y pretenciosos hechos de esta pasta, quienes se consideran enseguida médicos o químicos por la mera lectura, y no quieren penetrar en estas artes por la puerta sino por la ventana.»

21. Gérard Doorn añade: «aunque se valgan de mí».

22. Gérard Doorn: «perjudiciales para todos bajo mi nombre».

23. «Muchos opinan, pero pocos saben. El que opina no sabe», H. Khunrath, Amphithéâtre

de l’Eternelle Sapience, ed. Archè, Milán, 1975, Grado IV, versículo CLXXXVII, p. 73.

24. Gérard Doorn: «sin la voluntad de Dios».

25. Gérard Doorn: «Al igual que el arcano del tártaro también debe ser retirado a fin de que tu materia, por sí misma, pura y movida de forma circular según el orden prescrito por el arte, se convierta fácilmente en agua filosófica, en el huevo filosófico por el vapor del fuego y ellos la denominan agua viscosa». El texto de Gérard Doorn resulta pues ligeramente diferente de la versión latina de la edición De Tournes, traducida por Waite de la manera siguiente: «[…]of the arcanum of the tartar nothing will remain, only you must proceed circularly with it according to the number mentioned. Thus, easily of itself, it produced in the philosophic egg and the vapor of fire the philosophic water which the philosophers call aqua viscosa […]». La traducción de Waite nos parece apartarse aquí del sentido dado por el texto latino de De

Tournes: «Attamen de arcano tartari nihil ibi remanebit, sed tantummodo circulariter cum eo juxta dictum numerum proceditur. Ita facile per se in Philosophico ovo et vapore ignis fiat aqua Philosophica quam Philosophi aquam viscosam appellant». Según Waite, podría comprenderse que es el arcano del tártaro quien produce el aguaen el huevo filosófico, lo que no aparece en absoluto en el texto latino.Véanse también Los Aforismos Basilienses, canon XI y sigs

26. Gérard Doorn: «que es apenas igual al de un átomo».

27. De Tournes: «Intellectum». No hay que confundir el intelecto con la razón, que es tan sólo una astucia del espíritu.

28. De Tournes: «Pro initio». Waite: «By way of initiation».

29. Gérard Doorn añade como conclusión de su capítulo XI: «A fin de aportar un poco de luz al lector de este escrito de Paracelso, me parece útil añadir lo siguiente: hay que abrir la dura corteza en que se oculta el Electrum. Nadie sabe que el Electrum metálico o mineral es una mezcla de dos o más cuerpos de esta especie. Por lo cual debemos buscar primero este mineral no maduro, es decir, vuelto compacto por la naturaleza, pues contiene varios más, como lo que artificialmente está compuesto por varios metales, por ejemplo el latón, el metal de las campanas y otros similares». Leemos en el Archidoxe magique: «[…] No puedo hacer caso omiso de aquél milagro tan grande que presencié en España, realizado por un nigromántico. Poseía una campanilla cuyo peso no excedía las dos libras. Cada vez que la hacia sonar, podía producir y atraer a sí, toda clase de espectros y visiones de espíritus. Cuando le parecía oportuno, escribía unas palabras y caracteres concretos en la superficie de la campanilla. Cuando la agitaba para hacerla sonar, el espíritu se manifestaba adoptando de por sí la forma que él quería darle. Era capaz de atraer o rechazar por el son de esta misma campanilla muchas otras formas de visiones y espíritus e incluso hombres y rebaños. Esto es lo que vi con mis propios ojos, y también muchas otras cosas. Y cada vez que quería producir un nuevo efecto, cambiaba las palabras y caracteres. Se negó no obstante a revelarme los secretos de ello, hasta que, por mí mismo, tras examinar y escrutar la cosa más profundamente, conseguí  todo ello a conciencia, así como los ejemplos que podría exponer. Por otra parte, me di clara cuenta de que la campanilla era más importante que las palabras mismas, ya que dicha campanilla había sido sin duda alguna preparada con nuestro Electrum». Fragmento procedente del Archidoxe Magique de Paracelso in Opera omnia, ed. De Tournes, Ginebra, 1658, t. II, pp. 713 y sigs., del libro VI. No obstante, habría que citar el texto íntegramente, lo que nos proponemos hacer en otra ocasión. Puede observarse que las campanas de las que aquí se habla no son de una naturaleza muy corriente.

Post-scriptum de E. d’Hooghvorst

Los Aforismos Basilienses a que en ocasiones remitimos el lector tendrían como supuesto autor, nos expresamos con prudencia, a Nicolaus Niger Hapelius. Su nombre podría ser un anagrama de Raphaël Eglinus Iconius. Según P. Borel, hay que leer Happelius (Bibliotheca Chimica, París, 1654). Su Cheiragogia Heliana de Auro Philosophico necdum cognito fue publicada junto con el Tratado del Cielo Terrestre de Venceslas Lavinius de Moravia en 1612, edición princeps. Después, este tratado fue publicado en 1659, en el tomo IV, pp. 262 y sigs. del Theatrum Chemicum, seguido de los Aforismos Basilienses atribuidos al mismo autor, bajo el siguiente título completo: Disquisitio Heliana, Aphorismi Basilianisive Canones Hermetici de spiritu anima et corpore medio Majoris& Minoris Mundi, pp. 327 y sigs. Es una obra que debe ser traducida y dada a conocer. El autor parece haber sido un discípulo de Paracelso (véase Bibliotheca Chemica de Ferguson, ed. Holland Press, Londres, 1954.) En cuanto a Gérard Doorn, vivió en Frankfurt durante la segunda mitad del siglo XVI. Era un ferviente discípulo de Paracelso de quien comentó y tradujo varias obras en latín. También comentó al Trevisano, a Denys Zachaire y a otros, en una obra publicada en Basilea en 1600. Por último, es también autor de varios libros de alquymia, como el ChymisticumArtificium Naturæ, Theoreticum & Practicum, s.l., 1568, la ClavisTotius Philosophiæ Chymisticæ publicado en Lyon por los herederos de Jacques Junet en 1577; su Tractatus de Transmutatione Metallorum se halla, como lo hemos indicado, en el tomo I del Theatrum Chemicum. Para más detalles, véase Ferguson.

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