Discurso visual sobre la relación entre el arte y la naturaleza en Perú. Detalles de unas piezas del Museo Larco de Lima, que muestran los 3.000 años de la historia del Perú precolombino, con distintas imágenes de los Andes peruanos. Edición de R. Arola

blancHemos creado una relación analógica entre la representación inca del rostro humano, principalmente la horizontal de sus ojos, con las cimas de las montañas andinas. En esta relación simbólica puede intuirse el lugar secreto que alberga la presencia de Dios. Esta analogía se da a partir del conjunto de los distintos rostros y las diferentes fotografías, es entonces cuando aparece la presencia: Dios entre los hombres. El ser palpita con la vida. Ya no es una idea, ni un arquetipo, ni un principio: Él está y, con Él, está el hombre. Se vuelven indispensables el uno para el otro. Dios es Dios y el hombre es hombre pero también, y eso es lo misterioso, Dios es hombre y el hombre es Dios. He aquí la presencia viva y vivida, o lo que es lo mismo, el lugar de la unión del Cielo y la Tierra, que la cima de las montañas simbolizan a la perfección Las distintas imágenes del arte inca junto con las imágenes de los Andes diversifican la Unidad, pero también la recrean.

¿Por qué discurrir cuando todo está tan magníficamente diversificado por la luz de Dios? (Louis Cattiaux)

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Hacer aparecer la unidad divina oculta bajo la diversidad del mundo es la obra de la naturaleza. Incorporar el espíritu más alto al cuerpo más bajo y llevarlos a la perfección absoluta es la obra del arte.

El arte sin la naturaleza es impotente y la naturaleza sin el arte es ciega. Ambos reunidos constituyen la perfección de la obra divina

(Louis Cattiaux)