Serie de imágenes que ilustran las enseñanzas del Buda Amitabha. En el budismo Mahayana o de la Tierra pura, el Sutra del Loto enumera estas perfecciones necesarias para la transición de los seres desde la orilla del sufrimiento a la orilla de la liberación espiritual

blanc.1 - copiaSerie de imágenes que ilustran las enseñanzas del Buda Amitabha (Museo Nacional del Palacio de Taiwan).

En el budismo Mahayana o de la Tierra pura, el Sutra del Loto enumera las Seis Perfecciones necesarias para la transición de los seres desde la orilla del sufrimiento a la orilla de la liberación espiritual. Estas perfecciones son: 1. Dana: generosidad; 2. Sila: virtud, moralidad, honestidad, conducta apropiada; 3. Kshanti: paciencia, tolerancia, receptividad. 4. Virya: energía, esfuerzo; 5. Dhyana: concentración, contemplación; 6. Prajña: sabiduría.

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Texto de Mircea Eliade sobre el budismo Mahayana, que se relaciona con las imágenes de esta corriente del budismo

A partir del siglo VIII, Buda Amitabha conocería una fortuna extraordinaria en Tibet, China y Japón. Conviene detenernos en esta figura, ya en el contexto mahayanista, puesto que su mitología y su culto suponen una innovación suprema. Cuando era un simple monje, Amitabha hizo voto de llegar a ser Buda y adquirir una «tierra pura» cuyos habitantes, por la fuerza de sus méritos, gozarían de una felicidad inigualada hasta su entrada en el nirvana. Esta tierra, Sukhavati (la «dichosa»), está situada a una distancia vertiginosa, hacia el oeste; está bañada de luz y se parece a un paraíso por sus piedras preciosas, sus flores y sus pájaros. Sus habitantes son en realidad inmortales y disfrutan siempre de la enseñanza oral de Amitabha.

En la India eran ya conocidos estos paraísos. La nota distintiva de Sukhavati consiste en la extraordinaria facilidad con que en él penetran los devotos. En efecto, basta haber escuchado el nombre de Amitabha y haber pensado en él; cuando sobrevenga la muerte, el dios descenderá y conducirá con su mano al devoto hasta el paraíso de Sukhavati. Se trata del triunfo absoluto de la devoción. Sin embargo, su justificación doctrinal está ya en el budismo más antiguo. En la versión china del Milinda-pañha se dice que «los hombres que en una existencia han practicado el mal hasta cien años, si piensan en Buda en el momento de la muerte, obtendrán después de morir el nacimiento en lo alto del cielo». Ciertamente, el paraíso de Sukhavati no es el nirvana, pero los que lleguen a él, en virtud de un solo pensamiento o de una sola palabra están destinados a obtener en el futuro, y sin esfuerzo alguno, la liberación final. Si recordamos el rigor extremado del Sendero, tal como los predicaban Buda y el budismo antiguo, caeremos en la cuenta de la audacia de esta nueva teología. Evidentemente, sin embargo, se trata de una teología mística y devocional que no duda en aplicar, en la práctica de todos los días, los descubrimientos metafísicos de los grandes maestros mahayanistas.