Quinto artículo de una serie de RAIMON AROLA, en los que se busca la relación entre la poesía y el conocimiento, entendiéndolo como el camino que conduce al saber de la realidad interior del ser humano.

Venus

Arnold Böcklin, «Venus Anadiomene (el nacimiento de Venus», 1872.

Textos

PRIMERA PARTE: Invisible poema: “encuentro jamás interrumpido del propio ser y el espacio del mundo. Poemas de Rilke y Gimferrer, reflexiones de Corbin, Cheetham y Vega

SEGUNDA PARTE El lenguaje, el honor de los hombres. Poema de Valéry, reflexiones de Isidoro de Sevilla, Wittgenstein y D’Hooghvorst.

PRIMERA PARTE

Invisible poema: “encuentro jamás interrumpido del propio ser y el espacio del mundo. Poemas de Rilke y Gimferrer, reflexiones de Corbin, Cheetham y Vega

Los seres humanos no podemos acceder a la vida espiritual por medio de los conceptos y menos aún a través de los sentidos, pero existe otra manera de acceder a ella como una realidad de conocimiento; Henry Corbin ha estudiado en profundidad este tema y escribió al respecto:

Entre las percepciones de los sentidos y las intuiciones o categorías del intelecto ha quedado un vacío. Aquello que debía haber ocupado el lugar entre unas y otras, y que en otros tiempos y lugares ocupó este espacio intermedio, es decir, la Imaginación activa, se ha dejado a los poetas.

La manera sería, pues, la imaginación activa de la que habla Corbin. Después de este personaje y siguiendo su estela, el profesor Tom Cheetham ha dedicado cinco libros a desvelar el conjunto de pensamientos de Corbin y escribe lo siguiente en su obra El mundo como icono:

Durante mucho tiempo no ha existido ninguna metafísica en el pensamiento occidental que se haya tomado en serio la actividad do la Imaginación. En la cosmología que defiende Corbin, la Imaginación proporciona acceso al mundo donde “se resuelve el conflicto entre teología y filosofía, entre fe y conocimiento, entre símbolo e historia”. Corbin se refiere a la Imaginación como un órgano de percepción. Sin ella, todos los fenómenos de la experiencia religiosa son imposibles.

Podría decirse que en Occidente la filosofía ha carecido de esta percepción y la sociedad ha dejado el mundo lo imaginario a los poetas, a los artistas, lo cual significa que durante siglos la filosofía occidental ha carecido de los medios para entender nada de la religión, así como del arte. En consecuencia, los poetas junto con todos los demás artistas, son marginados y completamente malentendidos por filósofos y científicos. Se necesitaría una metafísica que incluyera la Imaginación activa para poder validar la realidad y comprender el significado de áreas inmensas de la experiencia humana, como añade Cheetham:

De ello depende […], tanto la validez de los relatos visio­narios que perciben y cuentan “acontecimientos en el cielo” como la validez de los sueños, los rituales simbólicos, la realidad de los lugares formados por la meditación intensa, la rea­lidad de las visiones imaginativas inspiradas, las cosmogonías y las teogonías, y por consiguiente, y ante todo, la verdad del sentido espiritual percibido en los datos imaginativos de las revelaciones proféticas.

No deja de ser extraño que la consciencia esté tan enfrentada a sí misma, que no valore su capacidad de percepción transensorial. La consciencia deja el conocimiento de la realidad a los sentidos exteriores: la realidad es la ventana, la mesa, la montaña, etc., mientras que la realidad de las visiones imaginativas se oscurece poco a poco y con ella la poesía como forma de saber el mundo. Aquello que perciben los ojos o los oídos es “una” realidad que ha relegado a las otras percepciones a mundos insignificantes. El ser se ancla en “una” percepción con un argumento tan simplista como el que la ventana, la mesa, la montaña, por estar en la inmediatez ya poseen la existencia del ser. El tosco mundo de la inmediatez. Mundo de adultos que menosprecian las percepciones infantiles donde no todo es lo que parece.  Madurez del cuerpo y desprecio del espíritu. Un niño pequeño ve un bebé en un muñeco de trapo, un amigo en un coche de madera. Faltaría a la metafísica el no considerar como válida la visión infantil y sólo aceptar la visión de cierta edad. La consciencia de la cotidianidad establecida en la lógica de los mayores cambiaría y el niño o el loco podrían aprehender el mundo desde su estado. Abrir la percepción para abrir la consciencia. Llegar al máximo sentido del ser mediante la máxima plenitud de la percepción.

En un poema a Orfeo, Die Sonette an Orpheus, Rainer Maria Rilke (1875-1926) apunta al encuentro entre el ser y la percepción al margen de las ideas.

¡Oh, aliento, tú, invisible poema!

Puro trueque jamás interrumpido

del propio ser y el espacio del mundo.

Equilibrio en el que rítmicamente me sucedo.

Onda única del mar

que paulatinamente soy;

tú, el más rico en reservas de los mares

posibles, pura ganancia de espacio.

Cuántos de estos puntos de los espacios

estuvieron ya interiormente en mí.

Algunos vientos son como hijos míos.

¿Me reconoces tú, aire, lleno aún de lugares

en otro tiempo míos? Tú, una vez, lisa corteza,

redondez y hoja de mis palabras.

[Atmen, du unsichtbares Gedicht! / Immerfort um das eigne / Sein rein eingetauschter Weltraum. Gegengewicht, / in dem ich mich rhythmisch ereigne. / Einzige Welle, deren allmähliches Meer ich bin; / sparsamstes du von allen moglichen Meeren, / Raumgewinn. / Wieviele von diesen Stellen der Räume waren schon / posada en mir. Manche Winde / sind wie mein Sohn. / Erkennst du mich, Luft, du, voll noch einst meiniger Orte? / Du, einmal glatte Rinde, / Rundung und Blatt meiner Worte. Trad. Jaime Ferreiro]

Atmen, “Aliento” traduce Jaime Ferreiro; “Respirar” traduce Eustaquio Barjau, el poema es el incesante intercambio nunca suspendido entre … el propio ser y el espacio del mundo… en ningún caso es la razón adulta la que determina la poesía, es el propio ser que es la propia respiración. Ser: respirar. Ser: unión de lo particular y lo universal.

Respirar, existir, ser. La poesía es como la respiración del ser humano, lo explica Amador Vega en su obra La novena elegía:

Cuando el joven Kappus envía a Rilke sus versos, con la intención de que este emita un juicio acerca de su valor poético, volvemos a dar con el asunto de la necesidad y la exigencia como algo ineludible: escribir poesía únicamente si el hecho de no hacerlo nos llevara a la muerte (carta de 17 de febrero de 1903). El resto es confusión, …mero adorno, solo cultura, incluso también solo arte. Pero en Rilke, el ars poetica da un paso más allá del arte y la cultura, para poner a prueba el alma humana frente a los límites de la existencia. Aquí hay que tener presente que la dimensión artística de la vida pasa por admitir la inevitabilidad de dicha necesidad, en la medida en que se trata no de un camino que busca encontrar, sino de un encuentro que inaugura una búsqueda

Pere Gimferrer dedicó el poema Unidad a María José y Octavio Paz. Describe el lugar de la epifanía poética donde la oscuridad y la luz se reencuentran, situando, en palabras de Amador Vega: “el alma humana frente a los límites de la existencia”; dice así el poema:

Dictado por el ocaso,

por el aire oscuro, se abre el círculo

y lo habitamos: transiciones, espacio

intermedio. No el lugar

de la revelación, sino el lugar

del reencuentro. La espada

que divide la luz.

Del ojo a la mirada,

la claridad eterna, el país de los sonidos,

la campana que encierra la visión terrestre

como el ojo inexorable de la forma floral

fija el fuego de un carbunclo. Este ojo

¿ve a mi ojo? Es un espejo de flamas

el ojo que ahora me ve. Con sonido de poleas,

los ejes de la noche. Desarbolada,

naufraga la oscuridad y, a tientas,

el sol conoce a la noche.

La espada separa como conviene, después de ello, el país de los sonidos, la visión terrestre del poeta, el ojo que mira y el ojo que es visto, en los ejes de la noche se pierde, se desborda, naufraga y: “el sol conoce a la noche”. Unidad. Lugar de unidad dictada por el ocaso. Percepción transensorial como enseñaba Henry Corbin. Gimferrer escribe un poema que le dicta el ocaso, y, allí, descubre “…el lugar del reencuentro…” puesto que penetra en el lugar donde está “…el ojo que ahora me ve…”.

La existencia se abre y se coordina con la consciencia. Ardua faena de los poetas que son el sol que, a tientas, conoce la noche para engendrar el diálogo entre la vida y la muerte, entre el día y la noche. Solo el aliento de los mundos puede inspirar el poema de Rilke, que hemos citado “¡Oh, aliento, tú, invisible poema! …”.

SEGUNDA PARTE

El lenguaje, el honor de los hombres. El mundo por-venir, Poema de Paul Valéry. Reflexiones de Isidoro de Sevilla, Wittgenstein y D’Hooghvorst. Poesía y alquimia.

Paul Valéry escribió unos versos dedicados a la pitonisa de Delfos, la sacerdotisa y oráculo del templo de Apolo; he aquí un fragmento:

Honneur des Hommes, Saint LANGAGE,

Discours prophétique et paré,

Belles chaînes en qui s’engage

Le dieu dans la chair égaré,

Illumination, largesse !

Voici parler une Sagesse…

[Honor de los Hombres, santo LENGUAJE, / discurso profético y engalanado. / Hermosas cadenas en las que se adentra / el dios en la carne extraviado / ¡Iluminación, generosidad! / he aquí habla una Sabiduría…]

El lenguaje es lo propio del ser humano y, a la vez, su honor, explica Valéry. Entendiendo la palabra “honor” como la manifestación de lo propio, lo genuino y lo íntimo de una persona o, como es el caso, del conjunto de los seres humanos. El dios se enreda en el lenguaje, en el Saint LANGAGE, el lenguaje del ser humano. De tal unión surge la sabiduría, el despertar según la tradición oriental. El saber cómo la consciencia de este honor en el que cada uno se reconoce como humano. Y en la medida que reconoce su esencia, reconoce también la ayuda divina y, ambas unidas, forman la consciencia del saber.

No son especulaciones lo que configura la sabiduría sino el lenguaje que “el yo” utiliza, pero poder trascender más allá. “El yo” nunca es sabio pues se apodera de algo que no es suyo. Incluso diríamos que “el yo” no es parte de sí-mismo, es una primigenia apropiación del lenguaje.  La originalidad de la sabiduría está fuera del “yo”, si bien puede manipular como algo propio lo que es, en esencia y substancia, algo ajeno a él. Usurpación de la visión y comprensión de lo real, “el yo” no puede determinar qué es la realidad, en cambio, el lenguaje llega a crear la realidad cognitiva. Fuera de esta creación, no existe realidad aprensible.

Valéry llamó a la realidad consciente, Saint LANGAGE o el lugar del dios encarnado. Demasiado a menudo se ha confundido a Dios con lo externo del “yo”, lo cual es cierto, pero no excluye a Dios de la consciencia despierta. Las religiones establecidas utilizan términos que se han convertido en ajenos a la conciencia de los fieles, salvación, resurrección, cielo… Es la distorsión de exteriorizar el saber.

Sin lenguaje no hay humanidad, no hay diálogo entre la vida y la muerte, no hay poesía. Los ángeles, los dioses, los genios, los demonios… cantan en una lengua primordial, llena de alabanza, de belleza originaria y pura en los sonidos. Pero ni los ángeles, ni los dioses, ni los genios ni los demonios son poetas. La poesíoa surge después de la expulsión de Adán y Eva en el Paraíso, después de que conocieran la muerte en este mundo y el misterio de la regeneración, después del retorno al Paraíso. La poesía es la que llena la consciencia del ser humano-divino, el Saint LANGAGE.

Emmanuel d’Hooghvorst escribió un artículo sobre la sexta Bucólica de Virgilio. En su planteamiento inicial escribe:

Entre todas las formas de arte, la poesía es, ciertamente, la más digna de admiración aquí abajo, pues tiene como materia la más noble función humana: la palabra. La poesía, la verdadera, se confunde con la profecía. Los Antiguos no dudaban de que los poetas estuviesen poseídos por un ser divino: la musa. Sin musa, no hay poeta. Los términos acompasados del decir poético eran los de un dios encarnado. El dios de la poesía era el propio Apolo, director del coro de las musas y fuente de toda profecía o mancia: “Júpiter me ha engendrado. Por mí se manifiesta lo que será y fue y es, por mí se armonizan los cantos y las cuerdas…” (“El Hilo de Penélope”)

Pero el pensamiento de Emmanuel d’Hooghvorst no concluye en el “decir poético”, al contrario, penetra en otra dimensión, la que conduce al ser humano a alcanzar la plenitud de la consciencia, lo que él llama, “el Gran Arte”

Pero esta poesía anuncia un arte todavía más noble que sólo encuentra su justificación en sí mismo en la gratuidad de un eterno reposo: es la fiesta en la que el rey púber se divierte y ríe en su Olimpo, tal es el Gran Arte al que aspiran, mediante las operaciones de la Gran Obra, los sabios quymicos [sic].

Cuando se encuentran el contenido y el continente en el Saint LANGAGE el devenir de este mundo no es el motivo del saber. La sabiduría pertenece a la otra realidad, aquella que, desnuda, atraviesa la vida y la muerte. El Gran Arte es el arte de Hermes, a menudo conocido bajo el nombre de alquimia, un arte que convierte las materias viles en materias puras y este mundo en el mundo porvenir.  De esto han hablado los profetas que también son poetas y a la inversa.

Los primeros cristianos que adoptaron las enseñanzas procedentes de la tradición hebrea, así como las procedentes de la tradición griega y latina, se dieron perfecta cuenta de que la palabra hebrea nabi que se tradujo al latín como ‘profeta’, se refería también al termino griego poeta. El nabi del Antiguo Testamento es el ‘interprete del pensamiento de Dios’, que proviene de un verbo que significa, ‘profetizar, predecir, cantar himnos bajo la inspiración divina, cantar himnos de manera entusiasta’. Por ello san Isidoro de Sevilla (Etimologías) escribió lo siguiente:

Antiguamente a los poetas se les llamaba en latín ‘vates’, y a sus escritos ‘vaticinios’, porque, cuando escribían, se sentían agitados por una cierta fuerza y una especie de furor […]. Por su inspiración recibían el nombre de ‘vaticinadores o adivinos’, debido a que, por lo general se expresaban en verso.

Sin embargo, no todo vaticinio es una profecía, sólo aquél que predice el mundo por venir y que acompaña a los hombres en el camino tras la muerte, cosa que nada tiene que ver con los arúspices, augures, intérpretes de sueños y demás, cuyo arte, sólo procede de una actividad humana. Así pues, el vate, ya sea llamado poeta o profeta, es aquel que recibe el soplo de la inspiración divina y, por medio de su palabra, ofrece la palingenesia.

Los profetas han hablado del mundo por venir, también los poetas, pero sus palabras generalmente se confunden con aspectos del devenir de este mundo. Para huir de la confusión solo cabe desear la realidad trascendente que, unida con la realidad inmanente, permite la entrada a “la fiesta en la que el rey púber se divierte y ríe en su Olimpo”. Pero, para ello, es necesario el don de las musas, pues, “sin musa no hay poeta”. Lo propio del ser humano, su honor, depende de un ser divino de la misma naturaleza.  Si están separados, los seres humanos languidecen sin esperanza, mientras que los seres divinos se apenan al no poder manifestar sus potestades. La vida espiritual no puede desarrollarse sin el impulso del espíritu universal: las musas. El pensamiento racionalista ―que demasiado a menudo se considera como el único pensamiento― se opone a esta evidencia, y se pregunta, ¿qué es lo divino? La respuesta está en el mismo enunciado pues la vida interior no tiene sentido sin la vida exterior, y también a la inversa. Así, en el momento que se unen lo interior y lo exterior, ambos desaparecen como tales, es el momento, sin dentro ni fuera, que prefigura el mundo porvenir en edad de oro, llamada también: Saint LANGAGE.

Ludwig Wittgenstein se dio cuenta que la vida del espíritu, y con ella la poesía, es completa desde su origen; por ello, escribió unas Observaciones sobre La rama dorada de Frazer (es decir: sobre la magia y la religión) donde se lamenta de lo siguiente:

¡Qué estrecha es la vida del espíritu para Frazer! Y consecuentemente: ¡Qué incapacidad para comprender una vida que no sea la de un inglés de su tiempo! […] Frazer no se puede imaginar un sacerdote que no sea, en el fondo, como un párroco inglés de nuestros días con toda su imbecilidad y mediocridad.

Después, explica el ejemplo de la importancia simbólica de las palabras y los nombres en el mundo de los hombres “salvajes”, según Frazer, y la importancia del lenguaje. Penetrar en el lenguaje, en la poesía, es hacerse con el misterio místico y alquímico que une la vida y la muerte. La no-dualidad en el tema más básico del acontecer. Ahí reside el “honor de los hombres”, como se apunta en estos fragmentos de Emmanuel d’Hooghvorst refiriéndose a la Odisea de Homero:

No hay que hacer decir a los textos lo que no dicen, añadirán ciertos críticos: la Odisea cuenta, simplemente, las maravillosas aventuras de Ulises, producto de la fértil imaginación de un poeta genial, extraídas, tal vez, de las leyendas de la época. Sin embargo, ¿se ignora acaso que la Ilíada y la Odisea eran la Biblia de los griegos? ¿El código de su saber y de su verdad? ¿Acaso esta Biblia contenía sólo historias sin fundamento? ¿A quién se conseguiría convencer de ello? ¿Habrían atravesado milenios estos poemas sólo para venir a contarnos historias infantiles? Contemporáneo de aquellos egipcios hieráticos, cuya civilización entera tendía hacia el misterio de la regeneración, cien años después de Hiram y Salomón, ¿el autor de la Odisea no tenía que decir más que futilidades? […].

La poesía homérica es un himno a esta radiante humanidad, cuyos hombres formaban con los dioses una comunidad de vida y pensamiento que se encaminaba hacia la apoteosis del héroe divinizado. ¿Acaso no es éste el objeto de la tradición que nos viene de nuestro padre antiguo? […].

D’Hooghvorst acaba lamentándose que, en nuestro tiempo, volcado en lo técnico, en el progreso económico y la producción, pocos, muy pocos hombres encienden, como Diógenes, su linterna “con el espíritu del sol para ir al encuentro del Hombre”.

Artículos de la serie

Belleza y conocimiento. Primera parte

Belleza y conocimiento. Segunda parte

Belleza y conocimiento. Tercera parte

Belleza y conocimiento. Cuarta parte