Vida interior y orden exterior

Imágenes de formas vegetales realizadas por K. Blossfeldt (1865-1932) relacionadas con unos fragmentos alquímicos de Michael Sendivogius (1566-1636)

0Karl Blossfeldt fue un fotógrafo alemán cuyas imágenes sobre las formas vegetales han representado un hito dentro de la historia de la fotografía y del arte en general. En este sentido es suficientemente conocido, sin embargo en ArsGravis querríamos presentar otro aspecto de su obra. En los casi 100 que han pasado desde que Blossfeldt realizara sus fotografías, la tecnología ha hecho posible la creación de multitud de fotografías de la naturaleza a cual más sorprendente, pero las imágenes tomadas por Blossfeldt no dejan de impresionarnos, pues su mirada es la de un artista que sabe ver la vida interior en el orden natural exterior, es decir, sabe ver al Espíritu universal actuando en la materia. Creemos que su obra representa un nexo entre el arte y la naturaleza, un poco a la manera como hicieron los alquimistas. Por eso, después del vídeo que compila sus creaciones, transcribimos un fragmento de un famoso alquimista del s. XVII que da un nuevo sentido al orden que Blossfeldt vio en las formas vegetales.

(Para ver todas las imágenes fotográficas de Blossfeldt, pulsar aquí)

Charles Blossfeldt, La Plante. Cent vingt planches en héliogravure d’après des détails très agrandis de formes végétales

Fragmentos de la “Carta filosófica” de Michael Sendivogius, El Cosmopolita

Hay que observar tres cosas en el caos: primero, el agua primera e informe; segundo, el fuego vivificador, por medio del cual el agua ha sido agitada; y tercero, la manera cómo se han producido los seres particulares en ese caso o ser general. Esta agua informe e imperfecta sin el fuego vivificador era incapaz de producir nada. Primeramente era el agua elemental, y contenía el cuerpo y el espíritu, que conspiraban juntos en la procreación de los cuerpos sutiles y groseros. Esta agua primera era fría, húmeda, crasa, impura y tenebrosa, haciendo en la creación el papel de la hembra, así como el fuego, cuyas innumerables chispas como machos diferentes, contenía otras tantas tinturas propias a la procreación de las criaturas particulares. Este fuego que precedió a lo elementario, vivificó todo lo que se produjo del caos; es el de la naturaleza, o, para decirlo mejor, el espíritu del Universo sutilmente difundido en esa agua primera e informe. Se puede llamar a ese fuego la forma, como al agua la materia, confundidos juntos en el caos. El no subsistiría separadamente sin el agua, que es propiamente su habitáculo, materia o vehículo que le contiene. De todos modos, ese fuego no es más que un instrumento subalterno, y que no puede obrar en ninguna forma por sí sólo, porque no es más que una herramienta material de la gran mano inmaterial de Dios, o de su palabra no creada que ha emanado de Él, y de Él procede continuamente, como vemos en el I y II capítulos del Génesis, haciendo, por medio de ese fuego, las impresiones de diferentes tinturas sobre diversas especies.

[…]

Los vegetales son cuerpos que tienen la raíz en la tierra y hacen crecer su tallo, hojas, frutos y flores en el aire. Su simiente interior, ayudada por un calor exterior, y sobre todo animada por el Espíritu universal, mediante la influencia de los Astros, se hace patente en la propagación de la especie. Considerad vosotros mismos en las partes de un vegetal, sólidas y líquidas, espirituales o corporales, su bálsamo natural que las agita con su humedad o el mercurio que las humecta o sostiene. Su anatomía os mostrará en su solidez su carne; en sus ligamentos, como las arterias y las venas que sirven al recorrido que hace en ellas el Espíritu universal. El remanente de sus miembros son las raíces, el tallo, la corteza, la médula, la madera, las ramas, las hojas, las flores, los frutos, el musgo, el jugo, la goma o raíz; en donde vuestra meditación os dictará al pie de lo que os he dicho aquí arriba, tanto respecto a lo universal de las criaturas como a las criaturas en particular, lo que hay que observar en lo que concierne a su generación, conservación y destrucción. Están sujetas a las estaciones que aceleran o retrasan, según sus propiedades, las cualidades inherentes a cada planta separadamente para que sigan el curso a ellas destinado desde la fundación del mundo. Nunca se había hablado de sus especies y virtudes diferentes, así como de su signatura y constelación, ni se habían distribuido o arreglado según los Astros que dominan cada planta en particular, ni demostrado a los sentidos que las signaturas se refieren a las diversas enfermedades con la armonía de los espíritus subalternos que gobiernan tanto las perfecciones de las plantas como las imperfecciones de las enfermedades; pero ese camino a pesar de ser maravillosamente hermoso y agradable es demasiado largo y no hace más que dar vueltas alrededor del centro cabalístico, al cual se llega por un sendero infinitamente más corto y cómodo si se observa exactamente el comienzo el final de esta carta. Según mi opinión, teniendo la clave de la ciencia general, se penetra con facilidad en las propiedades de las criaturas particulares, pero es muy difícil trepar de lo particular a lo general, porque, claro está, se desciende con más facilidad de la que se tiene para subir, y da siempre mucho más trabajo hablar al mismísimo Príncipe que a sus criados.

Texto completo de la “Carta filosófica”

 ♦12.1.karl_blossfeldt