‘Bardo-Thodröl’. El tránsito de la muerte

Fragmento del “Libro tibetano de los muertos” traducido por Ramon N. Prats, una antiquísima enseñanza tibetana para desenvolverse en el mundo de ultratumba. Las imágenes representan a seres que aparecen durante este tránsito.

blanc.1 - copiaPresentación

El texto del “Libro tibetano de los muertos” o “Bardo-Thodröl”, un título que podría traducirse por “La liberación en el estado intermedio (‘bardo’ significa: entre dos) por la escucha (‘todröl’)”, fue descubierto en el siglo XVI por Karmalingpa e insertado en el ciclo titulado “La liberación espontánea por la devoción a las divinidades pacificas e iracundas”. Este ciclo reúne gran número de rituales y enseñanzas referentes a la muerte y a lo que debe hacerse al iniciar el misterioso viaje.

En estos textos se encuentran procedimientos aparentemente desprovistos de cualquier sentimentalismo que se presentan como un aséptico manual de instrucciones, pues es esencial que el moribundo, a quien van dirigidas dichas instrucciones, mantenga su espíritu en calma y con una fortaleza suficiente para no caer en estados de duda, desconcierto o temor que le apartarían del auténtico despertar

Las enseñanzas que se le comunican le advierten sobre lo que sucederá a cada instante, las sensaciones de su cuerpo, las apariciones que sobrevendrán, en lo que debe concentrarse y sobre todo, le advierten en contra de sus sentimientos ilusorios que de seguirlos malograrían el despertar al que nos hemos referido.

Según el “Bardo-Thodröl”, el hombre despierta en el momento de su muerte a una realidad de su propia esencia que se hallaba latente pero que no había podido manifestarse hasta aquél momento. Entonces se plantea un dilema, pues, o bien sucumbe a las visiones que se le manifiestan o bien logra mantenerse sereno de modo que pueda asistir al final al “despertar” del Buda que dormía en su interior y alcanzar lo que en el texto se llama “el cuerpo de ipsedad”.

Pero si se sucumbe al terror, se da un descenso espiritual tras el cual vuelven a presentarse las mismas disyuntivas con aspectos distintos, formas divinas luminosas y otras terribles y amenazantes, pero conformado en realidad  la misma prueba. La de no identificarse con ellas, ni dejarse asustar sino permanecer en el recuerdo de la espera de la manifestación de la propia sustancia divina.

Presentamos unos cortos fragmentos del principio del texto, así como algunas representaciones de máscaras rituales tibetanos que podrían representar a los seres que se presentan al difunto en el estado intermedio.

 

Indicaciones sobre la luz claradurante el estado intermedio que precede a la muerte:

Usando el presente [texto], cualquier persona que haya recibido dichas instrucciones prácticas ya sean aquellas que si bien poseen buen entendimiento no han identificado [la realidad última], o las que la han identificado pero tienen poca experiencia, lograrán la luz clara fundamental [del Absoluto] y alcanzarán directamente sin pasar por el estado intermedio, el Cuerpo de Eseidad increado…

Respecto al momento [adecuado] para aplicar este método, [téngase en cuenta lo siguiente]: en cuanto cesa la respiración [del moribundo], el flujo de su energía vital afluye al canal sutil central [de su cuerpo, que es la sede] de la sabiduría prístina, y entonces aflora, en modo absolutamente connatural, la luz clara del conocimiento. Posteriormente, el flujo de energía vital se invierte, regresando a los canales sutiles derecho e izquierdo [de su cuerpo], manifestándose entonces la retahíla de visiones propias del estado intermedio. [En este lapso de tiempo que va desde que el flujo de energía vital afluye al canal sutil central) hasta que se revierte a los canales sutiles de derecha e izquierda, [es cuando] hay que hacer uso [del presente tratado]. A partir del momento en que cesa la respiración, el pulso interno [del difunto] se mantiene aproximadamente lo que se tarda en consumir una comida.

En cuanto al método de aplicación [de este tratado], lo mejor es que se efectúe la transferencia [del principio causal de conciencia] cuando la respiración está a punto de cesar. Si no se ha logrado efectuarla, dígase:

«¡Oh, hijo dilecto, llamado ***! Ha llegado para ti el momento de buscar la senda [de la liberación espiritual]. En cuanto cese tu respiración [aparecerá] ante ti la denominada “luz clara fundamental” de la primera fase del estado intermedio, cuyo sentido te había indicado tu lama. Al cesar la respiración aflorará tu conciencia trascendente, impoluta y desadornada [esencia de] lucidez y vacío, sin foco ni límites, y [a través de ella] se hará patente el Absoluto, vacío y desnudo como el espacio etéreo. Cuando llegue el momento, reconoce tú mismo [aquella luz clara] y permanece en ese estado. Yo también te la indicaré [para ayudarte] en dicha ocasión.»

Hay que repetir numerosas veces [estas palabras] a oídos [del moribundo], antes de que cese su respiración, para que se graben en su mente.

Si los canales sutiles son malos, [esta fase| puede durar menos de lo que dura un chasquido de dedos. En otros casos dura aproximadamente lo que se tarda en consumir una comida. Comoquiera que la mayor parte de los sutras y de los tantras afirman que [esta fase] dura tres días y medio, habrá que insistir [durante todo este período de tiempo] en [transmitirle] las indicaciones sobre la luz clara.

En cuanto al método de aplicación, si [el moribundo] está en condiciones de hacerlo, debería intentar por sí mismo poner en práctica [esas indicaciones] desde el principio. Si no lo logra, un lama, un discípulo suyo, un hermano espiritual o un amigo íntimo deberán permanecer junto a él y describirle, con claridad, la secuencia de los síntomas [de la muerte].

«Esa [sensación inicial de tremenda pesadez corporal que se transforma en la sensación de sentirte bañado por un insoportable frío] es la señal  de que la tierra, [uno de los protoelementos de tu individualidad psicofísica], se está disolviendo en el elemento agua; [la sensación de sentirte invadido por un intenso calor febril es la señal de que] el [protoelemento] agua [se está disolviendo en el elemento fuego; [la sensación de que tu cuerpo se está disgregando progresivamente es la señal de que] el [protoelemento] fuego [se está disolviendo] en el elemento aire; la sensación de estar envuelto por una llameante luminosidad es la señal de que] el [protoelemento] aire [se está disolviendo] en tu principio causal de conciencia.»

Cuando estos síntomas [de disolución progresiva] están a punto de completarse, se exhorta [al moribundo] a generar el espíritu [de iluminación] diciendo quedamente a su oído:

«¡Oh, hijo dilecto! Ahora que ha sobrevenido [para ti] la denominada muerte ¡actúa para generar adecuadamente el espíritu de iluminación! Genéralo pensando lo siguiente: “¡Oh, ha llegado para mí la hora de la muerte! A partir de este momento, basándome en la muerte misma, voy a generar solamente pensamientos de amor y de compasión y el espíritu de iluminación. Alcanzaré la perfecta buddhidad para el bien de todos los seres del mundo sensible, tan vastos como el espacio etéreo”. Y en particular: “Ahora mismo, para el bien de todos los seres del mundo sensible, reconoceré como Cuerpo de Eseidad la luz clara [que se manifiesta] en punto de muerte. En dicho estado obtendré la suprema realización del Gran Ademán Simbólico” y actuaré para el bien de todos los seres del mundo sensible. Si no lo consigo, voy a reconocer el estado intermedio como lo que es y, alcanzando la forma divina del Gran Ademán Simbólico indisolublemente unida al estado intermedio, actuaré para el bien de todos los seres del mundo sensible, tan vastos como el espacio etéreo infinito manifestándome de la manera más apropiada para cada uno”. Sin abandonar esta actitud mental para generar el espíritu [de iluminación], recuerda la experiencia práctica de las enseñanzas que recibiste antaño sobre cualquier tipo de meditación.»

Estas palabras han de ser dichas a oídos [del difunto), pronunciándolas claramente.  Se le expondrá también la que fue su experiencia práctica, para que [la recuerde y] no se distraiga ni un instante.

     

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