Resumen de la quinta sesión del «Seminario del Pensamiento Hermético», a cargo de Jorge R. Ariza, que tuvo lugar en el Ateneu barcelonès el día 22 de abril de 2022.

Jorge R. Ariza en un momento de su intervención.

Ponencia

Esta es la historia del encuentro de dos hombres: Louis Cattiaux y René Guénon, que de alguna manera son los niños de mis ojos. Vamos a hablar de personajes que en sí mismos son muy profundos y cuya obra también lo es.

Hablaremos de su encuentro, sí, pero no tanto como personajes, sino de lo que supuso para la reavivación del esoterismo occidental. Fue el encuentro de dos escuelas, de dos modos de entender la búsqueda a nivel espiritual.

Y más privadamente, este encuentro, esta coincidencia, es también una expresión de la forma que ha tomado la búsqueda de éste que os habla. A Guénon lo conocí muy pronto cuando leía a Eliade y a otros personajes que lo citaban constantemente. Guénon fue un personaje muy importante dentro de la tradición, aunque después de leerlo existe el riesgo de pensar que después del s. XV todo se perdió en el oscuro mundo de la modernidad, que es lo que piensan muchos guenonianos.

Sin embargo, este pensamiento cambió en mi al conocer la tradición alquímica y la riqueza del hermetismo en su expresión moderna, sobre todo a partir de un libro llamado La cábala y la alquimia en la tradición espiritual de Occidente. Siglos XV-XVII de Raimon Arola. Entonces me di cuenta de que nada se acababa en la Edad Media como piensan muchos seguidores de Guénon, sino que la tradición siguió viva con Fludd, Paracelso y continua con el círculo que rodea al Mensaje Reencontrado (a partir de ahora MR) Un libro inspirado y que, incluso, podría discutirse si es revelado. A partir de este momento, con la publicación de los primeros libros del MR, confluyen estos dos personajes.

Vamos a situarnos con una fecha: 19 de octubre de 1947, Ciudad de El Cairo. Llega la primera carta de Louis Cattiaux a René Guénon. Estos dos personajes escribieron mucho y a mucha gente. Respecto a Cattiaux hay una correspondencia muy interesante que se puede seguir en un libro llamado Florilegio epistolar. El epistolario de Guénon no está disponible. Existe, sin embargo, una edición de la correspondencia entre ellos dos, titulada Paris-Cairo – correspondencia entre Louis Cattiaux y René Guénon, publicada en Obelisco.

La razón de su carta fue pedirle un prólogo para una nueva edición del MR ante la buena crítica que efectuó Guénon de los doce primeros libros de esta obra, cosa muy extraña porque Guénon lo primero que hacía ante una publicación nueva era destruirla con el mazo de la tradición. En efecto, en la tradición no puede haber innovación. Guénon le respondió a esa carta y a partir de aquí se desarrolla una extensa correspondencia que refleja dos formas de entender la búsqueda espiritual, la realización. Dos formas que confluyen en muchos puntos, pero que discrepan en otros.

Hay que decir que las discrepancias son muchas veces una mera cuestión de lenguaje, otras, sin embargo, son diferencias estructurales. Es apasionante ver a dos maestros comunicarse tan abiertamente y con tanta precisión sobre cuestiones tan nucleares. Sin embargo, uno es un poeta y artista, el otro en cambio es matemático, y se nota mucho. Cattiaux es más relajado, se permite bromas que el otro no sigue.

Uno es maestro de doctrina, el otro es un maestro espiritual, en su sentido más completo y menos etéreo, menos abstracto. Cattiaux sabía que primero se disuelve pero que luego se coagula. A veces lo espiritual parece abstracto mientras que en realidad es un camino doble.

Y, aunque la lectura de estas correspondencias epistolares es apasionante, lo personal no es tan interesante, casi desdibuja la labor del Espíritu soplando dentro de ambos hombres.

Dos hombres que son los elegidos para vehicular esta nueva sesión que nace, justamente, del capítulo “Los elegidos” del libro La actualidad del hermetismo, o lo que es lo mismo desde el punto de vista de Guénon: la élite.

Pero, ¿qué es un elegido? El mismo Evangelio hace referencia a ello: “Muchos son llamados y pocos son elegidos” Mateo 22, 14.

A ello hace se alusión también en el M.R. “Los dedos de la mano bastan para enumerar a los elegidos en un momento dado de la tierra.
«¡Oh, joyas vivientes ocultas entre la multitud apagada de los hombres ciegos!»” (V, 20). Por otro lado, en el libro se señala que hay diferentes grados de experimentación del despertar de Dios. Así lo expresa el MR:

Estos últimos son realmente los elegidos, por eso hay tan poquitos en cada generación. Estos son la élite, si nos expresáramos en los términos que emplea Guénon. En su libro Apreciaciones sobre la iniciación desarrolla este tema. Es un libro que es muy fácil de encontrar y al que volveremos alguna vez cuando tratemos el hermetismo según la óptica de Guénon:

Según el pensamiento de Guénon, hablar de los elegidos es hablar de la élite. Para él la élite no existe ya en Occidente, hay que restaurarla. Hoy esta palabra tiene un uso profano, ¡incluso se habla de las élites! La élite, sobra decirlo, es intelectual, o lo que es lo mismo: espiritual, decir élite intelectual es casi un pleonasmo, señala Guénon, pues el que posee el intelecto es el Sabio. No el sabio de este mundo (ya vimos en el M.R. la diferencia entre sage et savant).

Cattiaux también criticaba esta mal entendida élite de los tiempos modernos. Y en el Florilegio epistolar nos dice que esta igualdad ilusoria que se extiende por Occidente, esa jerarquía basada en los diplomas… ¿Eso es la élite? Eso no puede ser la élite.

Guénon es del mismo parecer que Cattiaux. En el libro que estamos revisando, dice que la intelectualidad verdadera no es igual al intelectualismo. Y continúa diciendo que: élite viene de “elegido”, por lo que inevitablemente tiene implicaciones religiosas, exotéricas, quizá lo que dice Mateo en su Evangelio sea de entrada esto, los que aceptan y reconocen a Cristo Jesús como el Hijo de Dios.

Pero se sabe que en las vías espirituales hay un aspecto exterior, común a todos, que se refleja en los dogmas, la costumbre; pero luego cada vía espiritual tiene una parte esencial que se ha llamado esoterismo, el cual está reservado a unos pocos, a esta élite, quizá. En términos esotéricos, explica Guénon, la élite representa el conjunto de aquellos que poseen las cualidades requeridas para la iniciación y son una minoría. Todos son llamados, claro, es natural, la condición del ser humano es esta, somos seres axiales. Pero hay pocos elegidos. Hoy menos que nunca, dice Guénon, si bien recuerda que el número, en realidad, importa poco.

En La actualidad del hermetismo, se recoge una historia que proviene del Sefer ha Zohar y que está protagonizada por rabí Simeón bar Yojai y su conclusión es que el mundo se mantiene sobre el justo, por eso Dios no lo ha disuelto todo aún.  El Justo es, si se quiere, la élite de la élite, el grado supremo de las jerarquías dentro de las sociedades iniciáticas.

Volviendo a las apreciaciones de Guénon, cabe decir que esa élite, es en realidad potencial. Es la posibilidad de esa élite. Tener las cualidades para la iniciación es una cosa, recibir la iniciación es otra. Y ¿dónde se puede recibir esa iniciación? Hace falta, dice Guénon, una vinculación a la regularidad, a una institución regular. Esto conferiría una iniciación virtual. Todo el ritual masónico sería una iniciación virtual que luego habría que hacer efectiva y eso depende del hombre.

Y luego en esta iniciación se encontrarían los diferentes grados. Lo que quizá sería equiparable al Justo en la tradición judaica, sería en otros términos el adepto. Según Guénon, el adeptado sería el cumplimiento último de toda iniciación: alcanzar la identidad suprema. Devenir el Hombre Universal. Realizar los misterios mayores.

En el islam se habla del profeta Mahoma como al-Mustafá, el elegido de Dios. Es uno de los nombres del Profeta. Y Guénon dice: el profeta es el Trono de Dios, cuando Dios quiere hablar se sienta en el profeta, y desde allí, habla. Sobre los adeptos, Cattiaux escribió que no se conoce ninguno con nombre y apellidos desde el siglo XVII.

Ya hemos visto donde se recibe la iniciación. ¿Pero cómo se recibe? Para Guénon la tradición sobrevive exotéricamente en la Iglesia católica y esotéricamente en la Masonería y en el Compagnonnage, que ven a los masones como sus hermanos pequeños.

Según Guénon serían ambas el último vestigio esotérico tradicional en Occidente, y pese a lo mal que estén, algo hay en ellas.  Así pues la iniciación es fundamental ¿Dónde? En una orden iniciática, ¿cómo? Mediante un rito. Guénon recuerda que rito procede del sánscrito y significaría aquello que se necesita para pasar del caos al orden. De modo que un ritual ordena. Por eso hablamos de órdenes iniciáticas.

En la obra de Guénon, ya lo estamos viendo, la iniciación es un asunto fundamental. Se podría hacer una breve presentación sintética de su doctrina que se articula, pensamos, en torno a cinco temas fundamentales, sintetizados así por Jean Borella:

El fundamental y absolutamente necesario acometer la reforma intelectual y la crítica del mundo moderno. Volver a la tradición, no al tradicionalismo o conservadurismo, sino a la tradición. Guénon no sólo crítica al cientificismo, sino al ocultismo, a ese materialismo disfrazado de espiritualidad que nada tienen que ver con la espiritualidad tradicional.

Guénon conoció todo este ambiente ocultista de Kardek, Blavatsky, Papus y del París de principios de siglo, pero se opuso rotundamente a ello, básicamente al teosofismo de Blavatsky, y su tarea fue denunciar todo el sincretismo tan poco tradicional que se ocultaba bajo su doctrina. Esta voluntad se demuestra claramente en sus primeras obras: El error espirita y El teosofismo, historia de una pseudo religión. La tarea de Guénon fue desbrozar, algo absolutamente necesario teniendo en cuenta el ambiente de la época.

Para Guénon hay tres temas centrales, cada uno de los cuales constituye una síntesis particular de los otros dos: la metafísica, la tradición y el simbolismo. Apoyándose sobre esta base triple: la realización espiritual, para la cual es imprescindible pasar por una iniciación, cuyo influjo haría posible una asimilación más real, más consciente, de la tradición, de la metafísica y del simbolismo. Porque una cosa es el conocimiento teórico, libresco; otra la realización de todo ello en uno mismo.

¿Quiere esto decir que cualquier persona que se meta en masonería es un iniciado? Lo es virtualmente, qué duda cabe, como se es cristiano por el bautismo… La impronta no te la quita nadie, la apostasía es imposible en realidad, tú siempre vas a tener la posibilidad ahí contigo de ser verdaderamente cristiano.

Y añade Guénon: “Captar esos símbolos y ritos, experimentarlos realmente, implica una restauración real de los ritos, devolverlos a su primitiva pureza, que constituye la tradición primordial”.

¿Y qué es lo que pensaba Cattiaux de la iniciación? lo escribió en una carta que encontramos en el Florilegio epistolar :

“La influencia espiritual transmitida por la iniciación viene a ser como la comunicación de la semilla de la comprensión de los símbolos y de los ritos”. Cattiaux acepta que algunos individuos particularmente dotados pueden recobrar por si solos el sentido de los símbolos y restablecer los ritos perdidos o degenerado y añade que captar estos símbolos y ritos, experimentarlos implica la restauración real de los ritos, devolverlos a su primitiva pureza que constituye la tradición primordial.

Concepto muy empleado en la obra de Guénon esto de la tradición primordial, noción según la cual todas las vías espirituales son ramas del mismo árbol. Ramas recorridas por la misma sabia.  Para ver esto se requiere una visión abierta, nítida, de lo esencial, de aquello presente en todas las vías espirituales auténticas.

En relación a las vías espirituales la pregunta, dentro de este seminario, sería ¿Es la alquimia esa verdad esencial? Cattiaux lo tenía muy claro, por eso escribió: “La alquimia es la ciencia primera y última, la ciencia de la renovación de la Creación, el misterio de los misterios, y es Cristo, la Piedra filosofal y angular capaz de salvar el mundo”.

¿Lo veía así Guénon? No, no exactamente. Para Guénon el hermetismo alquímico conducía al ser humano solo a la realización de los misterios menores. La alquimia era para él una ciencia de orden cosmológico y aplicable al orden humano en virtud de la analogía. En este sentido la alquimia estaría al lado de la astrología. Y hasta ahí llega.

Titus Burckhardt va un poco más allá y dice que la alquimia sería la ciencia de las transformaciones del alma.

Esto se puede apreciar en su correspondencia con Cattiaux. Una correspondencia que se acabó en octubre de 1950 y en la que Cattiaux no pudo seguir exponiendo su visión y experiencia de la alquimia, del arte hermético, porque tres meses después Guénon abandonó este mundo.

Como colofón de esta charla me gustaría leer las palabras que Cattiaux le dedicó a Guénon en la revista de poesía Góeland.

Homenaje a René Guénon (Louis Cattiaux)

Resumen de la charla posterior 

Como hay un tema destacado que se refiere a la negativa de René Guénon a hacer el prólogo para El Mensaje Reencontrado me gustaría aportar una interpretación particular en el sentido de que Guénon era una persona con una unicidad radical, las culturas orientales tienen una visión unitaria de la vida mientras que Occidente es fundamentalmente cainita o dual, y desde esta posición Guénon no siente cómodo con los planteamientos de Cattiaux.

Si bien, esta explicación es muy razonable, hay otro aspecto a resaltar y es que, aparentemente, Cattiaux sería muy distinto de Guénon, Cattiaux no está en ninguna logia, es un ser solitario un poco salvaje, leyó Aperçues sur l’initiation y lo subrayó mostrando su desacuerdo. Cattiaux consideraba que los tres componentes, cuerpo, alma y espíritu del ser humano deben regenerarse y eso es obra de la alquimia, que para Cattiaux sería el núcleo de todas las tradiciones, el misterio del hombre regenerado. Cosa con la que Guénon no estaba de acuerdo porque veía la alquimia igual que la astrología, como una ciencia cosmológica, pero no divina. En cambio, para Cattiaux, la alquimia sería el saber central sobre el que se articularía todo lo demás, y en este sentido, hemos hablado antes de los ritos y quizá deberíamos añadir que no son los ritos que hacen a Dios, sino Dios el que hace los ritos, es decir que solo por los ritos no se llega a Dios, son mementos y ayudas, pero nada más. Cattiaux tenía una cosa, el libro, para ofrecer a los seres humanos y no podía darlo a conocer, por eso insistió tantísimo en que Guénon le hiciera el prólogo, pues sabía que Guénon era mucho más famoso y respetado que él y si hacia el prólogo, su libro se conocería mucho más.

Guénon y el cristianismo

Pregunta: ¿no crees Jorge, que el problema entre Guénon y Cattiaux reside en el cristianismo? ¿Es posible que Guénon no pudiera aceptar el planteamiento crístico de Cattiaux? Es decir, el cristianismo, es la más complicada de las religiones que existen. La paradoja más absoluta, Dios no puede morir. Y Cattiaux, y no solo él, pero él también, compara a Cristo con la piedra filosofal y quizá eso es lo que le molestaba profundamente a Guénon, cuando tenía que explicar la tradición universal, que no puede ser encarnada, sino subyacente en todo el universo. Y entonces te preguntas por qué Guénon no aceptó el cristianismo como hizo con el islam, y creo que fue por eso, pero me gustaría saber la opinión del conferenciante.

La verdad es que el cristianismo es problemático, y el islam, al menos al principio, no tiene mucha teología, pero el cristianismo nace de una teología, de repensar qué es Cristo, qué es Jesús, una teología muy fuerte. Y aunque en el Corán se habla de Jesucristo, no se dice que es Dios. Es cierto que existen ciertas diferencias entre el sunismo y el chiismo, por ejemplo, los chiitas esperan al doceavo imam, el imam oculto, el Mahdi, que ha de venir al final de los tiempos con Cristo para restaurar el reino de Dios, el chiismo es minoritario, pero evidentemente es más cristológico.

Cristología e Islam

En este sentido habría que recordar a un famoso místico y poeta sufí persa llamado Mansur al Hallaj que se identificaba de tal manera con su Señor que a veces se refería a sí mismo como siendo uno de los nombres de Dios y decía Ana’l-Haqq, yo soy la Verdad. Por eso fue torturado y muerto por sus mismos conciudadanos en el 922, y con su pleno acuerdo porque no se cansaba de afirmar que lo que él decía, no se podía decir.

Un hombre nunca puede ser Dios, pero en realidad era la verdad y era mentira. Era la verdad, porque conocía el testimonio físico y metafísico de la Verdad, pero eso no se puede decir profanamente y por eso era también mentira. Existe una muy buena traducción de sus poemas al catalán y también al castellano realizada por Halil Bárcena.

Pregunta: ¿Existe algún lugar en la Biblia donde Jesús diga “Yo soy Dios”? De hecho, le preguntaban si era el Mesías, porque eso es lo que les importaba, sería el equivalente del doceavo Imán de los chiitas y el anuncio del final de los tiempos. Y ello porque hubo un comienzo, en las tradiciones orientales el tiempo es cíclico mientras que en las religiones del libro hay un comienzo y un final. Cuando le preguntan Jesús no dice sí, sino: “tú lo has dicho”. Y con esto el cristianismo tiene un problema, ha pervertido el misterio comunicándolo abiertamente a todo el mundo, y clavando en el tiempo algo que es eterno y siempre actual. Es un misterio que no se puede mostrar profanamente, por ejemplo, en el domingo de Ramos se dice que Jesús entró en Jerusalén y fue recibido por mucha gente que portaba las palmas y después acontece la traición de Judas, que lo señala a los soldados… Pero si todo el mundo lo conocía, todos conocían su aspecto exterior, pero es que Judas traicionó el misterio, traicionó a Cristo, a la divinidad que habitaba en el hombre, no al ser humano exterior que era público. Es apasionante el misterio crístico lo que pasa es que no lo conocemos suficientemente. En el Nuevo Testamento llaman a Cristo “el hijo del hombre” cosa que es realmente misteriosa.

El cristianismo como una rama del judaismo

Pero insisto, ¿por qué a Guénon no le gustaba nada el cristianismo?

Parecería que para Guénon, el cristianismo sería una rama más del judaísmo, una rama mistérica e iniciática del judaísmo abierta a los griegos y a los romanos y que eso se perdió, se traicionó muy pronto. Cattiaux dice algo parecido respecto a la pérdida temprana de la aristocracia cristiana. Pero para un musulmán como Guénon el concepto del Hijo como Dios igual que el Padre se le hacía difícil. Pero incluso para el propio Pablo quizá era más importante que Jesús fuera el Mesías que no que fuera Dios, porque, ¿qué es Dios? La palabra Dios en si no quiere decir nada, el Padre, sí, hay una confusión entre el Padre y Dios.

El cristianismo comenzaría con Pablo, que utiliza la palabra Cristo, el ungido, o el mesías en hebreo, después, los primeros siglos son muy confusos, y con muchas propuestas, hasta que organizan el concilio de Nicea para poner un poco de orden en todo aquel lío, y buscan cómo explicar la divinidad de Cristo, que es lo que Pablo quería explicar, el ser hombre y Dios a la vez, y crean un sistema que Raimon Panikkar explica de un modo brillante en un librito llamado La trinidad, que, como su nombre indica, es sobre el misterio de la Trinidad que, como misterio, es incomprensible para la razón humana, respecto a ello hay una anécdota muy interesante en la que se explica que san  Agustín estaba paseando a la orilla del mar, y un niño con sus manitas intentaba llenar de agua un agujero que había hecho en la arena, y san Agustín le pregunta que está haciendo, y el niño le responde que quiere poner el mar en aquel agujero. San Agustín se ríe y le dice que eso es imposible, y el niño le responde que más imposible entender con su razón el misterio de la Trinidad en el que él estaba pensando durante su paseo por la playa.

La revelación, la Trinidad y Arrio

Los misterios se entienden por revelación, no por reflexión de la mente humana. Así pues, esta idea del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, resuelve el hecho de que Jesucristo sea Dios y hombre a la vez. Pero a partir de aquí se suceden las controversias o las herejías, básicamente el arrianismo, que dice que Jesucristo nace como hombre y es adoptado como hijo por el Padre. Y eso la Iglesia no puede aceptarlo como tampoco puede aceptar otra herejía que dice que es un dios que simula que es un hombre, como un avatar de los dioses hindúes. Pero la explicación de Arrio, es interesante, pero es más complicada, porque aquí se mezcla el misterio marial.

Perdón, querría decir que cada uno tiene una chispa de vida espiritual y que esta chispa la tiene que desarrollar y al meternos en teología y tantos intelectualismos podemos quedarnos en la teoría y olvidar lo que cada uno tiene que hacer con su propia vida espiritual.

Precisamente esto es lo contrario a lo que diría Guénon, o Cattiaux, pero ya hablaremos de ello.

Respecto al misterio marial, curiosamente en el budismo o el taoísmo, tanto Buda como Lao Tse tienen nacimientos extraordinarios. Por otro lado, Sofía, la Sabiduría, sería el elemento antiguo que da nacimiento a estos seres divinos.

Sí, esto es cierto, pero tenemos el problema de la carne de Cristo. Una carne sin el pecado original. En el fondo es el problema de aceptar que lo universal pueda manifestarse en lo particular y esa quizá era mi pregunta con Guénon.

Volviendo al cisma arriano, según él ¿Jesús sería el único ser hijo de Dios? En la Carta a los Colosenses que Arrio utiliza se dice primogénito del Padre, lo que da a entender que el Logos es un ser divino creado por el Padre y por ello inferior…

Pero lo importante sería que, si en nacimiento crístico nace a partir de una iniciación, no tiene porque ser único. Al revés, podría ser constantemente renovado y eso es de una dimensión inconmensurable. Nos lo podemos creer o no, si no nos lo creemos no pasa nada, pero si lo creemos, la iniciación de la que hemos hablado pasa a ser la base o la esencia de todas las religiones, y por eso hay muy pocos iniciados, hay muy pocos escogidos, porque la propuesta es propiamente increíble.

La tradición y lo esotérico

En relación a Guénon, no se acaba de entender su juicio tan estricto y su negación a todo lo que no sea tradicional, pero es que en la época en la que vivió era imprescindible separar lo tradicional del ocultismo que en aquel momento estaba en auge, sobre todo en París, con Papus y Aliester Crowley por ejemplo y que eran lo más antitradicional que pueda existir. La duda es si era necesaria esta ortodoxia. Y la respuesta es que el esoterismo, que sería la búsqueda particular y sentida en el corazón, si no va acompañada de un exoterismo, es decir que una tradición con unos maestros antiguos, no tiene mucho valor porque no puedes cotejar tu experiencia con nada.

Aquí se da la discusión entre la propia experiencia, y el apoyo de una tradición. Y la diferencia entre la experiencia y las experiencias de los mundos intermedios. Pero si no creemos que hay una experiencia que podríamos llamar cristofánica, que Panikkar describió muy bien y que hay unos maestros vivos o muertos que nos pueden llevar hasta ella, seguramente nos moveremos por los mundos intermedios de experiencias extraordinarias pero que no conducen a nada

Y otra cosa que se debe destacar es la importancia de la tradición viva, de un maestro que vivifica o puede explicar las enseñanzas antiguas porque las ha vivido experimentalmente. No se puede acceder a una tradición sin nadie que lo haya vivido primero. Pero Dios hace finalmente lo que quiere.