Resumen de la octava sesión del «Seminario del Pensamiento Hermético», a cargo de Raimon Arola, que tuvo lugar en el Ateneu barcelonès el día 14 de octubre de 2022.

El anonimato

Sin prejuicios contra el ego… que cada uno lo tenga como quiera, hoy abordaremos un cambio de concepto, un cambio de perspectiva y profundizaremos en la razón de que Cattiaux no quisiera firmar su libro El Mensaje Reencontrado con su nombre, le hubiera gustado usar un pseudónimo, un nombre falso, aunque al final y por presiones familiares y editoriales no lo hizo.

El problema es que él consideraba que El Mensaje Reencontrado (a partir de aquí MR) no era un producto de su individualidad, sino que él había sido solamente un vehículo para su escritura, y eso es lo fundamental.

Cattiaux consideraba que El Mensaje Reencontrado no era un producto de su individualidad, sino que él había sido solamente un vehículo para su escritura.

Evidentemente, a partir del s. XX tenemos mucha información sobre cualquier autor, y con Cattiaux pasa lo mismo, sin embargo, era muy distinto en el s. XIII cuando si un autor usaba el nombre de Tomás de Aquino o Ramón Llull para firmar su obra, era muy difícil, casi imposible, saber quién se escondía detrás de este nombre falso.

Esta tendencia se encuentra también entre los Rosacruces que se dieron a conocer en 1614 con sus famosos manifiestos en los que se hacía pública una cosa que hasta entonces había sido secreta. Pero, en el momento en el que el pensamiento mágico estaba a punto de desaparecer con Descartes y Newton, quisieron dar testimonio de su existencia, eso tuvo una repercusión muy importante en la sociedad europea de la época, menos en España que siempre ha estado un poco al margen de todo.

En el momento en el que el pensamiento mágico estaba a punto de desaparecer con Descartes y Newton, los rosacruces, anónimos hasta entonces, quisieron dar testimonio de su existencia

En su manifiesto, además de anunciar la existencia de esta Sociedad, puntualizaban que si alguien quería ponerse en contacto con ellos lo único que tenía que hacer es publicar algo que se refiriera a la Sociedad y serían ellos los que contactarían con él, de forma anónima.

 

Autoría versus anonimato

En todas las épocas ha habido artistas que deseaban no ser reconocidos como los autores de una obra, porque dicha obra sobrepasaba su individualidad. René Guénon escribió algo muy interesante sobre el anonimato, relacionaba su fin con el final de una cultura, la medieval y el nacimiento de otra, la renacentista, aunque sea complicado fijarlo taxativamente.  Según Guénon, en el Renacimiento se pasa del arte sagrado al arte religioso, es decir del rito que deviene arte a una temática religiosa que se sabe que lo es por los elementos que lo indican, no por su contenido. En el primer caso el autor no importaba para nada, eran artesanos. En el segundo la firma del artista subjetiviza la obra, se impone el personaje o la obra y se deja de dar importancia al impulso sagrado, que precisamente no proviene del sujeto, sino que pasa a través de él. El subjetivismo es contrario al rito, a la liturgia y a la creación sagrada. Es evidente que hay obras de las cuales se conoce el autor, pero la obra pertenece a la Iglesia, fortalece a la comunidad.

Cattiaux todo eso lo tenía muy claro y por eso en los versículos se dice “¿Quién ha escrito el libro? Y, ¿quién lo lee realmente?” Y la respuesta es LVI, que en español sería ÉL, aunque también es como suena Louis. Se trata de una apertura a una dimensión abierta a una realidad distinta. Incluso lo escribe en uno de los versículos del libro, el 32, 1 y 1’, donde dice:

Los defectos y las insuficiencias del Libro deben ser imputados a nuestra debilidad y a nuestra indigencia excrementales, que pertenecen a la nada cenagosa.

Las cualidades y las bellezas de la obra deben ser atribuidas a nuestra luz substancial y a nuestra inspiración esencial, que pertenecen a Dios.

 

El desconocido sabio taoísta

Otro ejemplo de los filósofos anónimos sería el sabio taoísta que quiere vivir apartado del mundo y que lo dejen tranquilo con su sabiduría. Es una manera de actuar casi contraria a la idea de conocimiento que se tiene hoy en día. El sabio puede no saber nada, pero sabe el motivo de todo, mientras que los científicos (no estoy en contra) pueden conocer muchas cosas, pero ni siquiera sospechan este origen. Muchos conocimientos, muy fragmentados, pero muy poca sabiduría.

El sabio puede no saber nada, pero sabe el motivo de todo

Esta idea es fundamental, podría decirse que Cattiaux era un ignorante, pero lo sabía todo. Todo, col, es una palabra hebrea que es muy importante en exégesis, es lo que le dijo Jacob a Esaú cuando se reencontraron e hicieron las paces, tengo mucho dijo Esaú y Jacob contestó: Yo tengo col, todo.

Yo tengo todo, lo sé todo, porque he conocido la esencia, he conocido el origen, los sabios taoístas conocen el Tao. Como un día decía Thibault Legendre son dos sistemas epistemológicos distintos, dos formas de conocer la realidad. En el primer caso se conoce, el origen, lo esencial, que después se diversifica en las cosas.

Hay una participación mística en la que el interior del ser coincide con el exterior, con todo el universo, el sabio está en contacto con el núcleo de toda la creación. Es el big bang y el big bang es él.

Hay una participación mística en la que el interior del ser coincide con el exterior, con todo el universo, el sabio está en contacto con el núcleo de toda la creación.

Un ejemplo de ello sería un alquimista llamado el Cosmopolita, que vivía en la penuria más absoluta, su mujer le insistía para que fabricara un poco de oro para comer, pero él se resistió hasta que al final cedió. Entonces se formó un revuelo monumental en toda Europa porque el oro que fabrican los alquimistas es de una calidad extraordinaria y al ver aquél oro todos los príncipes europeos quisieron saber cómo obtenerlo, cosa que conllevó la ruina del pobre Cosmopolita que acabó preso y torturado para que revelara su secreto. Poe eso los alquimistas se guardan muy mucho de manifestar su secreto al mundo y pudiendo tenerlo todo viven como los más humildes y desconocidos.

 

El hombre, una doble creación.

En la Biblia está escrito: “Y Dios formó al hombre del polvo de la tierra…” y el verbo hebreo que se emplea para formar es iiatzar, escrito con dos iods, es en el único lugar que aparece con dos iods y según los rabinos significa que el hombre es el único ser de la creación que contiene dos realidades, la divina y la humana. Tiene un cuerpo carnal y un cuerpo espiritual, soma pneumatikos, dos generaciones que coexisten en el ser humano, con dos cuerpos distintos. La sabiduría corresponde al soma pneumatikos, nunca al hombre carnal. Al hombre nacido por generación divina, con un cuerpo, y quiero insistir en lo de cuerpo, porque la mística muchas veces lo olvidó. Cuando se leen los libros de los sabios no se entienden o se confunden y ello es porque se leen con los ojos del cuerpo carnal y no con los del cuerpo espiritual.

Es para resaltar esta dualidad por lo que los sabios usan pseudónimos o simplemente no firman sus escritos, para dar importancia al hecho de que están hablando desde esta otra realidad, y si quien los escucha quiere entender con una razón que no pertenece a ella, es imposible.

Es para resaltar esta dualidad por lo que los sabios usan pseudónimos o simplemente no firman sus escritos, para dar importancia al hecho de que están hablando desde esta otra realidad,

La idea de la sabiduría seria aprehender en el sentido de tener algo, más que elaborar especulativamente una idea. Por eso los artistas a veces están más cerca de este conocimiento que los especulativos debido a su intuición. Y para afinar la intuición deberíamos servirnos de los libros sabios, pues para eso los escribieron, más que intentar entenderlos con la razón se debería intentar conectar con el espíritu del autor, intentar una comunión amorosa con su enseñanza.

 

Los libros santos y los libros sabios

Existen dos tipos de libros, los libros santos y los sabios. Los santos sirven para la salvación, todos pueden leerlos, son sobre todo devocionales, los libros sabios son más secretos, no son para todos, y hablan de la regeneración de todo el compuesto humano. Básicamente son los libros de alquimia, que normalmente se dirigen a alguien a quien denominan hijo: “Hijo mío, voy a mostrar para ti los misterios de la alquimia que nadie antes ha desvelado de un modo tan claro…” y luego es tan oscuro como todos, porque no se dirige a todo el mundo sino a su hijo, a alguien de su genealogía, alguien que ya ha nacido al nuevo mundo. El bautizo donde se le da un nuevo nombre al bautizado es un símbolo de este nuevo nacimiento.

Existen dos tipos de libros, los libros santos y los sabios. Los santos sirven para la salvación, todos pueden leerlos, son sobre todo devocionales, los libros sabios son más secretos, no son para todos, y hablan de la regeneración.

Los libros sabios son el esoterismo, la doctrina que no es para todos, y eso nos lleva al núcleo de la cuestión, nos lleva al secreto. A aquello que no se puede decir porque además sería inútil.

 

El secreto

El secreto, sería lo más profundo, lo más prohibido. Los libros herméticos no solo hablan de la salvación después de la muerte, que también, pero sobre todo hablan de que esta salvación puede obtenerse en vida y en este mundo. Esto ha generado grandes herejías. Es verdad que existe un universo prohibido y que la Iglesia tenía sus razones para evitar que la gente se acercara a él. Es muy peligroso bajar al centro de la creación, al infierno, si no vas acompañado por un maestro, como Dante que bajó con Virgilio.

En una historia judía se explica que tres rabinos quisieron penetrar en el Paraíso, uno de ellos se volvió loco, el otro se volvió ateo y solo el tercero logró ver lo que había en él. Lo cual indica los peligros que acechan al buscador, no al creyente.

La sabiduría comporta peligros, es peligroso conocer el secreto que se sostiene sobre una piedra de fundamento que está muy abajo en la encarnación. En la alquimia se habla de la piedra despreciada por los constructores.

La sabiduría comporta peligros, es peligroso conocer el secreto que se sostiene sobre una piedra de fundamento que está muy abajo en la encarnación.

En una sura del Corán se explica que Iblis, el ángel más brillante y más hermoso del cielo se negó a adorar a un ser de barro como se lo había pedido su Señor pues lo encontró vil y despreciable. Por su desobediencia fue precipitado hasta lo más profundo de toda la creación, desde donde atrae al hombre para separarlo de su Señor y que acabe siendo condenado como él. Este ángel que en la tradición cristiana sería Lucifer, el portador de luz, arrastró en su caída algo de su esplendor, es decir trajo con él el fuego a la tierra, por eso debemos convertirnos en sus amigos, en lugar de decir Vade retro Satanás, cosa que es absurda, deberíamos conocer este fuego irritado y rectificándolo hacer que se pacifique y se eleve otra vez.

Esto evidentemente recuerda la escalera de Jacob por donde los ángeles subían y bajaban y el lugar bajo que Jacob descubrió en su sueño, del que un alquimista llamado Eugenio Filaleteo, dice que era un discurso místico para referirse a que en realidad murió y resucitó. La muerte del beso o mors osculi, de la que nadie habla.

Los 72 peldaños de la escalera unen la tierra con el cielo, se dice que los ángeles primero suben y luego bajan porque son unas ciertas substancias que se despiertan o se crean en el momento de la iniciación. Cuando Jacob se despierte exclama: “¡Qué terrible es este lugar, he aquí que Adonai estaba aquí y yo no lo sabía!” y levantó la piedra de cabecera.  La sabiduría posee una máscara de terror. Por eso la Iglesia tiene razón al apartar al creyente de estos misterios,

La sabiduría posee una máscara de terror. Por eso la Iglesia tiene razón al apartar al creyente de estos misterios,

 

Hermetismo y herejía

Pero cuando se busca el esoterismo, el hermetismo, se tiene que seguir el camino de la gnosis, del conocimiento, un camino que no es personal, donde lo que importa no es el sujeto sino el viaje.

Cattiaux conoció este viaje sin duda, experimentó el origen del fuego, por eso su obra es interesante, no por su personalidad. Este lugar donde la materia se une con el fuego, donde la llama todavía no ilumina es el misterio, lo demás son jolgorios.

Se tiene que estudiar mucho y buscar mucho para llegar a lo más simple que es este centro de la creación, un lugar que Jacob denominó Lutz, almendra, y que es inefable, no decible. Entonces, Jacob endereza la piedra sobre la que dormía y llama al lugar Betel, casa de Dios.

Se tiene que estudiar mucho y buscar mucho para llegar a lo más simple que es este centro de la creación, un lugar que Jacob denominó Lutz

Estos temas herméticos rozan la herejía, la ortodoxia no puede hablar de ellos porque solo se transmiten de maestro a discípulo y aquí el razonamiento no ocupa ningún lugar. Las sagradas Escrituras y los libros sabios deben despertar nuestro amor más que nuestro razonamiento.

En este sentido recomendaría leer los cuentos taoístas en los que el discípulo busca a un maestro que vive en lo alto de una montaña y cuando por fin llega éste ni siquiera lo mira, permanece con él sin que le haga caso, hasta que un día cuando se disponía a marcharse comprende de pronto, sin palabras. Comprende el pensamiento del maestre de corazón a corazón.

Quiero acabar con aquello negro, aquello que da miedo como a Jacob y que se tiene que estar dispuesto a atravesar, es una búsqueda no apta para pusilánimes ni moralistas. Hay un secreto y se tiene que buscar, si uno se siente llamado para ello, hay que saber que la realidad divina está en el hombre, sí, pero también fuera, trascendencia e inmanencia. Lo que está fuera debe ayudar a lo de dentro. Oriente es más inmanente mientras que Occidente es más trascendente y tiene en cuenta la gracia, que en el fondo en Oriente está representada por la transmisión del maestro, debemos recordar pues que hay un secreto tanto en la inmanencia como en la trascendencia que hay que buscar.