Bill Viola: contemplación y devoción

Comentarios de Raimon Arola y Lluïsa Vert a la instalación de Bill Viola, “Martyrs (Earth, Air, Fire, Water)”, realizada en el 2014 y que puede contemplarse en la Catedral de St. Paul de Londres como un elemento litúrgico.

La instalación de Martyrs (Earth, Air, Fire, Water), que se encuentra detrás del altar mayor de la Catedral de St. Paul  de Londres, incluye cuatro pantallas de plasma verticales en las que aparecen cuatro figuras humanas estáticas, la calma se rompe cuando de pronto se inicia un proceso en el que cada uno de los cuatro elementos naturales, tierra, aire, fuego y agua, se manifiesta en todo su poder sobre dichas figuras, aparecen grandes llamaradas, cae torrencialmente la lluvia, la tierra en forma de arena se desploma sobre la figura que le corresponde y el aire sopla con fuerza.  Sin embargo, los elementos no destruyen a los personajes sino que ellos permanecen inmutables, inquebrantables, con lo cual su  sufrimiento adquiere un significado trascendente, más allá de lo material.

01.Viola02.viola Las figuras que aparecen en las pantallas –como sucede en una iniciación masónica, reproducida por los protagonistas de La flauta mágica de Mozart, por ejemplo–, sufren la violencia y el rigor de las fuerzas elementales, pero al mismo tiempo triunfan sobre ellas en el transcurso de un proceso iniciático.  En efecto, las figuras que soportan la acción de los elementos son “mártires” en el auténtico sentido, pues esta palabra en griego significa “testigo”;  los cuatro personajes conocen experimentalmente el poder de estas fuerzas y, en consecuencia, pueden dar testimonio de ello. Son los testigos del origen de la creación. Simbólicamente, tanto el mundo visible y como el invisible o espiritual fueron creados a partir de las diferentes combinaciones de los cuatro elementos; unas combinaciones que también aparecen en el vídeo de Viola, puesto que durante la proyección estas fuerzas aparecen en las distintas pantallas siguiendo un orden alternativo y aleatorio y esto es fundamental, pues obliga a ver la obra en directo para poder captar las distintas combinaciones elementales que se proponen al espectador, unos matices creativos sumamente sugerentes propios de la obra de Viola. Los antiguos filósofos naturales decían que de la armonía o  falta de armonía de estas combinaciones surge la vida o la muerte y que de su perfecta conjunción nacía la realidad más perfecta que para ellos era la piedra filosofal.

En Juan 12, 23-26 se dice que el grano de trigo no fructifica si no muere. Así pues, una vez enterrado, el grano necesita disolverse mediante la acción de los elementos naturales, tierra aire, agua y el calor del sol, o fuego, para germinar. La fuerza de cada elemento es la que  provoca un proceso por medio del cual la semilla se pudre y se abre para que pueda surgir  el espíritu vegetativo contenido en su interior que dará origen a la nueva planta. Del mismo modo el hombre debe pasar por cada uno de los elementos espirituales para que su vida pura pueda germinar.

Bill Viola y Kira Perov, su colaboradora en este trabajo, han explicado lo mucho que les costaba imaginar, al comienzo del proyecto, la muerte en un sacrificio y de manera universal; fue entonces cuando pensaron en los elementos, pues, según ellos, los elementos son lo más puro de la naturaleza y también, añadiríamos nosotros, lo más original y lo más primigenio. De tal modo, que lo que en un principio debería reflejar una muerte en un lugar terrible se convierte en una escena espiritual pues en el montaje se representa también la conquista de las fuerzas de la creación. Se trata de una experiencia que la persona solo puede gestionar desde un lugar interior, pues muestra algo que, aunque provoque sufrimiento, al final se resuelve en un florecimiento.

Si bien la búsqueda espiritual de Viola puede calificarse de universal, es innegable el trasfondo cristiano que brota de sus imágenes pues, como el mismo explicó en una entrevista para el Telegraph, se reconoce un producto de este sistema cultural que básicamente “está basado en el cuerpo: la desintegración y la transfiguración del cuerpo”.04. Violadivinelightcomposite2105

Esta instalación ha coincidido en el tiempo con otra más antigua de Bill Viola titulada The Tiny death[1] que ha podido contemplarse de nuevo en la Tate Modern. En ella, el artista captura el carácter el carácter indiscriminado y las particularidades de la muerte. La muerte aparece como una pequeña explosión de luz que rápidamente se disuelve en un paisaje de sombras y murmullos.

A diferencia de los que sucede en esta instalación en la que la muerte aparece como un pequeño resplandor que se hunde en las sombras del olvido o quizá, como una alegoría de la caverna de Platón donde las almas habitan mientras no adquieran la  sabiduría, en Martyrs (Earth, Air, Fire, Water),  se muestra que la muerte, voluntaria y consciente, es precisamente el paso obligado hacia esta sabiduría cosa que provoca en el espectador un inevitable enfrentamiento con el sentido de la muerte, es evidente, pero también, con el sentido de la vida.[2]03.viola

El sentido de la purificación que se opera a partir de la acción de los elementos, y del sufrimiento que comporta, se revela con claridad cuando se conoce la intención manifestada por Bill Viola de complementar esta instalación con otra que se titulará Mary, es decir “María”, la esencia virginal por antonomasia, que culmina y da sentido a la purificación a la que se alude en Martyrs. Respecto a ambas instalaciones Viola ha dicho: “Los dos temas, Martyrs y Mary simbolizan algunos de los misterios más profundos de la existencia humana, uno de ellos está relacionado con el nacimiento, el otro con la muerte; uno  con el consuelo y la creación, el otro con el sufrimiento y el sacrificio. Si logro mi objetivo, las piezas finales funcionarán como objetos estéticos de arte contemporáneo y como objetos prácticos de contemplación y devoción”.[3]

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