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Web de la asignatura de Simbolismo. Facultad de Bellas Artes. Universidad de Barcelona
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A partir de los grabados o "símbolos" de una obra alquímica de Basilio Valentin titulada "Azoth, o el medio para hacer el Oro oculto de los Filósofos" (1599), se plantean una serie de discursos visuales en los que se ha intentado desarrollar la idea propuesta en cada imagen del "Azoth" a partir de obras pertenecientes a la historia del arte de diferentes épocas y culturas.



 
  Introducción
Raimon Arola
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Resumen introductorio sobre el arte y el símbolo

La posibilidad que disfruta el hombre actual de acceder a distintas culturas, poder compararlas y apreciar sus diferencias y también sus confluencias, es un hecho estrictamente histórico que nos lleva a comprender que existen niveles de realidad al margen de los cambios, es decir, son a-históricos .

Dos de estos niveles, próximos a lo que los antiguos denominaban «lo sagrado», serán objeto de nuestro estudio: la creación artística y el significado trascendente de los símbolos .

Así como el arte necesita de la trascendencia de los símbolos para unir sus contenidos dispares, los símbolos necesitan del arte para vivificarse en su experiencia . Trascendencia y experiencia, son dos aspectos complementarios de espíritu humano que se han desarrollado de modo paralelo en el devenir de las civilizaciones. El poeta, el pintor, el arquitecto, al obrar actualizan los símbolos y les dan una nueva vida. Sin esta praxis desaparece la posibilidad de comprensión y con ella la posibilidad de religarse a lo sagrado. La experiencia estética ha servido y servirá para llevar a la práctica lo que está escrito en los libros sagrados y manifestado en los ritos.

Entendemos como símbolo el reflejo de lo ininteligible en lo inteligible . El símbolo conjuga lo sagrado y lo profano, pues participa de la luz original y la manifiesta bajo la apariencia de las imágenes del mundo. Los símbolos son los puentes, que a través de las tinieblas de la multiplicación, unen a los hombres con su origen mítico. Recordemos que la palabra «símbolo» proviene de un verbo griego que significa «unir», y esta es precisamente su función, la de unir el cielo con la tierra, lo infinito con lo particular, el volátil con el fijo.

Las imágenes simbólicas no son signos de referencia con significados establecidos por las convenciones humanas, sino que son formas con unos contenidos universales, ajenos a las convenciones históricas. En una sociedad como la nuestra, en la que la visión predomina sobre los demás sentidos, estas imágenes quizá tendrían que despertar más entusiasmo.

Las imágenes simbólicas pueden analizarse como representaciones del contexto cultural determinado o como imágenes universales del inconsciente colectivo. Ninguna de ambas consideraciones es falsa, pero faltaría otra, quizá la más importante: el símbolo sólo puede ser comprendido en tanto que se experimenta .

Pero ¿cómo puede un hombre del siglo XXI, experimentar aquello sagrado que está en el origen del simbolismo? Posiblemente no pueda salirse de la historia si no es con la historia, por eso, si bien en contenido no podría ser diferente, pues es universal por definición, las formas tienen que ser nuevas.

En este sentido parece relevante que, en el mundo moderno, la experiencia de lo sagrado se haya refugiado en las manifestaciones estéticas y que la genuina praxis de algunos de los grandes genios se haya erigido como un logro de la práctica espiritual. Por poco que nos acerquemos a los presupuestos del romanticismo, del impresionismo, del simbolismo, la abstracción, el surrealismo, o no importa el nombre que quiera dársele, es cierto que en el acto creador y en el consecuente placer estético, se revivifica una experiencia sensible. Experiencia que, con certeza, abre caminos para acceder al contenido sagrado de los símbolos. Cuando una obra obra , es decir, cumple su función, despierta y conmueve aquello secreto y más interior del hombre .



 
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