Louis Cattiaux, el lugar de la visión.
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Contemporáneo de los surrealistas, Cattiaux compartió con ellos la búsqueda de los mundos ocultos. No obstante, más que surrealista, su pintura debería calificarse de visionaria. En sus telas vive un universo extraño e irreal, muy distinto del que se puede contemplar con los ojos vulgares.
Louis Cattiaux, Arte y tradición hermética Enlace con la web sobre la obra de Louis Cattiaux, un ejemplo de la unión entre el arte y el símbolo
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Inicio de proceso 
Louis Cattiaux
El lugar de la visión El reloj de la noche y del día de Dios
Cattiaux aparece fotografiado pintando en su casa-taller, un espacio atemporal y mágico situado en una planta baja de la plaza de Santa Clotilde, en pleno centro de París. Emmanuel d'Hooghvorst lo describió como sigue: "Su minúsculo taller de pintura, mágicamente decorado, parecía encerrar el universo entero. Allí se respiraba el perfume de algún jardín de Edén guardado muy interiormente; y uno volvía con frecuencia, sin saber demasiado por qué, quizá sencillamente imantado por el calor. Pues lo que emanaba de este hombre era un calor nunca alcanzado, totalmente distinto de la simple cordialidad, y también como el presentimiento de un secreto inmenso, vivo, pero celosamente guardado, como el pez filosófico que nada en aguas profundas. Vivía cándidamente, con sobriedad, con pobreza según los hombres, alegre y feliz como un niño y como tal, sin malicia." En el pequeño escritorio que aparece en primer plano escribió su obra más importante: El Mensaje Reencontrado donde condensó sus experiencias herméticas.
Fotografía de Louis Cattiaux
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Relación 2 de 12. El secreto de la pirámide
El surrealismo abrió las puertas del arte hacia las zonas más oscuras del espíritu humano, pero, tras este umbral, la mayoría de los artistas de la época sólo supieron indagar en las profundidades de su propio psiquismo. Muy pocos alcanzaron a distinguir la luz del espíritu germinando en medio de la oscuridad. Sin embargo, la gran aventura surrealista hubiera debido continuar su viaje hasta el reino del más allá descrito en el Libro de los muertos egipcio, atravesar la noche del ser y salir de nuevo a la luz del día. Pero, en general, no fue eso lo que se logró, por eso Cattiaux escribió respecto a los pintores surrealistas: "han utilizado el engaño y parecen inspirarse en las escenas de locura de la cámara subterránea de la Gran Pirámide".
Fresco egipcio con escenas del Libro de los muertos, o, según su traducción literal: El libro para salir a la luz del día.
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Relación 3 de 12. El ángel de la muerte
Para acceder a los mundos ocultos tras lo visible es necesario recibir la visita del ángel de la muerte que separa los cuerpos de los espíritus. Pico de la Mirándola en una de sus Conclusiones describe esta visita: «El modo como las almas racionales son sacrificadas a Dios por el arcángel [modo que los cabalistas no explican], no es otra cosa que la separación del alma del cuerpo, y sólo accidentalmente el cuerpo del alma, como ocurre en la muerte del beso, acerca de la cual se ha escrito, (Sal. 116, 15): "Preciosa en la presencia del Señor es la muerte de los santos". Gracias a esta separación el visionario se introduce conscientemente en los dominios de Diana, la diosa de la noche y de la magia.
L. Cattiaux, El ángel de la muerte, c. 1947.
Miniatura etíope, s. XIX.
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Relación 8 de 12. Los misterios de la luz
Del caos tenebroso simbolizado por los misterios de la noche, surge la nueva luz virginal, la materia prima de los alquimistas, que dará a luz el fruto glorioso cuya luz iluminará al mundo entero. En esta pintura de Cattiaux, titulada Maria paritura, tras la sombra de un hombre viejo que surge de las profundidades, aparece una realidad luminosa, a la derecha de la imagen, representada por la Virgen y el Niño. La escena está presidida por el Sol de medianoche flanqueado por los ángeles que le rinden homenaje.
L. Cattiaux, Maria paritura, no datado.
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Relación 10 de 12. La pista mercurial
En la obra de Cattiaux, se encuentran continuas referencias a la alquimia, que él denominó "el antiguo arte real de los sabios". Se trata de un arte que, al igual que la pintura de Cattiaux, revela, pero también esconde, su única materia: el don del cielo. Sin él, la obra alquímica no puede comenzar. Esta primera materia, también conocida con el nombre de Mercurio, aparece representada entre su padre y su madre, el Sol y la Luna, tal y como está dicho en la famosa Tabla esmeralda. En la mano sostiene la piedra filosofal.
L. Cattiaux Mercurio campestre, 1947.
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Relación 12 de 12. El poder de la magia
Según escribió Cattiaux, la obra de arte debería ser una creación mágica y en este sentido cabe señalar la larga tradición de retratos mágicos destinados a proteger a sus poseedores que el arte ha producido a lo largo de los siglos. Oscar Wilde supo de tales procedimientos y escribió "El retrato de Dorian Grey" para ilustrarlos. Cattiaux recuperó la tradición y pintó varios retratos mágicos que imponen por el sentimiento de "presencia" que desprenden.
Autorretrato, pintado para ilustrar la primera edición dEl Mensaje Reencontrado.
Imagen de un oni, bronce africano, s. XV.
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