“La sabiduría última…”

Reflexión de Raimon Arola sobre el versículo 25 del libro 11 de ‘El Mensaje Reencontrado’ de Louis Cattiaux.

Ir a otras reflexiones

La zarza y el malvado se apartan con el bastón; quien mete ahí la mano se enreda y se desgarra inútilmente.

La sabiduría última es como la inocencia primera, con esta única diferencia: que una se conoce y la otra se ignora.[1]

Esta vez comenzamos por el versículo prima, ahondando en la relación entre inocencia y sabiduría. Para ello nos basaremos en la etimología de la palabra inocencia que deriva del latín innocens, formado del prefijo negativo in- y la palabra nocens, que, a su vez, proviene del verbo nocere (‘hacer daño’) y que está emparentada con nocivo, o dañino. Por lo tanto, inocente viene a significar ‘no dañino’, ‘que no hace mal’. No hacer el mal puede deberse a la no presencia de la malicia, o dicho de otro modo, a la inocencia primera que se ignora, o a la superación del mal, que sería la sabiduría última del perfecto, el bien al que aspiran todas las religiones. No hacer el mal es, obviamente, estar-con-el-bien: es decir, hacer-con-Dios. En ningún caso el bien y el mal a los que  aquí nos referimos tienen que ver con unos valores morales.

Solo la inocencia reencontrada –está escrito en otro lugar del Mensaje– puede reconciliar a los hombre con Dios, con la naturaleza y con ellos mismos,[2] así pues, no hacer el mal es necesariamente un retorno, una reconciliación de lo que se separó por la caída original, cuando lo que era el atributo esencial del hombre, la inteligencia, se convirtió en algo nocivo puesto que en vez de servir para la unidad consciente entre Creador y criatura, esta última la utilizó para su beneficio. Otro versículo del Mensaje advierte: La inteligencia nos ha sido dada para que la cabalguemos y sirva a nuestra liberación y no para que nos aplaste y nos encadene en este mundo mezclado.[3] El ser humano es inteligente, pero esta inteligencia se convierte en un desasatre al separarse de Dios: El intelecto –también está escrito en el Mensaje– es la espada llameante y giratoria que nos prohíbe la entrada del jardín de Edén,[4] el intelecto separado es lo que impide que seamos hombres completos, pero es también lo que hace que no seamos solo animales. La inteligencia separada del bien original se convierte en astucia,  al igual que la serpiente que provocó la caída de Adán y Eva: Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? […], sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal.[5]

Al mal no le gusta que el hombre sea el compañero y el espejo de Dios y que ambos compartan el-saber-que-es-el-mundo, la famosa gnosis. Su estrategia es la separación, quiere enmarañar el saber y colocarlo en un lugar indefinido, lejos del saber-que-es-el-mundo. En el Mensaje se lee: Las ciencias que los hombres profesan exigen sutileza y muchos esfuerzos para ser parcialmente poseídas. La ciencia que Dios enseña requiere simplicidad y paciencia para conocerse en su totalidad.[6] La ciencia de Dios es simple, como un juego de niños. En su “Física y metafísica de la pintura”, Cattiaux explica lo siguiente: La orgullosa creencia en nuestra supuesta civilización y en nuestra pseudo-ciencia, por desgracia, nos impide considerar el misterio de la creación a partir de la simplicidad primera, donde el instinto unido a la intuición reemplazarían brillantemente nuestra rastrera razón razonadora.[7]

Parce evidente que la rastrera razón razonadora tiene que ver con la astucia de la serpiente que sedujo a Eva y la condenó a ella y a su descendencia a una vida fuera del Paraíso y a la pérdida de la inocencia primera. Emmanuel d’Hooghvorst escribió un largo artículo sobre la serpiente del Génesis en el que se preguntaba: ¿Cuál era la naturaleza de este seductor y en qué consistió dicha seducción?, y continuaba citando las palabras de un comentador judío llamado Ets Josef para explicar el sentido de la astucia de la serpiente: En realidad, la obra de la serpiente de la que aquí se habla, no era verdaderamente una obra sino una maquinación, puesto que se suele hablar de obra cuando se refiere a un trabajo corpóreo, y se habla de maquinación cuando se refiere a un deseo en espíritu, ésta es la razón por la cual el cebo es llamado maquinación.[8] La serpiente utilizó la astucia para  unirse a Eva, pero no fue una obra sino una maquinación sólo en espíritu, que se transmitió a toda su posteridad.  A causa de esta unión se perdió el estado edénico, la inocencia primera. Por eso el Mensaje compara la sabiduría última con inocencia primera.

La inocencia primera es tanto la de Adán y Eva en el jardín de Eden como la de los niños que todavía no maquinan en su existir, pero también es la inocencia reencontrada de los sabios. Según Paracelso, los tiempos mesiánicos vendrán cuando los juegos inocentes de los niños habrán reemplazado las astucias de los viejos. La penúltima de Las profecias o pronósticos de Paracelso lo explica claramente: Se producirá tal renovación y cambio que serán como niños que nada conocen de la astucia y las intri­gas de los adultos[9] El último pronóstico, donde ya describe la llegada del nuevo mundo, va acompañado de la imagen de unos niños jugando como si fueran unos ángeles pintados por Rafael. El conocimiento mesiánico es la sabiduría última que en ningún caso es nociva, el Mensaje lo expone de la manera siguiente: Es necesario ser muy instruido y muy poderoso para volverse sencillo y humilde como un niño pequeño.[10]

 

La figura veinte del libro alquímico de Salomon Trismosin, La Toison d’Or, cuya primera edición alemana es de 1598 y de la que existe una tradución francesa de 1612 que es la que utilizamos, muestra a unos niños jugando, Ludus puerorum. En el libro se refiere al proceso de la Gran Obra alquímica con estas palabras: Esta ciencia se compara muy a propósito y de manera excelente, al juego de los niños porque cualquier arte es justamente denominado juego […], en los cuales los buenos espíritus se deleitan y los doctos obtienen el mismo placer sin ninguna preocupación o enojo como los niños gustan de las cosa frívolas de acuerdo a su modo de ser, y que les hace pasar el tiempo fácilmente sin temer ninguna contrariedad.[11]

Este autor añade que del mismo modo que en sus juegos los niños están unas veces encima unos de los otros y otras debajo, así la coagulación alquímica pone de nuevo el agua en un cuerpo… para mostrarnos que la plata viva que es un disolvente del azufre metálico y que lo atrae hacia ella para congelarlo, desea unirse de nuevo a la humedad radical de este azufre, y este azufre inmediatamente se alía con su mercurio, y así, a causa de una amistad recíproca no pueden vivir el uno sin la otra...[12]

La idea que básica latente en el versículo que estudiamos es que el exilio instruye al hombre y que la caída de los primeros padres fue necesaria para poder conocer los tiempos mesiánicos (o, dicho de otro modo, la Gran Obra alquímica). El saber-que-es-el-mundo del Mesías es el mismo saber-que-es-el-mundo del Creador. Se entiende entonces que el Mensaje hable de sabiduría última, y que ésta, a diferencia de la inocencia de los niños, se conozca, esta sería la diferencia entre el Adán y Cristo[13]. Los niños son inocentes, no conocen el pecado principal, que es lo nocivo de la vida encarnada aunque este conocimiento sea imprescindible para alcanzar la regeneración de toda la Creación. El mayor desafio sería atravesar las tinieblas no-creadas para llevarlas hasta la Creación. El viaje por el mundo infernal, donde no penetra la luz divina, es la búsqueda propuesta a los hombres. Si se supera esta prueba, el mal ya no podrá perturbar ni invadir la consciencia, por eso el Mensaje afirma en otro lugar: La inocencia reencontrada puede contemplarlo todo, pues solo ella no se extraña de nada, no juzga, ni profana nada.[14] La inocencia reencontrada es la sabiduría última y el empeño natural de todas las tradiciones espirituales. Conocer sin interés, sin astucia. Generosamente, como escribió Emmanuel d’Hooghvorst: El verdadero candor del hombre vuelto niño, es una gnosis que se guarda.[15]

Los hombres pretenden arreglar las tinieblas no-creadas con su astucia pero el Mensaje advierte una y otra vez de que esto es un sin sentido, al que precisamente se refiere la primera parte del versículo que estudiamos: La zarza y el malvado se apartan con el bastón; quien mete ahí la mano se enreda y se desgarra inútilmente.

No se alcanza la sabiduría última con apaños propios del mundo caído, sino retornando al Paraíso habiendo conocido las miserias físicas y espirituales propias de dicho mundo. Así lo explica el Mensaje: Es absolutamente preciso que los astutos, los orgullosos y los violentos experimenten la absurdidad de sus sistemas. Por desgracia, esto se hace primero a costa de los inocentes antes de volverse contra ellos. Cesemos, pues, de ser tan inteligentes en el mundo, a fin de volvernos cada vez más sencillos en Dios. “El peor engaño es tener las manos limpias y el corazón sucio”.[16] Los sistemas de los muy inteligentes son los intentos de arreglar aquello que no puede arreglarse, pues no pertenece a la Creación. Es la ilusión que se debe atravesar para encontrar la consciencia de lo-que-no-es; en este sentido es una ilusión fecunda.[17] En otro apartado veremos como el Mensaje enseña que en las tinieblas de lo-que-no-es existe algo valioso.

Lo que aquí nos importa es comprobar que la inocencia primera y la sabiduría última se refieren ambas a la unión del Hombre con Dios, que en palabras del Mensaje se traduce como la alegría de Dios puesto que su creación se ha completado; he aquí un ejemplo: La alegría de Dios está en la unión de los sabios y en la plegaria de los santos, como está en la inspiración de los artistas, en el juego de los niños y en los cantos de toda la naturaleza.[18]

 

Cuando comentemos una Escritura santa, un rito o un símbolo, añadamos para los oyentes y para nosotros mismos: “He aquí una de las numerosas interpretaciones de la verdad Una. Dios es el único dueño de la vestidura y de la desnudez” (El Mensaje Reencontrado 15, 4).

 

Ir a otras reflexiones

INFORMACIÓN LIBRO

 

NOTAS

[1] La ronce et le méchant s’écartent avec le bâton; celui qui y met la main s’empêtre et se déchire inutilement.

La sagesse dernière est comme l’innocence première, avec cette seule différence que l’une se connaît et que l’autre s’ignore.

[2] El Mensaje Reencontrado, § 23, 45.

[3] El Mensaje Reencontrado, § 18, 8.

[4] El Mensaje Reencontrado, §  12, 2.

[5] Génesis 3, 1 y 5

[6] El Mensaje Reencontrado, §  2, 57.

[7] Física y metafísica de la pintura, Arola, Tarragona 2012, p. 45.

[8] Hilo de Penélope I, Arola, Tarragona 2000, p. 294.

[9] Paracelso, Tres tratados esotéricos, Luis Cárcamo editor, Madrid 1977, p. 69; fig. 31.

[10] El Mensaje Reencontrado, § 2, 62.

[11] Salomon Trismosin, La Toison d’Or ou La fleur des trésors, Retz, Paris 1975, p. 114.

[12] Idem

[13] Cf El Mensaje Reencontrado, § 36, 58-59.

[14] El Mensaje Reencontrado, § 15, 26

[15] El Hilo.., cit., p. 84.

[16] El Mensaje Reencontrado, § 13, 23.

[17] Ver el epílogo de Òscar Pujol a su libro La ilusión fecunda. El pensamiento de Śamkara, Pretextos, Valencia 2015, pp. 243-246.

[18] El Mensaje Reencontrado, § 11, 8.