Sobre ArsGravis (Enero 2006)

Acerca de los motivos y la finalidad de esta web. Raimon Arola y Lluïsa Vert

blanc.eEl marco: EL ARTE Y SÍMBOLO

He tenido la oportunidad de impartir una asignatura dedicada al estudio del símbolo durante más de 20 años en la Facultad de Bellas Artes de la Universitat de Barcelona . Todo un privilegio que no he podido sino compartir como he hecho en esta web, que ahora se renueva con un nuevo formato. Para ello he contado con la colaboración de Lluïsa Vert y el imprescindible soporte técnico de Manel Royo.

Para definir el estudio de la simbología en la Universidad, partimos de tres premisas:

  • Nos hemos apartado de cualquier marco confesional y religioso concreto.
  • Nos hemos apartado de posibles abusos sincretistas de ciertos medios esotéricos y espiritistas.
  • Nos hemos apartado, también, de las obsesiones científicas que pretenden explicar una experiencia solamente mediante la erudición.

Hemos recurrido al rigor universitario para estudiar los símbolos de las distintas tradiciones espirituales, siguiendo la estela que se abrió en las universidades más avanzadas de Occidente a partir de personalidades como Eliade, Corbin o Scholem, entre otros muchos.

Quizá lo que nos diferencia del estricto punto de vista universitario es que nos hemos basado principalmente en la creación artística, de manera que el arte se lee como una práctica de lo trascendente y el símbolo como una trascendencia que puede conocerse en las formas.

Formas de distintas procedencias. En la web de ArsGravis no nos son ajenos ni las estatuas africanas, ni los ornamentos islámicos, los frescos egipcios o los iconos bizantinos, ni las caligrafías orientales, las estatuas clásicas o la pintura abstracta. Tampoco de imágenes poco suntuosas, como los grabados de libros alquímicos o mágicos, ni de las aportaciones que nos ofrece las nuevas tecnologías para observar la naturaleza. En cada caso –¿qué duda puede haber?– existe una sabiduría simbólica y artística.

El título: ARSGRAVIS. Hacer visible lo invisible

ArsGravis o “arte grave”, en el sentido de “profundo, noble, importante, trascendente, etcétera”, pero también y básicamente, un arte “de peso” o más exactamente, un arte que “da peso” a lo sutil e invisible. Emmanuel d’Hooghvorst escribió en relación a este Arte (con mayúscula): “Dar cuerpo y medida a la inmensidad, es el misterio del Arte puro”. El artista simbólico es aquel que reúne el cielo con la tierra, que en su obra incluye lo infinito en lo finito, que coagula lo disperso, que fija lo volátil.

Cuando el arte es “grave”, el vínculo con los símbolos universales se establece naturalmente, sin esfuerzo, pues entonces la inmensidad de la creación se anuncia en lo particular, tal como explica Henry Corbin cuando distingue entre símbolo y alegoría:

“El símbolo no es un signo artificialmente construido; aflora espontáneamente en el alma para anunciar algo que no puede expresarse de otra forma, es la única expresión de lo simbolizado como realidad que se hace a sí misma transparente al alma, pero que trasciende toda expresión”.

Este Arte es el espejo en el cual los hombres se contemplan y alcanzan a ver su interioridad, a conocer su misterio, de este modo se hace visible lo invisible. El arte con peso es, en palabras de Louis Cattiaux: “como la iluminación que aparece después del desenmarañamiento del caos interior y que se realiza en la meditación solitaria. Es como el despertar del ser secreto y todopoderoso que dormita en cada uno de nosotros”

La propuesta: Reflexiones acerca de la confluencia entre el arte y el símbolo

La posibilidad que disfruta el hombre actual de acceder a distintas culturas, poder compararlas y apreciar sus diferencias y también sus confluencias, es un hecho estrictamente histórico que nos lleva a comprender que existen niveles de realidad al margen de los cambios, es decir, que son a-históricos.

Dos de estos niveles, próximos a lo que los antiguos denominaban «lo sagrado», serán objeto de nuestro estudio: la creación artística y el significado trascendente de los símbolos.

Así como el arte necesita de la trascendencia de los símbolos para unir sus contenidos dispares, los símbolos necesitan del arte para vivificarse en su experiencia. Trascendencia y experiencia, son dos aspectos complementarios de espíritu humano que se han desarrollado de modo paralelo en el devenir de las civilizaciones. El poeta, el pintor, el arquitecto, al obrar actualizan los símbolos y les dan una nueva vida. Sin esta praxis desaparece la posibilidad de comprensión y con ella la posibilidad de religarse a lo sagrado. La experiencia estética ha servido y servirá para llevar a la práctica lo que está escrito en los libros sagrados y manifestado en los ritos.

Entendemos como símbolo el reflejo de lo ininteligible en lo inteligible. El símbolo conjuga lo sagrado y lo profano, pues participa de la luz original y la manifiesta bajo la apariencia de las imágenes del mundo. Los símbolos son los puentes, que a través de las tinieblas de la multiplicación, unen a los hombres con su origen mítico. Recordemos que la palabra «símbolo» proviene de un verbo griego que significa «unir», y esta es precisamente su función, la de unir el cielo con la tierra, lo infinito con lo particular, el volátil con el fijo.

Las imágenes simbólicas no son signos de referencia con significados establecidos por las convenciones humanas, sino que son formas con unos contenidos universales, ajenos a las convenciones históricas. En una sociedad como la nuestra, en la que la visión predomina sobre los demás sentidos, estas imágenes quizá tendrían que despertar más entusiasmo.

Las imágenes simbólicas pueden analizarse como representaciones del contexto cultural determinado o como imágenes universales del inconsciente colectivo. Ninguna de ambas consideraciones es falsa, pero faltaría otra, quizá la más importante: el símbolo sólo puede ser comprendido en tanto que se experimenta.

Pero ¿cómo puede un hombre del siglo XXI, experimentar aquello sagrado que está en el origen del simbolismo? Posiblemente no pueda salirse de la historia si no es con la historia, por eso, si bien en contenido no podría ser diferente, pues es universal por definición, las formas tienen que ser nuevas.

En este sentido parece relevante que, en el mundo moderno, la experiencia de lo sagrado se haya refugiado en las manifestaciones estéticas y que la genuina praxis de algunos de los grandes genios se haya erigido como un logro de la práctica espiritual. Por poco que nos acerquemos a los presupuestos del romanticismo, del impresionismo, del simbolismo, la abstracción, el surrealismo, o no importa el nombre que quiera dársele, es cierto que en el acto creador y en el consecuente placer estético y dramático se revivifica una experiencia sensible. Experiencia que, con certeza, abre caminos para acceder al contenido sagrado de los símbolos. Cuando una obra obra, es decir, cumple su función, despierta y conmueve aquello secreto y más interior del hombre.

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Primera imagen utilizada como portada de la web en 2006 y perteneciente al tratado de astrología islámica de ‘Abd al-Rahman ibn’ Umar al-Sufi