La muerte del beso

Artículo de Raimon Arola sobre el significado de la muerte del beso en diversas tradiciones a partir de una escultura de un cementerio de Barcelona. Fotografías de M. Lou

 

En el cementerio del Poble Nou de Barcelona se encuentra una escultura que representa al ángel de la muerte, es decir un esqueleto alado, que se inclina sobre un hombre arrodillado e inerte que el ángel sostiene, al tiempo que besa su rostro. La pieza se conoce como El beso de muerte, y, como explica Albert Domènech (1) fue un encargo de la familia Llaudet que hacia 1930 perdió un hijo en plena juventud y quiso hacer una escultura para su tumba, que representase los siguientes versos de Mossèn Cinto Verdaguer del epitafio: «Mas su joven corazón no puede más; / en sus venas la sangre se detiene y se hiela / y el ánimo perdido con la fe se abraza / sintiéndose caer al beso de la muerte». El encargo se hizo al taller de esculturas de mármol de Jaume Barba, a quien desde siempre se le ha adjudicado la creación de la esta bella escultura, referencia en muchas exposiciones de arte funerario. Pero dado que el maestro tenía ya 70 años cuando se realizó, parece más verosímil la versión de que la obra fue concebida por Joan Fontbernat, yerno del dueño y escultor más calificado del taller, aunque parece que la parte trasera de las costillas, de un realismo impactante, fue esculpida por Artemi Barba.

 La muerte, personificada en la figura del esqueleto, va a buscar a este joven y se lo lleva hacia su reino por medio de un beso. Extraña situación, sin duda, sobre todo para el mundo actual, cuando se ha perdido el conocimiento de los misterios de la muerte y ésta, si es que se tiene en cuenta, es considerada como un acontecimiento terrible y nefasto. Entonces, ¿a qué viene este beso? ¿Se trata tan sólo de una metáfora del poeta Mossèn Cinto Verdaguer?

En el pasado, la relación de los vivos con la muerte era habitual, cuanto menos como figuración. La muerte, representada por un esqueleto que lleva una guadaña, va a buscar a los vivos cuando les ha llegado su hora y con ella corta el vínculo del hombre con la vida. Pero, ¿qué significa un beso?

La escultura del cementerio del Poble Nou sigue el modelo de un relieve de Ercole Mentasti que se encuentra en Milán, y por eso, aunque ingeniosamente se relacionó con los versos de Verdaguer, creemos que la relación es indirecta pues lo que nos sugiere esta escultura se refiere a una antigua tradición esotérica conocida como Mors osculi, o muerte del beso que tanto el poeta como el escultor milanés debieron conocer, cuanto menos de oídas, y que fue el origen de sus obras.

La llamamos tradición esotérica puesto que alude a una experiencia recogida en ciertos textos que no tienen ninguna voluntad de ser públicos sino la de testimoniar en ciertos círculos respecto a una experiencia de la muerte que no es el común. Morir antes de morir, o la muerte como una iniciación religiosa o espiritual.

En estos casos, el encuentro entre el ser humano y la muerte que lo visita es distinto a la venida del funesto esqueleto con una guadaña. La muerte se presenta como aliado y colaborador. La muerte se ha concentrado en un personaje que refleja, como si fuera un espejo, al propio individuo ante quien se presenta. Una sombra, una oscuridad, un espectro delimitado que se abalanza sobre el ser vivo y lo besa.

Como veremos, en general los textos hablan de un beso en la boca, aunque en la escultura del Poble Nou el beso sea más casto. Poco importa, pues alude a lo mismo: al momento de la auténtica iniciación, cuando el candidato muere al mundo exterior y nace a un nuevo mundo.

Recordemos brevemente que en la liturgia católica del bautismo se dice: «Estos niños nacidos de nuevo por el bautismo, se llaman y son hijos de Dios…», pues han renunciado al pecado de la muerte. Quizá sea este uno de los símbolos que se repite más asiduamente en todas las tradiciones espirituales: la representación de una muerte que convierte al candidato en neófito, como es el caso del bautismo. Se trata de un ritual que enseña que el hombre deja de pertenecer a un mundo para nacer a otro. Este símbolo apunta a la salvación completa del ser humano, es decir, a la regeneración de su espíritu y de su cuerpo que, a partir de la iniciación, nacen por el “querer del cielo”. Para buscar el sentido profundo de este símbolo no tenemos otra alternativa que acudir a los comentarios breves y discretos que nos han dejado los sabios que han conocido realmente a qué se refiere este símbolo.

 

Las fuentes hebreas

En el Talmud encontramos una primera referencia directa a la muerte del beso, a la que denomina: “las primicias del mundo por venir”; aparece en el tratado Baba Batra y dice así:

«Nuestros maestros han enseñado: el Santo, bendito sea, ha dado en este mundo una primicia del mundo por venir a tres hombres: Abraham, Isaac y Jacob […]. Nuestros rabinos han enseñado: El ángel de la muerte no tiene ningún poder sobre seis seres humanos: Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón y Miriam. Respecto a los tres primeros, porque está escrito a propósito de ellos, respectivamente: “En todo”, “De todo” y “Todo” (2). Respecto a los tres últimos, porque está escrito [que ellos mueren] “por orden (sobre la boca) del Señor” (Números 33, 38 y Deuteronomio 34, 5)» (3).

 

La exégesis hebraica es extraordinariamente sutil, desvela sin profanar. En este caso la expresión al pi, que se traduce generalmente como “por orden de”, significa literalmente “sobre” (al) y “boca” (pi). En este matiz está toda la enseñanza: el justo que conoce en este mundo las primicias del otro mundo muere “sobre la boca” de Dios. Como veremos a continuación, el Midrash Cantar de los Cantares Rabba, repite la enseñanza del Talmud y precisa que esta muerte sobre la boca es el beso al que se refiere el principio del Cantar de los Cantares. El texto es el siguiente:

«Los maestros dijeron: Las vidas de éstos [los justos] serán arrebatadas con un beso. R. Azaryá dijo: Hemos visto que la vida de Aarón no fue tomada de otra manera que por medio de un beso, como está escrito (Números 33, 38): “El sacerdote Aarón subió a la montaña de Hor por orden (al pi, ‘sobre la boca’) del Señor y allí murió”. ¿(Y respecto a) la vida de Moisés de dónde lo deducimos?, de (Deuteronomio 34, 5): “Murió, pues, allí Moisés, servidor del Señor, por orden (al pi, ‘sobre la boca’) del Señor” ¿Y de Miriam? Porque está escrito (Números 20, 1): “Y Miriam murió allí”; al igual que en el verso anterior, “allí” va seguido de “por orden (al pi) del Señor”, también aquí [se supone aunque no se diga], pues sería una indignidad especificarlo ¿Y del resto de los justos? Porque está escrito (Cantar de los cantares 1, 2): “Que me bese con los besos de su boca” (4)».

 

Al morir por el beso de Dios, el espíritu del hombre sale por la boca y se une con Él que por unos instantes se ha disfrazado de muerte. En este sentido está escrito en el Talmud:

«Novecientas tres clases de muerte han sido creadas en el mundo, pues está dicho: “Y YHVH, nuestro Señor, da a la ‘muerte salidas’ (lemut totsot)” (Salmos 68, 21); en efecto, el valor numérico de la palabra ‘salidas’ (totsot) es novecientos tres. La más penosa de las muertes es la del garrote, la más dulce es la del beso [divino]. La del garrote es como una rama de espinas que se quisiera sacar de una bola de lana. O, según otros, como aguas que brotan ante la entrada de un canal. En cuanto al beso divino, es [una muerte tan fácil] como retirar un cabello de la superficie de la leche» (5).

 

En el Zohar hay diversos comentarios que explican el sentido filosófico y hermético de la muerte mediante el beso de Dios. Uno de ellos se centra en el hecho de que por medio de un beso en la boca los espíritus de dos seres se unen, así en este fragmento del Zohar se dice lo siguiente:

«(Cantar de los Cantares 1, 2): “Que me bese con los besos de su boca”. Esto lo dijo la Kneset Israel –es decir la Shekina–. Se pregunta: ¿Cuál es el sentido de “Que me bese”, no habría tenido que decir: “Que me ame?”, ¿Por qué “Que me bese”? Se responde: Se nos ha enseñado que el besar es la unión de un espíritu [ruah] con otro espíritu, por ello el beso es en la boca, pues la boca es el origen y la fuente del espíritu. Y por eso en el amor, el beso es en la boca y se une espíritu con espíritu, sin haber separación del uno con el otro. Y debido a esto, aquel que muere [sheiotsé neshamato: ‘que hace salir su alma’] en el beso, une su espíritu al espíritu del Santo, bendito sea y no se separa de él. Y esto es a lo que se llama beso, y por ello dice la Kneset Israel: “Que me bese con los besos de su boca”, a fin de que se una un espíritu a otro espíritu y no se separen nunca» (6).

 

En otro lugar del Zohar se precisa aún más la idea:

«Las palabras (Cantar de los Cantares 1, 2): “Que me bese con los besos de su boca” tienen la siguiente significación: El rey Salomón aspiraba a la unión del mundo superior con el mundo inferior. Y la unión de dos espíritus solo se realiza a través de un beso; cuando dos personas se besan en la boca, sus espíritus se unen hasta el punto de convertirse en uno. En el libro de R. Hamenuna, el Anciano, las palabras: “Que me bese con los besos de su boca”, se aplican a los cuatro espíritus celestes suspendidos de las cuatro letras del Tetragrama [iod, he, vav, he]. Son los espíritus del amor, y cuando ellos se dan el beso, es cuando se expande aquí abajo la misericordia del palacio celeste denominada “amor”. Y cuando estos cuatros espíritus no se besan, el amor que emana del palacio celeste se convierte en ira cuando llega aquí abajo. Cuando los cuatro espíritus se besan, se funden en uno solo, y este espíritu desciende sobre la tierra para traerle el amor y vuelve enseguida al palacio celeste donde permanece» (7).

 

Los cabalistas cristianos

Los sabios renacentistas recogieron la herencia hebrea y la relacionaron con las enseñanzas cristianas. La muerte del beso de los hebreos se llamó Mors Osculi. En sus comentarios, los cabalistas cristianos se preocupaban especialmente en distinguir entre la muerte física, en la que el alma se separa completamente del cuerpo, y la muerte accidental (8) o Mors Osculi, en la cual el cuerpo se separa del alma, pero ésta puede retornar al cuerpo. Quien primero habló de dicha distinción fue Pico della Mirándola. En una de sus famosas Conclusiones afirmó lo siguiente:

«El modo por el que las almas racionales son sacrificadas a Dios por el arcángel [modo que los cabalistas no explican], no es otra cosa que la separación del alma del cuerpo, y sólo accidentalmente el cuerpo del alma, como ocurre en la muerte del beso, acerca de la cual se ha escrito, (Salmos 116, 15): “Preciosa en la presencia del Señor es la muerte de los santos”» (9).

 

Cornelio Agrippa desarrolla la proposición de Pico della Mirándola y escribe:

«Los sacrificios y oblaciones nos dan mucha confianza, nos hacen de la familia de Dios, y rechazan muchos males que nos amenazan. Es verdad lo que los doctores hebreos, más que todos los demás, nos confirman cuando dicen que porque inmolamos nuestros animales y consumimos nuestros bienes en sacrificios, los males que nos amenazan son desviados sobre estas clases de cosas; y así como el sacerdote mortal en este bajo mundo sacrifica a Dios las almas de los animales desprovistos de razón, por la separación del cuerpo del alma, de igual manera el arcángel Miguel, sacerdote del alto mundo, sacrifica las almas de los hombres, y ello por la separación del alma respecto al cuerpo, y no del cuerpo respecto al alma, a menos que sea por accidente, como ocurre en el furor, el rapto y el éxtasis, el sueño y estados similares del alma, y esta separación es llamada por los hebreos la muerte del beso». (10)

 

Y el mismo autor explica en otro lugar cuál es el origen de la contemplación de la divinidad:

«Esta mirada o visión [la de Dios] es llamada por muchos un rapto, un éxtasis o una muerte espiritual; pues se produce entonces una cierta separación del alma con el cuerpo, pero no del cuerpo con el alma. De esta muerte está dicho (Éxodo 33, 20): “El hombre no puede ver a Dios y vivir”, y también (Salmos 116, 15): “Preciosa en la presencia del Señor es la muerte de los santos”. Y aún más claramente está explicada por el Apóstol diciendo (Colosenses 3, 3): “Estáis muertos, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. Es necesario, pues, que aquel que quiera penetrar los secretos de la Teología profética muera de esta muerte» (11).

 

Giorgio de Venezia enseña como el hombre se convierte en hijo de Dios mediante la Mors Osculi con estas palabras:

«Al no ser suficiente el hecho de elevar al hombre hasta la unión con Dios, nos esforzaremos en hacerle progresar y conducirle hasta el último grado, es decir, a la transmutación del cuerpo en espíritu, y del espíritu en Dios. De los cuales ha dicho el Apóstol: “Esperamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo quien reformará el cuerpo de nuestra humildad conforme al cuerpo de su claridad”. En otro lugar declara cuál será esta reforma, cuando dice: “Aquel que es animal está sembrado, aquel que es espiritual lo resolverá”; por otro lado, el evangelista ha dicho: “Les ha dado el poder de ser hechos hijos de Dios, a saber, cuando los hombres son transformados en la misma imagen de Dios”. Dicha transformación se logra mediante el rapto del espíritu y éxtasis, que los hebreos llaman la muerte del beso, de la cual en el Cantar de David se dice (Salmos 116, 15): “Preciosa en la presencia del Señor es la muerte de los santos”. Porque en el rapto del espíritu, el hombre muere por este beso, del cual el sabio ha dicho en los Cantar de los Cantares: (1, 2): “Que me bese con los besos de su boca”. Ya que el hombre, estando en el rapto del espíritu muere al cuerpo, de manera que su vida ya no vive, y entonces no recibe ninguna ayuda ni socorro, aunque el cuerpo no haya sido destituido de la vigorosa virtud del alma, la cual en tal rapto y éxtasis apoyada sobre Dios en un cierto beso, es unida con Dios gozando con Él de una dulzura tan grande que hace olvidar todas las cosas exteriores, incluso el propio cuerpo que ella abandona, viviente pero privado de sentidos y como medio muerto. Esto es lo que explica san Pablo cuando dice (Colosenses 3, 3): “Estáis muertos, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”, el cual recibe el alma y la une con una fe tan fuerte que el hombre vive entonces más la vida de Cristo que su propia vida. Pero esta transformación no solamente se hace por la iluminación del pensamiento sino también por el amor que une, que es un fuego divino, que se funde, que se une y que se transforma» (12).

 

Otros muchos sabios han repetido y renovado las enseñanzas hebreas en Europa desde que lo hicieron los primeros cabalistas (13), y citarlos a todos haría inacabable este pequeño resumen. Mencionaremos solamente un fragmento de Eugenio Filaleteo, uno de los últimos cabalistas cristianos, en el que se relaciona la experiencia del beso con el sueño de Jacob (14), el fragmento es el siguiente:

«Los peldaños de la escalera [de Jacob] representan las naturalezas medias por las que Jacob se ha unido a Dios, la naturaleza inferior unida a la superior. Respecto a los ángeles de los que se dice que suben y bajan por la escalera, su movimiento demuestra que no eran de una jerarquía superior sino de ciertas otras esencias secretas, ya que primero subían y luego bajaban. En cambio, si hubieran sido de arriba. Primero habrían bajado, lo cual es lo contrario del texto. Y aquí lector quiero ver tu conocimiento. Pero volviendo a Jacob está escrito que estaba dormido, pero esto es un discurso mítico, ya que significa la muerte, es decir esa muerte que los cabalistas llaman Mors Osculi o muerte del beso, de la que no diré ni una sílaba» (15).

 

Los alquimistas

Desde la óptica alquímica tenemos varias explicaciones sobre la experiencia de la muerte iniciática; así, por ejemplo, en el opúsculo anónimo titulado Aquarium sapientum podemos leer:

«En el horno de la tribulación y por medio de un fuego continuo, el hombre, como el cuerpo terrestre del oro, participa de la cabeza negra del cuervo, es decir, es vuelto enteramente disforme y convertido en irrisión ante el mundo. Y esto no se hace exactamente durante cuarenta días y cuarenta noches, ni siquiera en cuarenta años sino a menudo durante todo el tiempo de su vida, de suerte que, a lo largo de ella, debe necesariamente tener con más frecuencia la experiencia del dolor que la del consuelo y la alegría, y la del abatimiento que la del regocijo. Finalmente, su alma es completamente liberada por esa muerte espiritual como si fuese conducida hacia las alturas, es decir, que a pesar de que su cuerpo aún está en la tierra, él se vuelve con su espíritu y su corazón hacia lo alto, hacia la vida eterna y la Patria […]. Esta separación del cuerpo y del alma del hombre debe hacerse muriendo espiritualmente. Esta disolución del cuerpo y el alma tiene lugar en el Oro regenerado de modo que el cuerpo y el alma, estando como separados el uno del otro, no por ello dejan de estar fuertemente unidos en el vaso y reunidos; el alma de lo alto va recreando cada día el cuerpo y lo preserva de la destrucción final hasta el tiempo fijado en el que permanecerán juntos e inseparables […]. Es un refrigerio celeste y una recreación del cuerpo terrestre muerto en el hombre. En lo que se refiere a la muerte temporal, que es el salario del pecado, no se trata de una muerte verdadera sino de una disolución natural del cuerpo y del alma y una suerte de ligero sueño; también es una conjunción indisoluble y permanente del Espíritu de Dios y el alma: pero debes entender que hablo de los santos. Se la compara, por otro lado, a ese admirable ascenso y descenso que suele hacerse siete veces seguidas en la obra terrestre» (16).

 

Le Breton, en Les Clefs de la philosophie spagyrique, expone los siguientes pensamientos sobre la muerte iniciática:

«Antes de la resurrección evangélica, el gran Autor de la naturaleza purifica el cuerpo y el alma, que en la resurrección deben unirse y fijarse para siempre. Así, el Artista purifica las dos raíces del mixto, después las une y las fija inseparablemente […] El mixto, antes de estar perfectamente purificado, expulsa todos los excrementos; y esta purificación se hace por la muerte que corrompe el mixto natural. En esta muerte y corrupción, las raíces que componen la esencia del mixto donde está su magnetismo específico y que contienen su virtud vegetativa y generativa, permanecen sin ninguna lesión. El grano de trigo, una vez puesto en la tierra, expulsa por la corrupción que le sobreviene los excrementos que impedirían sus acciones; ni su potencia material prolífica, ni su forma especificativa no son destruidas en absoluto, pues de otra manera no podría germinar ni vegetar. Así, la muerte de los cuerpos mixtos es de dos clases, una absoluta y substancial y la otra accidental. La muerte absoluta es la separación esencial y la pérdida de las raíces y de la forma íntima del mixto; la accidental sólo es la separación de los excrementos conservándose las raíces puras y la forma que contiene la idea del mixto. La muerte absoluta es la corrupción total del mixto; la muerte accidental es una generación nueva de la misma especie del mixto y un medio necesario para que se convierta en perfecto» (17).

 

La iniciación caballeresca

Finalizaremos con unos fragmentos sobre la iniciación caballeresca, por medio de los cuales podremos entrever cómo está ligada la ceremonia de iniciación y el beso. San Jerónimo hace el siguiente comentario sobre el pasaje evangélico en el que el hijo pródigo vuelve a su casa y su padre, echándosele al cuello, lo besa (ver Lucas 15, 21).

«[“Y lo besó”], conforme a lo que la Iglesia, en el Cantar de los Cantares, suplica acerca del advenimiento del esposo (1, 2) “Que me bese con los besos de su boca”, no quiero que me hable por Moisés ni por los profetas; tome Él mismo mi cuerpo, Él mismo me bese en la carne. A esta sentencia podríamos acomodar lo que escribe Isaías (21, 12): “Si buscas busca y mora junto a mí en el monte”. Y en este versículo también se le manda a la Iglesia que grite desde Seir, pues Seir significa ‘velludo’ e ‘hirsuto’, para dar a entender al antiguo horror de los gentiles» (18).

 

Emmanuel d’Hooghvorst escribe: «Este pasaje traduce claramente la búsqueda esencial del cabalista, cuya imagen, en la poesía cortés, parece ser el caballero andante». Pues el caballero cabalista es quien grita en medio de la noche, desde Seir «con la apariencia hirsuta y salvaje de la naturaleza no desbastada; el caballero busca en su dama la gracia y la belleza que le faltan, o sea, la curación de su rudeza original (19). La Iglesia, como el caballero, grita desde Seir, se trata del grito angustiado de la Iglesia militante, en la angustia de la búsqueda. La Iglesia, como el caballero, busca el beso atravesando la noche del mundo, busca la prueba evidente de la unión íntima con Dios.

El origen de la relación entre el beso y la iniciación caballeresca se encuentra en el siguiente comentario del Midrásh Rabbá sobre el principio del Cantar de los Cantares:

«Otra explicación sobre: “Que me bese con los besos” lo entiende como “que me arme”. Ishqueni [que me bese] quiere decir “que me arme”, porque está escrito “armados [noshqueni] con arcos, eran ambidiestros” (II Crónicas 12, 2). Dijo R. Samuel ben Najmán: Se han comparado las palabras de la Torá con unas armas; tal como las armas dan consistencia a su dueño en el momento de la batalla, así las palabras de la Torá dan consistencia a quien se dedica a ellas como corresponde» (20).

 

¡Que quien pueda unirse al fuego celeste lo haga y viva! Porque ahí están la salvación y la unión que no perecen.     

El Mensaje Reencontrado, XXVIII, 36”.

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Notas

(1) http://librorum.piscolabis.cat/2008/11/el-bes-de-la-mort-el-vers-petrificat-de.html

(2) El autor hace referencia a un pasaje anterior.

(3) Baba Batra 17ª. Ver Maimónides, Moreh Nebukim III, 51.

(4) Midrás Cantar de los Cantares Rabbá, Estella, 1991, p. 66.

(5) Berajot 8a.

(6) Sefer haZohar, vol. II, fol. 124b.

(7) Sefer haZohar, vol. II, fol. 146b.

(8) Accidental, en tanto que no es esencial.

(9) Conclusiones mágicas y cabalísticas, Barcelona, 1982, p. 51.

(10) La Filosofía oculta, Buenos Aires, 1982, p. 391.

(11) De incertitudine et vanitate scientiarum, cap. 98.

(12) De harmonia mundi, III, 7, c. 18.

(13) Cfr. F. Secret, La kabbala cristiana del Renacimiento, Madrid, 1979; p. 60-63 y H. Greive, «La Kabbala chrétienne de Jea Pic de la Mirandole» en Cahiers de l’Hermétisme-Kabbalistes chrétiens, p. 173 y ss.

(14) Este aspecto merece nuestra atención porque abre las expectativas de la muerte iniciática a otros muchos pasajes bíblicos como el sacrificio de Isaac.

(15) Ver «Magia adámica o La antigüedad de la magia» en La Puerta, Magia, p. 14.

(16) L’Aquarium des sages, París, 1989, p. 89.

(17) Les Clefs de la philosophie spagyrique, VII, 1, aforismos 22 a 27.

(18) Cartas de San Jerónimo, Madrid, 1962, vol. II, p. 139.

(19) «Morir cuerdo y vivir loco. A propósito del Quijote de Cervantes», en La Puerta, Esoterismo en la España del siglo de oro, p. 9 y 10.

(20) Midrás Cantar de los Cantares Rabbá, op. cit. p. 66.