La luz interior en la obra de James Turrell

Presentación del vídeo de la obra de James Turrell realizada para el museo de Wolfsburg en 2009.

blancEn sus obras, el artista californiano James Turrell (1943), consigue trasladar los grandes temas de la pintura tradicional al espacio, fuera de la tela. De esta manera enaltece la fuerza del color en la experiencia espiritual del arte. Turrell comenta lo siguiente sobre ello:

Si definimos arte como experiencia, podemos suponer que el espectador, después de ver una obra, se lleva el arte consigo, porque ha sido hecho parte de su experiencia. […] En primer lugar, no me ocupo de ningún objeto. El objeto es la percepción misma. En segundo lugar, no me ocupo de ninguna imagen, porque quiero evitar el pensamiento simbólico asociativo. En tercer lugar, tampoco me ocupo de ningún objetivo ni de ningún punto en especial donde mirar. Sin objeto, sin imagen y sin objetivo, ¿qué es lo que miras? Te miras a ti mismo (J. Turrell).

Nos parece interesante relacionar esta reflexión con un comentario del Marcillo Ficino (1433-1499), el gran inspirador del arte renacentista, sobre la metafísica de la luz. Es curiosa la coincidencia de ambos escritos a pesar de la diferencia temporal que los separa, pues permite comprender el fondo espiritual de la tradición artística occidental. Escribió Ficino:

Fue por nosotros que el Padre celeste iluminó la tierra con esta antorcha de Febo, no por cierto a fin de que bajo dicha luz espiásemos, si me atrevo a decirlo, las moscas, sino para que nos observáramos a nosotros mismos, al igual que nuestra patria y nuestro Padre celeste, contemplando a través de una tal luz, como a través de un espejo y en enigma, las realidades divinas que estamos destinados a ver un día, entonces a través de una luz muy superior, cara a cara (M. Ficino).

[Presentamos el video original y después la traducción al castellano de las explicaciones de Markus Brüderlin. Para ver el video subtitulado en ingles pulsar aquí] 

 (Traducción de las explicaciones de Markus Brüderlin)

La luz probablemente es la cosa más básica, más elemental de la existencia. Sin luz no sólo todo estaría en la oscuridad sino que tampoco existiría vida en el universo. Ha siempre fuente de inspiración para los artistas el acercarse a la auténtica naturaleza de la luz, a los confines de la luz. Empezó con el Impresionismo en el s. XIX, cuando los artistas intentaron liberar la luz del lienzo y transferirla a una tercera dimensión. En los (años) 60, los artistas actuales empezaron a fijarse en la luz coloreada, en los efectos que la luz tendría dentro de un espacio dado. Y el clímax de este proceso de liberar a la luz de su fuente y dejarla difundirse libremente a través de una habitación es la esencia de James Turrell.

En Wolfsburg hemos montado la más extensa instalación de Turrell que jamás haya sido expuesta en un Museo. En el “Proyecto Wolfsburg”, en el primer espacio, llamado Ganzfeld, en este paseo por una escultura de luz ocurre un extraño fenómeno. En el “reconociendo el espacio” donde estoy ahora y en el “sintiendo el espacio” al cual uno se acerca, pero que no es accesible y tampoco comprensible en sus dimensiones porque los límites del espacio son borrosos, uno tiene el sentido de infinito.

En la segunda sala percibimos un cuadro en la pared de dos dimensiones, pero en realidad no es un cuadro como creíamos, sino una habitación cuya luz no se proyecta al exterior y de pronto la superficie se convierte en una habitación. La misma imagen se convierte en algo por lo que puedes pasear. Animar la imagen, representa un momento crucial en la historia del arte moderno. Y nadie lo ha conseguido de un modo tan imprevisible como James Turrell.

Turrel, por supuesto, tiene raíces, raíces en la historia del arte. Él representa la cumbre de un proceso que empezó con la abstracción del recuadro pintado, que continúa con las pinturas de Mark Rothko, con sus grandes campos de color, o en el Minimalismo con Barnett Newman o Ad Reinhardt y finalmente con el Land Art.

El cráter Roden es probablemente la mayor obra de arte hecha por un artista contemporáneo en este planeta. Turrell es un apasionado piloto y a principios de los setenta, cuando estaba buscando un nuevo estudio, con su avioneta exploró durante varios cientos de horas de vuelo el área comprendida entre Canadá y Nuevo Méjico. Finalmente encontró cerca de Flagstaff, justo en el centro de Arizona, en la meseta del Colorado, este cráter volcánico. Desde entonces ha estado volviendo a este volcán, un observatorio de la luz que puede compararse a Stonehenge o a las pirámides de Giza.

Sin embargo, las influencias de Turrell no se encuentran necesariamente en la historia del arte, sino más bien en la arquitectura celeste de varias civilizaciones adelantadas. Un objeto que siempre fascinó a Turrell es el cenotaño (o sepulcro honorario) de Étienne Boullée que imaginó una esfera inmensa de 525 pies de diámetro completamente oscura, con un cielo nocturno recreado en su interior.

La exposición “Proyecto Wolfsburg” no sólo consiste en las grandes instalaciones luminosas que hemos visto sino también en otros trabajos sobre la luz de James Turrell. El “Espacio Wedgework”, la otra gran instalación de Turrell creada especialmente para Wolfsburg, es una obra que opera con un mínimo de luz. Uno entra en una habitación oscura y los ojos lentamente se habitúan al entorno y en este proceso de adaptación ocurrirá un fenómeno, se verán cosas que realmente no están allí. Cosas que los ojos, es decir, la mente produce.

En la era de las webs puede pensarse que todo puede conseguirse, que todo puede ser experimentado vía Internet. Las cosas que se experimentan aquí, conectando con uno mismo, con la infinitud de un espacio dado, son totalmente únicas y requieren que uno venga y experimente por sí mismo.

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